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Cuando la victoria fue más que una victoria: Contador y Valverde en el Tour Down Under

El ciclismo profesional está trufado de un sinfín de historias de superación que siempre han ocupado un lugar especial en la memoria de los aficionados. Porque hay victorias que se convierten en gestas y gestas que trascienden el mero resultado deportivo y se convierten en retratos de resiliencia, de espíritu indómito frente a la adversidad. En lo que va de siglo, pocos casos ejemplifican esto con tanta nitidez en el ciclismo español como las victorias de etapa de Alberto Contador y Alejandro Valverde en el Tour Down Under, conseguidas ambas tras sendos episodios que pusieron en jaque no sólo su carrera, sino su propia integridad como atletas y, en el primer caso, como personas.

En enero de 2005, en su quinto día de competición tras una de las pruebas más duras que ha vivido un ciclista español en las últimas décadas, Alberto Contador cruzó la meta de la etapa reina del Tour Down Under levantando los brazos mientras su compañero y amigo Luis León Sánchez aplaudía el gesto justo detrás de él. Luisle iba a acabar ganando esa edición de la ronda australiana pero lo que pervive en la retina del aficionado es esa fotografía de los dos corredores del Liberty Seguros levantando los brazos en un gesto similar, formando una gran V. Y aunque luego llegarían Tours, Vuelta, Giros… el propio Contador siempre ha reconocido que esta fue, es y será su victoria favorita.

Y es que la historia de Contador en 2004 es, por sí sola, una película. Durante la Subida al Naranco, el pinteño se desplomó en plena etapa con convulsiones tras manifestar dolores de cabeza persistentes. Las pruebas médicas revelaron un cavernoma cerebral, una malformación vascular que había dado lugar a un coágulo de sangre. La gravedad del diagnóstico obligó a intervenirle de urgencia en una operación que muchos consideraron de alto riesgo, con la posibilidad real de que nunca pudiera volver a la competición.

Pese a lo incierto de su futuro, Contador afrontó la recuperación con la determinación que luego sería su sello de identidad competitiva. Entrenó, se reinventó y volvió a la competición en el Tour Down Under de 2005. El resto, de lo que sucedió en Australia y en los años siguientes, ya es Historia del ciclismo.

 

El mismo sitio, distinto lugar

Si la historia de Contador en Australia fue un canto a la superación física, la de Valverde siete años más tarde fue una historia de regreso emocional tras una suspensión que dividió opiniones y conmocionó al pelotón. Tras la implicación del murciano en la Operación Puerto, la Unión Ciclista Internacional (UCI) le impuso una sanción de dos años, desde enero de 2010 (con efectos retroactivos pues Valverde corrió hasta mayo, siendo el Tour de Romandía su última carrera antes de la sanción) hasta diciembre de 2011, que supuso no solo la retirada de sus resultados de esa temporada, sino también una ausencia forzada de veinte meses de las carreteras.

Mucho se ha escrito sobre aquel periodo y sobre el debate en torno a la sanción de Valverde; lo cierto es que, tras cumplirla, el murciano regresó a la competición con hambre de victoria y con la voluntad de demostrar que seguía siendo un killer casi sin igual. Y al igual que había hecho Contador siete años antes sólo tuvo que esperar cinco días para demostrar que el nuevo Valverde era exactamente igual que el viejo Valverde. De hecho el escenario fue prácticamente el mismo. Si Alberto se había impuesto en la localidad de Willunga, Alejandro lo hacía en la subida a Old Willunga Hill, un muro de unos tres kilómetros que, repetido dos veces en el tramo final de la jornada, iba a ser testigo mudo del regreso más esperado. Valverde se impuso con uno de sus clásicos rushs finales al local Simon Gerrans entre otros. Las lágrimas de Valverde aquel día recuerdan mucho a las que unos años más tarde conmoverían a todos los aficionados cuando el murciano se coronase campeón del mundo en Innsbruck.

En cierto modo, la victoria de Valverde en el Tour Down Under de 2012 fue el contrapunto perfecto a la de Contador años antes. Si la de Alberto hablaba de renacer casi vital (la enfermedad como adversidad), la de Alejandro hablaba de un renacer deportivo y emocional. Sea como fuere ambos triunfos, en su singularidad, comparten un mismo espíritu: la lucha, el sacrificio y la recompensa final cuando el pedal gira otra vez hacia adelante.

Y no es casualidad que ambas gestas se produjeran en el mismo escenario, en uno de los escenario más exóticos del World Tour, donde la temporada ciclista arranca cada año bajo el sol del hemisferio sur. Y eso que el Tour Down Under da muy pocas oportunidades fuera del circuito de velocistas, de hecho suele limitarse precisamente a la ya clásica jornada de Old Willunga Hill. Pero si algo dejaron claro tanto Contador como Valverde a lo largo de su carrera es que necesitaban poco, muy poco, para hacer mucho. Todo.