Entrevista publicada en Planeta Ciclismo 46
A la vista está que nuestro deporte es un espectáculo visual lleno de plasticidad y colorido, características que pocos han sabido transmitir tan bien como nuestro entrevistado. Exciclista profesional, cambió la bici por la pintura aunque no del todo pues el ciclismo sigue siendo el tema principal de su obra que cada vez está adquiriendo más renombre.
¿Quién es Miguel Soro?
Ante todo un apasionado del ciclismo, enamorado también de la pintura. Fui ciclista profesional y actualmente intento elevar nuestro deporte a la categoría de arte.

¿Cómo fue tu trayectoria ciclista?
Nací en una familia con tradición, mis tíos ya corrían y en casa siempre se hablaba de ciclismo. Comencé a correr en escuelas en Xátiva, fui pasando por todas las categorías y en 1994 formé parte de la selección que ganó la primera medalla de oro en un Mundial de Fondo en Carretera, de la mano de Miguel Morrás, en Ecuador. Como amateur gané etapas en carreras importantes, como el Circuito Montañés o la Vuelta a Álava, y pude pasar a profesionales en 2001, en Portugal, donde estuve dos temporadas y obtuve un par de victorias al esprín ya que era bastante rápido. El último año lo disputé con el equipo italiano Miche y viendo que, aunque iba obteniendo resultados no me servía para conseguir mejores sueldos ni pasar a mejores equipos, me dejé apoderar del arte, embriagado por los paisajes de la Toscana, que comencé a pintar ya que vivía en Florencia.
Entonces apareció antes en tu vida el ciclismo que el arte, ¿No?
Aunque desde pequeñito siempre me ha gustado dibujar y mis libretas del cole siempre estaban llenas de dibujos, apareció antes el ciclismo, y éste es esencial para mi actual carrera profesional, ya que me ha preparado para enfrentarme a muchas cosas, como los viajes, la preparación de las exposiciones…
Háblanos un poco de tu obra ¿Qué técnicas utilizas? ¿Te limitas a la temática ciclista?
Actualmente mi obra se centra en un noventa por ciento en el ciclismo, aunque empecé con paisajes, los cuales sigo haciendo junto con algunos retratos. De hecho, aquí en Xátiva, hay mucha tradición de pintar al natural y formo parte de un grupo llamado «a l’Aire Lliure» con los que salgo mucho a dibujar a la calle. Pero lo que me permite vivir del arte es el ciclismo, donde empecé a probar diversas técnicas aunque ahora utilizo fundamentalmente el «collage», que me gusta mucho porque vas pegando recortes, artículos, fotos ciclistas y combinándolas con la pintura, con unos resultados que sorprenden mucho.
Tus cuadros son cada vez más conocidos, ¿Hasta dónde han llegado ya?
Han viajado a muchos sitios. Hay obra mía en Italia, donde más trabajo, Francia, Reino Unido, Portugal, Canadá, California e incluso Dubai, pero allí más de paisaje, y por supuesto, en España. He mostrado mi obra en el Tour de Francia, en Pau, donde expuse entre la etapa contrarreloj de la carrera francesa y la de la Vuelta, en el verano de 2019. He expuesto en Estados Unidos o Canadá (aquí, para el récord de la hora de Giuseppe Marinoni a sus ochenta años), pero para mí, la «Exposición», con mayúsculas, ha sido en el centenario del nacimiento de Fausto Coppi, en el Museo de le Biciclette de Alessandria. En España he expuesto en todas las grandes ciudades y también muchas veces en manifestaciones de bicis clásicas, como las marchas retro Pedals de Clip, Histórica o Eroica. Decir que muchos ciclistas ya retirados tienen obras mías, como Bruyneel, Ángel Casero o Eusebio Unzue, pero como ya os he comentado, en Italia es donde mi arte es quizá más apreciado. Por ejemplo, la hija del fallecido Felice Gimondi tiene varias de mis obras, algunas ya compradas por él, y Francesco Moser tiene media docena de cuadros en su espectacular museo-bodega en Trento, que recomiendo encarecidamente visitar.

¿Cualquier aficionado puede acceder a tus obras o su cotización está fuera del alcance de los mortales?
No tengo precios desorbitados. Normalmente, en formatos grandes, mis clientes son ciclistas, que son personas muy nobles y les facilito la compra con descuentos, cómodos plazos…Tengo también formatos más pequeños y asequibles y en breve voy a sacar reproducciones numeradas de mi obra. La verdad es que cualquier aficionado puede acceder a un cuadro mío.
¿Cómo eliges quién será el protagonista de tu siguiente representación?
Pues voy un poco por impulsos. Comencé pintando la época de Coppi y Bartali, que me gusta mucho, y ahora trabajo con revistas de ciclismo que me van inspirando con sus fotos y titulares, que voy guardando. También tengo algún encargo, pero normalmente pinto lo que me apetece.
¿Quién te falta por retratar y estás deseando hacerlo?
Me falta muchísima gente. Se me vienen a la cabeza el belga Van Looy o Angelino Soler, que además de ser el ganador más joven de La Vuelta es amigo mío. Ahora mismo le estoy dando vueltas a Jean-Pierre Monseré, un ciclista con una historia muy triste pues murió atropellado portando el maillot arcoíris y del que me pregunto siempre hasta dónde habría llegado.
Por último, dentro del mundillo del ciclismo clásico eres muy conocido. ¿Qué opinas de las marchas retro, donde sueles aparecer, como un punto fuerte de su programación? ¿Las recomiendas a los cicloturistas «normales»?
Para mí es una verdadera pasada poder participar en ellas. Cualquier seguidor de nuestro deporte debería entender la belleza del ciclismo clásico. Esas bicicletas y esas ropas son un viaje en el tiempo y te hacen disfrutar encontrando gente que comparte tu misma pasión. Comparándolas con las marchas normales, donde todo el mundo va mirando sus tiempos, esto es puro disfrute. Por supuesto que las recomiendo, al cien por cien.

LA CONTRARRELOJ
- Una carrera: París – Roubaix
- Un ciclista: Roger de Vlaeminck
- Un puerto: Mont Ventoux
- Tu mejor obra: Coppi en la Roubaix 1950, un tríptico con el campeonísimo vestido de campeón de Italia tras ganar el «Infierno del Norte», ayudando a caminar a un compañero que se dejó la piel por él en presencia de mecánicos y periodistas. Para mí es una buena representación de lo que es el ciclismo profesional.
- Un vicio confesable: Reunirme con amigos del ciclismo con un buen vino
- Un sueño por cumplir: Tener un estudio grande donde trabajar a gusto y donde recibir a las visitas para enseñar mi obra con comodidad. Ya he encontrado uno con un aire muy clásico que me encanta.
Entrevista: Víctor Martínez
Imágenes cortesía de Miguel Soro


