Roger de Vlaeminck mantuvo a lo largo de toda su carrera profesional, un idilio con Italia un tanto interesante. Diez de sus diecisiete temporadas como profesional, las completó en escuadras transalpinas, tales como Dreher, Brooklyn, Sanson, Gis o Gios. Amén de sus tres Milán – San Remo, dos Giros de Lombardía, veintidós etapas en el Giro de Italia o los seis triunfos consecutivos entre 1972 y 1977 en la Tirreno Adriático.
Flamenco por los cuatro costados, tanto, que se negaba a expresarse en francés (el idioma de los valones), llegando a realizar declaraciones tales como: “no me interesa ni Francia, ni su idioma, se que el francés me hace falta para mi trabajo y punto”. Para más inri y resquemor de la prensa francófona, Roger se expresaba en galo, perfectamente. Tal era su enfrentamiento con la prensa francoparlante, que al vencer en la París-Roubaix de 1972, ante un tal Eddy Merckx, el comentarista de la radio valona no pudo evitar decir en directo: “Putain! Cést De Vlaeminck qui gagne!
Y es que el hombre que nadie quería llevar a rueda, el tipo que levantó el Tour de Flandes en 1977 a un confiado Freddy Maertens, el mismo que junto a su hermano Eric le levantó la cartera a Eddy Merckx en la llegada de la Lieja-Bastoña-Lieja de 1970, ese mismo que no dejaba indiferente a nadie, llegando al punto de ser odiado por media Bélgica e idolatrado por la mitad restante, dominó como nadie la carrera de los dos mares italiana, durante nada más y nada menos que seis años consecutivos.
¿Cómo lo hizo? Fácil.
Bueno fácil si eres un tipo del que no se fía ni su madre, un ciclista al que sus coetáneos en el pelotón bautizaron como “el Gitano de Eeklo”. Un personaje rodeado de un aura mística , que el mismo gustaba de alimentar, dotado de una lengua venenosa y un humor mordaz, vamos un perita en dulce, el novio que todos queremos para nuestras hijas.
La cuestión es, que Roger de Vlaeminck era mucho más que un passista, como dicen en Italia. El era un ciclista como la copa de un pino, excelente rodador y contrarrelojista, tan rápido que era capaz de enfrentarse y vencer a los mejores velocistas de su época y al que tan sólo se le atragantaba la alta montaña.
En su cuarta temporada como profesional, tras haber pasado tres en el mítico Flandria de los Briek Schotte y Guillaume Driessens, Roger acabaría fichando por el equipo Drher italiano. Hasta esa fecha, ya contaba con veintiséis victorias en el campo profesional, pero ni una en el país transalpino.
Poco tardó nuestro amigo en darse a conocer en el país de la bota, hasta que llegó marzo y en los albores de las clásicas de primavera, se encontró con una carrera que le iba como anillo al dedo.
Roger y la Tirreno, la Tirreno y Roger, eran como una pareja que baila totalmente acompasada. Como ya hemos dicho, salvo en la alta montaña, era capaz de andar como el que más en el resto de terrenos. Por todos es conocido, que la Tirreno-Adriático, no pasa ni por los Dolomitas, ni por los Alpes, por lo que la montaña que se le podía cruzar en el camino, era una, que pese a hacerle sufrir, no lo podía derrotar.
En su primera incursión en la carrera de los dos mares, Roger derrotó entre otros a Josef Fuchs y al sueco Tomas Pettersson, miembro este de una saga familiar digna de estudio, junto a sus hermanos Gosta, Erik y Sture. Felice Gimondi quedaría sexto, Davide Boifava, conocido posteriormente por su labor como director séptimo, Ole Ritter octavo o Gosta el hermano de Tomas noveno.
En 1973, sus víctimas serían su compatriota Frans Verbbeck y el antes mencionado Gosta Pettersson.
Knut Knudsen y Simone Fraccaro sucumbirían a la fuerza del patillas en 1974, mientras que en 1975 sus presas serían el mismo Knut Knudsen una vez más y su compañero de equipo Wladimiro Panizza.
En sus dos últimas victorias en la clasificación final de esta ronda por etapas, se dieron dos hechos anecdóticos. El primero fue que en 1976 derrotó a todo un Eddy Merckx por cincuenta y tres segundos , que sería la ocasión en que más tiempo sacaría al segundo de la clasificación general y que en 1977, se destacó por tan solo cinco segundo de Francesco Moser, que sería además la vez por la que menor margen vencería en esta carrera.
