¿Landa más Nairo o Landa por Nairo?

El rumor, convertido casi en un secreto a voces, se hizo oficial en la festiva jornada del martes: Mikel Landa correrá con Movistar al menos los dos próximos años. Una sociedad, la del alavés con la escuadra telefónica, que devuelve al ciclismo español a su estado casi natural.

Y es que, si exceptuamos esta última década en que los destinos de Alberto Contador y la estructura de Unzue nunca llegaron a caminar de la mano, la norma desde hace casi cuatro décadas es que nuestro mejor vueltómano corra con los navarros.

Desde el inigualable Miguel Indurain a su mentor y luego gregario de lujo Pedro Delgado, pasando por corredores como Ángel Arroyo, Abraham Olano, Francisco Mancebo o “Chava” Jiménez, parecía inevitable que cualquier ciclista de los nuestros destinado a brillar en las grandes vueltas acabase pasando antes o después por las filas ahora del Movistar.

Pero el fichaje de Landa, que satisface en gran medida los anhelos de muchos aficionados (el mejor corredor español del momento en el único equipo español del World Tour) abre demasiadas incógnitas, plantea demasiadas dudas que por ahora carecen de respuesta.

Al mismo tiempo que crecía el rumor de que Landa iba a fichar por Movistar, empezaban a surgir, en paralelo, otros rumores que apuntaban a la posible salida anticipada de Nairo Quintana. Hasta el punto de que La Gazetta dello sport lo daba por hecho hace unos pocos días y se atrevía incluso a anticipar cantidades: 6 millones de € por dos años con Astana para el colombiano.

Estos rumores, alimentados por un insólito cruce de declaraciones y reproches mutuos, entre Quintana y Unzue, podrían quedar en meras conjeturas de tertuliano veraniego si no fuese porque alguno de los movimientos que está haciendo Movistar desde entonces parecen reforzar la teoría de una ruptura total con su líder.

Así, las salidas de corredores del núcleo duro de Nairo, como son Castroviejo (fichado por Sky), Anacona o las más significativa, la de su hermano Dayer Quintana, se podrían interpretar en clave de divorcio. La lectura más obvia es que Movistar le estaría enseñando, con estos movimientos, la puerta de salida al colombiano.

Y además está Mikel Landa. El alavés sale de Sky, aparentemente, con la intención de ser el líder de su próximo equipo. Ya apuntó durante la disputa del Tour su intención de no volver a ser segunda opción en su propia escuadra salvo que él lo elija. Por tanto, cuesta mucho creer que haya salido de la alargada sombra de Froome para cobijarse bajo la de Quintana, un corredor, a priori, con mucho más futuro que el británico.

Por lo tanto, aunque la convivencia entre ambos líderes sea viable sobre el papel (Valverde queda fuera de esta ecuación dado que, más allá de que su recuperación sea toda una incógnita, los intereses del murciano difieren considerablemente de lo que sí comparten sus otros dos compañeros) cuesta mucho creer que en la práctica vaya a ser una cuestión de fácil resolución. Hay que tener en cuenta que Landa ha firmado por dos años, los mismos que le quedan de contrato a Nairo. El alavés cumplirá en 2018, 29 años, uno más que el colombiano, es decir, ambos estarían destinados a cohabitar siendo, literalmente, coetáneos. Una fórmula a menudo más conflictiva que satisfactoria y que podría acabar convirtiendo al Movistar de 2018 en un polvorín. Algo que no interesa a ninguno de los protagonistas.

Así pues, con Landa firmado y con Nairo cada vez más aislado dentro de la propia escuadra telefónica, lo mejor que podría pasarle a todos es que el rumor de la millonaria escuadra kazaja deviniese en realidad y el colombiano corriese el año que viene de celeste.

Además, ¿no es mucho más interesante para el aficionado un duelo Landa-Nairo que una sociedad Landa-Nairo? Para mí, sin duda.

SERGIO ESPADA

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