(Entrevista publicada en la revista Desde la Cuneta 17, en agosto de 2017)
Hoy hemos querido reunirnos con un entrañable ciclista del pelotón internacional, conocido por todos. Un abulense protagonista del resurgir de nuestro ciclismo, de cuando éste andaba en sus horas más bajas, al menos hasta que él y otro joven castellano de nombre Pedro Delgado, entraron en escena. Lo hicieron como se forjaban entonces los grandes ciclistas, desde abajo y con humildad y sencillez, llamando a la puerta suavemente, casi con timidez y temor por lo desconocido, hablando del Tour. Pero pronto demostrarían la raza y la clase de la que estaban hechos. Hablamos de Ángel Arroyo Lanchas. Como profesional no cabe duda de su categoría y su nivel, y como persona, muchos deportistas podían aprender de él.
P. Ángel, ¿cuéntanos como empezaste en la bicicleta, como fue que te dio de niño por el ciclismo?
R. Yo de pequeño vivía en El Barraco, en Ávila con mis padres y mi familia, vivíamos en una finca de guardeses, una finca que los dueños eran familia del expresidente Suárez. Allí estábamos y con 6 o 7 años, sin saber lo que era una bicicleta, pero un tío mío nos visitaba de vez en cuando, y tenía una bicicleta y se la quitábamos, yo le sujetaba a mi hermano y se despanzurraba. Total que un día fuimos al mercadillo de Ávila y mi padre me compro una bici chiquitita de piñón fijo y sin frenos, pero era de mi medida que era lo importante. Un día me la cogió mi hermano y en una cuesta abajo me la escacharro, me dio una lloriquera que todavía me acuerdo.
P. ¿Cuándo notas tú, que te gusta la bicicleta algo más de lo habitual?
R. Yo después de lo que me paso con la primera bici, les dije a mis padres “o me compráis una bici o me voy de casa”, esto con siete u ocho años. Un día de la noche a la mañana, nos fuimos a vivir a la zona del Pantano del Burguillo, donde teníamos un bar. Recuerdo que era un crio y como las cosas no empezaron a marchar muy bien y conseguí una bici, y ni corto ni perezoso, cogía mi cubo con hielo y me ponía vender cervezas frescas por el pantano, era una forma de ayudar en casa.

P. ¿Tu primera categoría federada cual fue?
R. Mi primera categoría fue cadete. Te puedo contar una anécdota, que un día me vio montar un hombre en bicicleta, con otra bici que me compraron una Orbea con un desarrollo 48×18, me acuerdo muy bien. Este señor era Jesús Pintado, y me dijo ¿tú quieres ser ciclista? y digamos que me ayudo un poco a sacarme la licencia. Hace poco que falleció.
P. ¿Se puede decir que este señor fue el que te descubrió?
R. No. Si yo puedo decir un nombre que me ayudo, y que nos ayudó no solo a mí, sino a muchos ciclistas más. Ese es Ramón Chamorro Moliner. El tenía una teoría, y era que los mejores ciclistas promesas que había en Castilla y León los cogía. Era el fundador del equipo ciclista Moliner; Perico, Cubino, El Flequi, yo, etc…, toda la gente de Castilla y León hemos pasado por ahí. Y luego yo empecé a montar en bici porque me gustaba, y cuando me quise dar cuenta era mi medio de vida.
P. ¿Empezaste y te viste fuerte, como se te daba bien continuaste por el mundo del ciclismo?
R. Bueno yo empecé a los dieciséis años, corrí mi primera carrera en Ávila. Me fui a comprar mi primera bici a Salamanca, una Zeus de segunda mano, que me costó tres mil quinientas pesetas, era buena porque era de mi medida, si hubiera sido un camello me hubiera dado igual, la hubiese cogido, la 1ª carrera de salida se me partió el desviador de plato, de las malas condiciones de la bici, hice toda la carrera con 48, y aun así el puesto 24. Luego la 2ª en Cuéllar hice el 12º, y en la 3ª el 4º, la cosa no iba mal, estaba contento con los resultados. Y así lie a mi madre, y al día siguiente me fui a comprar una bici a Macario, ya a medida. Casi les cuesta el divorcio a mis padres, por lo que costó la bici, 24000 pesetas, en el año 73. Y así, mi primer equipo de aficionados con 18 años, Moliner. Antes de pasar gané tres carreras, que ya en la última se fijó en mí Moncho Moliner y me dijo que me fuera con él al equipo. También estuve en el Súper-Ser en la época de Ocaña como profesional, pero yo de amateur.
P. ¿Recuerdas algún nombre, compañero tuyo de tu época de amateur, que luego fuera conocido en profesionales?
R. Hombre, pues Faustino Rupérez, Pedro Muñoz, Perico… Luego pasé a Súper-Ser y allí coincidí con Lejarreta, Yáñez, Del Olmo y Cedena.
P. Vamos hablar algo de época de profesionales, ¿tu primer equipo cual fue?
Yo andaba en el Súper-Ser de aficionados, hice buenas cosas buenos puestos, y como no me valoraban demasiado y era la época que tenía que hacer la mili, hable con Mínguez y me dijo “mira, yo te doy quince mil pesetas pero con una condición que luego pases a profesionales”, y yo le dije “ok, me gusta la condición”. Y ya aquí en profesionales, mi primera Vuelta a España, la que ganó Zoetemelk. Después de la Vuelta, fuimos a Valles Mineros, donde gane la primera etapa y me puse de líder. De esa Vuelta gane dos etapas, la montaña y la general, esa fue mi primera victoria de profesional.
P. ¿Qué ocurrió en esa etapa mítica, para defender el maillot amarillo de Rupérez?
R. Si fue la etapa de la sierra Madrileña, con Lasa, López-Cerrón y yo. Bueno, pues en mi opinión, a Faustino ya al final de la Vuelta tenía mucha presión con el maillot amarillo y andaba algo justo en montaña, yo ese año andaba bastante bien de forma.

P. Luego ya pasas a Reynolds.
R. Estuve 79, 80 y 81 con Mínguez. Yo era una persona fácil de negociar, no tenía mánager ni nada. Tenía varias ofertas, como Teka de Santiago Revuelta. Nunca me gusto demasiado el equipo Teka, me ofrecieron 2,5 millones, me insistió mucho. Hable con Mínguez y al final me comprometí con José Miguel Echavarri y empecé con Reynolds. Empezaba García Pascua a entrenarnos a los de la zona centro (Perico, Gerciano, Úbeda,…). Y empezó muy bien la cosa, la verdad, con buenos puestos en la Ruta del Sol, Vuelta a Levante, Costa de Azahar, luego fuimos a París-Niza. Aquí tuve una gran caída y me rompí el escafoides. Luego hice País Vasco y luego Vuelta a España. La famosa Vuelta a España que tengo que decir que nunca la hubo más limpia.
P. ¿Háblanos un poco de esa Vuelta?
R. Bueno pues estoy convencido porque lo viví en primera persona. El famoso Mendiburu, Garallalde, y Marino hicieron sus apaños. No es normal que en veintiún días hiciese once controles y que diera positivo viernes y sábado y el domingo no fuera así, eso no es normal ni lógico médicamente hablando. Era totalmente defendible la situación. Tuve la suerte de tener Carlos Ortega que estaba en Reynolds, a mi lado en todo esto, y me dijo “mira Ángel esto lo vamos a defender hasta el fin del mundo porque es injusto, aunque te vayas a otro equipo”. Y así fue, se recurrió, este señor al final enfermó de cáncer y falleció, me dejaron a mi toda la tostada, yo era un chavalillo casi, que no tenía ni idea de estas cosas. Y un día con Echavarri, siguiendo la Vuelta a los Puertos de Madrid, en Navacerrada, un conocido de José Miguel, me dice que el tenía la sentencia de la Vuelta y que fallaba en contra, pero yo ya lo dejé estar…
P. ¿Háblanos del famoso Tour del 83 y tu segundo puesto en la general?
R: Pues, fuimos de invitados el equipo Reynolds, a través de Echavarri, que tenía amistad con Anquetil, y luego empezó todo con nuestro querido Chico Pérez, que en la concentración nos ponía video del Tour, el pavés y demás. Bueno pues te puedo contar que nos presentaron los últimos de la parrilla, con los colombianos. Luego ya en carrera Perico y yo nos tomábamos las cosas con tranquilidad. Recuerdo las primeras etapas, nada más salir, dos tíos ahí patas arriba, se hace pequeño corte, tirando con fuerza para enganchar, cuando nos dimos cuenta estábamos en neutralizada, nos miramos Perico y yo con cara de asombro. Tengo que decir que José Miguel era un hombre que motivaba mucho a sus ciclistas, Pasamos de manera decente las primeras etapas y los Pirineos. Hice la gran etapa cronoescalada del Puy-de-Dôme, que fuimos a revisarla como hacíamos habitualmente con Echavarri, por la noche. Nos colamos en la meta, la vimos y calculamos desarrollos, fue una contrarreloj muy dura pero muy importante en mi carrera, y sobre todo que pude ganar ese Tour, si no hubiera sido por la crono por equipos inicial, que perdimos nueve minutos, y algún que otro error en los Pirineos. Pero fue así y hay que aceptarlo como fue, pero anduve muy fuerte ese año el Tour. En el 84 volví al Tour con Echavarri, y en el 85 con Mínguez.
P. Tus directores en profesionales fueron Mínguez y Echavarri, háblanos de los dos como técnicos.
R. Pues mis mejores éxitos me vinieron con Echavarri, y también de carácter conectaba más conmigo. Mínguez es de carácter más impulsivo, como yo, y ahí chocábamos un poco. Pero bien, muy bien todo con Javier. Echavarri digamos que era más suave a la hora de llevar a los ciclistas. También te digo que hay ciclistas que necesitas de ese carácter fuerte como el de Mínguez, es algo psicológico de cada ciclista.
P. Y el Giro, ¿qué tal se te dio en tu carrera profesional?
R. Mal, no iba con mentalidad y el estilo de correr quizás no era el mejor para mi forma de correr.
P. ¿Qué puertos tienes algún recuerdo especial?
R. El Stelvio, era un verdadero infierno, por decirte otro el Galibier, interminable.
P. Danos tu opinión de estos corredores:
PERICO: Un hombre calculador, que le gustaba mucho el ciclismo.
BAHAMONTES: Buen ciclista, pero no necesita abuela.
JULIO JIMÉNEZ: Un fenómeno como ciclista, y como persona un hombre muy llano.
ALBERTO FERNÁNDEZ: Tuve la desgracia de perderle cuando estaba con él, en el mismo equipo y casi no me dio tiempo a conocerle. Estuve solo días con él en una concentración hasta que le pasó el malogrado accidente.
LAURENT FIGNON: Un buen corredor pero francés, gabacho, como decimos por aquí.
ALBERTO CONTADOR: Un gran corredor pero que el mejor contrato lo tenía que haber firmado este año con su retirada. Te pongo el ejemplo de Miguel Indurain cuando se retiró con 32 años, igual que yo a esa edad. Cuando si firmaba o no firmaba con la ONCE, y lo mejor que hizo fue no firmar.
FROOME: No tengo mucha opinión de ese ciclista, no lo sigo mucho.
QUINTANA: Buen ciclista, pero con limitaciones de cualidades le veo.
Texto: Luis Miguel Suárez
Foto: Sirotti
