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SOBRE ACTITUDES EN EL CICLISMO ACTUAL. SEGUNDA SEMANA VUELTA 2.016

Al hilo de lo sucedido durante la segunda semana de la Vuelta 2.016, se nos ocurre reflexionar sobre una serie de actitudes que han mantenido diversos protagonistas del evento.

La actitud mantenida por los equipos que no entraron en la fuga de la etapa de Urdax rayó casi en lo poco profesional. Aun siendo cierto que no “hacía falta correr más” como llegó a manifestar Alejandro Valverde, el compromiso implícito que mantienen los ciclistas con el público que sigue sus andanzas es precisamente el de correr todo lo que puedan. Es esta una de las bases fundamentales, sino la más, del ciclismo de competición.

Si los profesionales necesitan hacer algunas reivindicaciones, lo que deben hacer es hacer públicas esas reivindicaciones. Incluso hasta puede que hubiéramos aficionados que las apoyásemos. Pero lo sucedido camino de Urdax, sin ningún contenido reivindicativo que llegue al público, convierte el suceso en algo inexplicable y fuera de lugar. Tras las críticas, algunos ciclistas argumentaban el kilometraje y la velocidad con la que habían corrido días precedentes como motivadores de aquella actitud. Mejor si alguno se las hubiera callado, porque si comenzamos a comparar con el ciclismo del pasado, muchos saldrían bastante malparados. Además, observando con un simple poco de detenimiento la lista de dorsales de participantes de esta edición de la Vuelta, más les valdría a una gran mayoría aprovechar la oportunidad que les supone el participar en una carrera con tanta historia como la Vuelta. Además de la preparación física, no estaría mal también que los ciclistas tuviesen una asignatura llamada algo así como “cultura ciclista”. Si a todo esto unimos risitas y jueguecitos delante de las cámaras…

Que el Sky que ha acudido a esta Vuelta 2.016 no tiene nada que ver con el que acudió al pasado Tour era algo archiconocido. Sin embargo, la actitud de su líder Froome había recibido hasta la etapa de Formigal muchísimas alabanzas, básicamente por estar disputando la general después de haber ganado ese Tour. Pero en esta etapa de Formigal, la actitud de ese equipo quedó en entredicho. No sólo por el error táctico en el que incurrieron de salida, y que les obligó a ir a contrapié, sino sobre todo por la imagen de cómo abandonaron la lucha por la caza. Lo más grave es que esa forma de tirar la toalla escondía casi la certeza de que, a pesar de que llegasen fuera de control -como así sucedió pero además con una diferencia escandalosa-, iban a ser repescados. Algo así como: “soy el Sky y el mero hecho de serlo me sirve como aval”. Aprovechándose de esa certeza, los ciclistas que iban en ese tercer grupo que se quedó cortado hicieron causa común. Triste, muy triste, resulta esa solidaridad basada en la trampa y no en la virtud. Bochornosa actitud nuevamente, sólo 48 horas más tarde de lo sucedido en Urdax. Da para comentar también la actitud del propio Froome, principal damnificado del sorprendente ataque de Contador y los suyos a la salida de Sabiñánigo. Froome no dio la cara en ningún momento, salvo en los kilómetros finales de ascensión a Formigal. Y aún en estos buscó quién tirase de él. Froome nos volvió a dar lecciones de frialdad. De fiarse de la maquinita que, seguramente, le habrá servido para minimizar las pérdidas de tiempo. Pero no dio la impresión de un gran campeón que luchase por no perder la Vuelta. Perdió la gran oportunidad de dar esa imagen. La de un gran campeón luchando por la victoria.

Con el fuera de control matemáticamente ya consumado para más de 90 ciclistas, correspondía a la organización de la Vuelta el hecho o no de repescarlos. De sobra sabemos que la actual Vuelta a España es un producto fabricado por la empresa ASO con el que esa empresa busca obtener beneficios. La Vuelta, así como muchísimas otras carreras, aúna en sí misma parte de negocio en un evento nacido con características de competición deportiva. La actitud de la organización fue la de consentir la trampa. Ni siquiera podían acogerse al interés que los deportistas habían puesto en evitar el fuera de control. Pero aún así permitieron la trampa. De todas formas, aunque sea un negocio, para que ese negocio siga siendo rentable, o simplemente siga siendo, deberá conservar algo de credibilidad… Ya no por estética deportiva. Ya sólo por el egoísmo de la continuidad de ese negocio.

Quien afortunadamente ha cambiado de actitud a mejor es Nairo Quintana. Pero sin alardes. Ya pudimos ver ese cambio en los Lagos de Enol. En el Aubisque asistimos a sus típicas intentonas sin continuidad cuando Froome contactaba con él. El cambio de actitud obtuvo recompensa a la salida de Sabiñánigo. La etapa de Holanda del Tour de 2.015, la del ataque de Sagan y Froome camino de Revel el pasado Tour, el descenso de Froome en el Peyresourde hace sólo dos meses…Esta vez cambiaron las tornas. El “pillado” fue Froome y el beneficiado él mismo con más de 100 kilómetros para maximizar ventaja… Nairo estaba en el lugar adecuado, y algunos de sus compañeros de Movistar también, cuando Alberto Contador decidió dar el sorprendente de ataque. El pero, el de casi siempre. No fue él. Fue otro ciclista el que provocó la tormenta.

Y es que sobre la actitud de Alberto Contador me puedo ahorrar el párrafo. La lástima es que sus piernas ya no sean las de antes. Pura ley de vida.

Mientras Alberto Contador favorecía la esencia competitiva, la organización de la Vuelta, la ASO, la que en principio más interés debía tener en mantener esa esencia como organizadora del evento, primaba el conformismo, la pasividad, la solidaridad de los consentidos que son conscientes que no están actuando con deportividad…Ni los equipos perjudicados, como por ejemplo Movistar o Tinkoff, fueron capaces de plantear algo frente a esta decisión. Triste.

El poder de Alberto Contador es limitado. Por desgracia, no puede inocular su virus al resto de participantes. Pero sí ha conseguido que por lo menos los primeros clasificados de la general hayan adoptado una actitud mucho más atenta que hasta la etapa de Formigal. El pinteño ha creado un clima de que “en cualquier momento puede suceder algo”. Y eso se agradece por parte de los aficionados, a los que no nos quedaba otra hasta esa etapa que esperar que fuesen los perfiles altimétricos los que marcasen tendencia de ataque. Espera infructuosa, como hemos podido experimentar tanto en el pasado Tour como en la presente Vuelta.

Porque se ha vuelto a demostrar, por vez enésima, que las etapas no las hacen difíciles los perfiles altimétricos, sino la actitud de los ciclistas. Las carreras no las hacen históricas o épicas sus escenarios tampoco, por muy majestuosos o históricos que sean. Pueden ayudar, sí. Pero si los ciclistas no se emplean…

La igualdad del duelo Froome contra Quintana por ahora se decanta para el colombiano, gracias a la superioridad de su equipo, esta vez sí, sobre Sky. Pero aún queda carrera.

Y una reseña final a Robert Gesink. Cómo no para su actitud encomiable. Se quedó sin triunfo en los Lagos de Enol. Perseveró y la consiguió en otro escenario mítico como el Aubisque, sufriendo hasta el final, y ayudado por sus compañeros de equipo previamente.

 @ranbarren

FOTOS: UNIPUBLIC/Jose Miguelez

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