TOUR DE FRANCIA 2026: PRIMERA SEMANA

Con la salida desde Barcelona, la Ciudad Condal completa la trilogía tras ser punto de inicio también de las vueltas masculina y femenina a España. En los tres casos la modalidad elegida ha sido la contrarreloj por equipos, aunque en esta ocasión los tiempos se toman individualmente, lo que hará que en el tramo final, con doble ascensión en la zona de Montjuïc, veamos a los líderes soltar a sus gregarios, tras un trazado previo basado en grandes rectas por las principales avenidas de la ciudad. Si se mantuviese el formato clásico podríamos ver actuaciones muy interesantes, con muchos equipos teniendo que esperar al corredor que marca el tiempo de forma angustiosa.

La segunda etapa parte desde Tarragona y recorre toda la costa hasta las proximidades de la capital catalana, donde se sube Begues para llegar luego a Montjuïc y dar dos vueltas y media. Hay que recordar que se ha quitado el paso por la Sierra de Collserola por cuestiones de protección frente a la epidemia de peste porcina. El circuito final también presenta una versión más exigente de lo habitual ascendiendo por las calles de PalaudàriesCabanes, Font-Trobada y Avenida de Miramar, antes de la subida clásica al castillo, y un segundo repecho en la calle Segura.

Para abandonar España y empezar a tocar los Pirineos se ha trazado una etapa con un primer tramo bastante cómodo, con solo la subida a Sant Feliu de Codines en los primeros kilómetros, hasta llegar a Ribes de Freser, donde podemos marcar el inicio del ascenso al Collado de Toses por su variante más exigente. El recorrido desde su cima, sin embargo, pierde dureza, con solo el Col du Calvaire, largo pero de poca pendiente media. El final es en un repecho, puntuado de tercera categoría, de 1,7 kilómetros al 6,5%.

Los tres primeros días, sin ser la panacea, sí han obligado a los favoritos a estar atentos y esforzarse para no ceder tiempo. El cuarto día eso ya no será tan necesario, pues, aunque la etapa es considerada ondulada, los puertos que atraviesa no son especialmente duros y el último, la Côte de Montségur, está a unos treinta y cinco kilómetros de meta.

Donde seguro podrán relajarse los favoritos es en el final en Pau. Una tranquilidad que solo podría romperse por la presencia de un improbable viento de costado. Debería ser la primera de las múltiples opciones que tendrán los esprinters para llenar su palmarés.

La única etapa verdaderamente pirenaica de esta edición se celebrará al séptimo día. Cuando la salida no es en el noroeste del país —o en países de esa zona—, la organización suele perpetrar recorridos extraños, cargándose casi siempre uno de los bloques montañosos clásicos. En esta ocasión volvemos a tener dos de los puertos más empleados por la carrera, el Aspin y el mítico Tourmalet, antes de una llegada tendida en Gavarnie-Gèdre. Es un formato de etapa que debería animar al movimiento ya en el Tourmalet. Hace unos años tendríamos dudas de si, por el momento en la primera semana, veríamos grandes movimientos, pero con la generación actual es muy fácil que veamos ya una jornada muy decisiva. Lo que sí es una pena es que no se haya optado por llegar más arriba, como os presentamos en el reportaje de altimetrías de este número. Puede que para esa altura de carrera fuesen unos finales muy duros, pero las panorámicas podrían compensarlo todo.

Si la llegada a Pau es habitual, lo mismo podemos decir de Burdeos. Sin embargo, mientras en la primera las etapas podían presentar diferentes estilos según vinieran de las montañas o no, los finales en la perla de Aquitania casi siempre han sido en llegada masiva, con toda probabilidad lo que veremos en esta ocasión.

Salir de Périgueux y llegar a Bergerac nos hace recordar al gran Miguel Induráin en una de sus mayores exhibiciones contra el reloj. En 2014 también tuvimos otra contrarreloj, ganada por Tony Martin, pero en esta ocasión veremos la versión de llegada masiva, con un trazado muy similar al de 2017, donde ganó Marcel Kittel.

Para terminar la semana, una etapa de nuevo calificada como ondulada, una categoría que le viene bien. Tiene puertos interesantes a mitad de recorrido, como la Côte de Naves, el Suc au May y la Croix du Pey, pero desde la cima de este último quedan treinta y cinco kilómetros llenos de repechos. Huele a escapada más o menos consentida.