TOUR DE FRANCIA 2026: TERCERA SEMANA

Esta vez el descanso será en las orillas del lago Lemán, donde en el primer día competitivo de la semana se disputará la única prueba contra el cronómetro individual de esta edición. Serán solo veintiséis kilómetros con tres partes claramente diferenciadas. Los primeros diez kilómetros están conformados por una subida bastante suave pero continua hasta la Côte de Larringes. Desde ese punto, siete kilómetros de bajada con alguna curva técnica, y los nueve kilómetros finales completamente planos y mayoritariamente urbanos por diversas avenidas de Thonon-les-Bains. Como curiosidad, indicar que el punto de salida, Évian-les-Bains, fue la primera ciudad de salida diferente a París, en 1926.

Parece ser que cinco etapas completamente llanas no son suficientes, por lo que la segunda etapa de esta última semana también está diseñada así, con solo algunas subidas menores al principio del recorrido. La localidad de Voiron fue meta el año pasado en la Vuelta, donde ganó Ben Turner sorprendiendo a Philipsen. Por la altura de la carrera, no obstante, es bastante probable que triunfe una escapada.

Las tres etapas montañosas finales son un claro in crescendo. La primera, con final en Orcières-Merlette, poco tiene que ver con aquella de 1971 donde Luis Ocaña dio una de sus grandes exhibiciones. El recorrido previo incluye puertos de poca entidad y muy separados, por lo que todo quedará para el último ascenso, que tampoco es nada del otro mundo. Es posible que veamos dos carreras: una por la victoria en la etapa y otra con escarceos por segundos entre los favoritos.

Al día siguiente, primera de las dos llegadas consecutivas al Alpe d’Huez. En este caso por la vertiente clásica, que parece casi obligatorio incluir si se va a llegar a la estación alpina pionera en las llegadas en alto en la ronda francesa. La etapa en sí es parecida a la del día anterior, solo que un poco incrementada: los puertos previos, Bayard, Noyer y Ornon son más duros, y la comparación entre las subidas finales apenas admite discusión a favor del Alpe.

Si hasta ahora habéis echado en falta una etapa de gran dureza, esa la encontraréis el penúltimo día. Como diseño, a los que nos gustan estos temas solo podemos decir que es perfecto, el que nosotros mismos haríamos si estuviera en nuestras manos. El Croix de Fer de salida y el Galibier como juez, antes de la subida al Alpe por Sarenne, con unos números no muy alejados de la vertiente de Bourg-d’Oisans y menos tramo llano desde el Lautaret. Una jornada propicia para grandes gestas, pero quién sabe si llegará ya muy tarde, con la carrera ya sentenciada.

Ya solo queda París, donde parece que se ha consolidado la subida a Montmartre, aunque se ha cambiado algo el circuito para hacerlo más seguro, si bien aleja la cota de meta, lo que puede propiciar que los esprinters aguanten o puedan reengancharse para una llegada masiva. El año pasado la lluvia que se dio ese día propició una etapa contradictoria, pues se tomaron tiempos antes del circuito, descolgando a más de medio pelotón, mientras vimos un apasionante duelo entre Pogačar y Van Aert por la victoria parcial, que se llevó el belga, en una de las imágenes del año.