Para sorpresa de nadie, la carrera parte otra vez allende de nuestras fronteras, en esta ocasión en Mónaco. El principado ya acogió en 2009 la salida del Tour, con un recorrido mucho más exigente que en esta ocasión. El circuito preparado en esta ocasión también aprovecha en gran parte el trazado de la prueba de automovilismo, aunque le añaden un par de avenidas que hacen de ida y vuelta, como el Boulevard de Moulins (atención a su estrechez, con el doble sentido) y la Avenida Princesa Grace, y un tramo entre los puertos y el estadio de fútbol, con paso incluso por donde se ubica el circo de Montecarlo. Llaman la atención los largos tramos a través de túneles que atravesará la prueba, hasta en tres ocasiones.
Esta edición se puede definir como carrera poliprovincial, pues todas las etapas menos una tienen su salida, meta y trazado en una única provincia cada vez. Lo mismo se puede decir de las etapas francesas: por ejemplo, esta segunda etapa se desarrolla en el departamento de Provenza-Alpes-Costa Azul. Es la jornada más larga de la edición, con 215 kilómetros, a través de un terreno bastante quebrado, donde no les resultará fácil a los equipos de los esprínteres controlar la carrera.
El tercer día se sigue en Francia, en Occitania, con la primera llegada en alto de la edición, en Font Romeu. Los primeros 140 kilómetros son básicamente llanos, antes de encadenar los dos puertos finales, Mont-Louis y Font Romeu. No son ascensiones que cuenten con pendientes exageradas, por lo que solo deberían servir para filtrar en la general a un amplio grupo de favoritos, descartando a los que no han llegado en forma a la salida.
En este concepto de etapas por territorios, la etapa andorrana no iba a ser diferente y, como ya ha pasado en otras ocasiones, se desarrolla íntegramente dentro del Principado (bueno, en realidad hay un corto tramo en Francia para entrar al túnel de Envalira, tras haber ascendido por el puerto al inicio de la etapa). Luego quedarán las ascensiones a Beixalis, muy duro, y Ordino, antes de una última subida a La Comella. La última vez que una etapa en Andorra se disputó tan pronto, en 2017, muchos favoritos ya mostraron sus debilidades, así que habrá que prestar mucha atención a esta jornada.
La quinta etapa es la primera que rodará por España, en esta ocasión por la zona sur de Tarragona. Aunque es una jornada principalmente llana, con paso incluido por la zona del Delta del Ebro, una zona llena de ascensiones cortas desde Tivenys, incluyendo el duro puerto de Paüls, hará que el ganador de la jornada tenga que haberlo peleado intensamente.
Salto a Castellón para una de las grandes novedades de la carrera, una jornada de media montaña que incluye una subida final con un tramo de tierra. Este puerto es una prolongación del Desierto de las Palmas, que ya se habrá ascendido con anterioridad en un primer paso. La organización siempre es precavida, y la opción que ha elegido le permite eliminar el tramo de tierra si las condiciones climatológicas o cualquier otra incidencia desaconsejan el paso por el «sterrato», pasándose entonces a un doble paso por el Desierto de las Palmas. En caso de poder hacerse, habrá que prestar también atención al descenso del último puerto, que cuenta con grandes pendientes y una carretera muy estrecha.
La única etapa que se inicia en una provincia y termina en otra es la séptima: comienza en Vall d’Alba, Castellón, para terminar en la estación de esquí turolense de Valdelinares. Es una jornada trampa: parece que no hay grandes puertos, pero el desnivel acumulado es muy alto. Una jornada similar en 2023, con final entonces en el Observatorio de Javalambre, fue capital para la victoria final de Kuss en aquella edición.
Sigue la carrera en dirección sur, y en Valencia se disputará, hasta el momento, la etapa más cómoda. Pero no será una etapa del todo plana y fácilmente controlable, pues el puerto de Barx, a unos 20 kilómetros de meta, puede animar los movimientos de los cazadores de etapas.
La semana termina con una etapa alicantina de gran exigencia, posiblemente la de mayor desnivel acumulado de la edición, casi 5.000 metros, pero que presumiblemente quede para movimientos finales en el gran puerto final, Aitana, pues el recorrido previo, aunque lleno de ascensiones, es complicado para ataques lejanos. Destaca el estreno en la Vuelta del puerto de El Miserat —ya lo hemos visto en la Volta a Valencia—, una auténtica pared, aunque en esta ocasión está ubicado a más de 100 kilómetros de meta.









