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ARCHIVOS PLANETA CICLISMO: ENTREVISTA A ANNA GONZALEZ

Ahora que se ha conseguido el aval del Congreso de los diputados para la modificación del Código Penal para endurecer las penas por imprudencias en la conducción y por darse a la fuga tras causar un accidente, recordamos la entrevista que tuvimos con Anna Gonzalez, la impulsora de este cambio tan demandado, y que salió en el numero 15, cuando aun eramos Desde la Cuneta. Que sirva como homenaje a su gran trabajo.


La vida de Anna González cambio para siempre, de forma dramática, el 21 de octubre de 2013. Ese día, un camionero arrolló a su marido, Óscar Bautista, que circulaba en bici por el arcén de la A-42. Óscar falleció en el momento y el camionero no se detuvo a auxiliarle. Pero el tormento no había hecho más que comenzar para Anna, que tiempo después veía como un juzgado archivaba su caso considerando el asesinato de Óscar una mera “falta”. A partir de ahí comenzó su lucha, una lucha que concluía el 2 de marzo, cuando entregó las 200.000 firmas que ha recogido para obligar a la clase política reformar el Código Penal. A unas pocas horas de concluir tan tortuoso camino pudimos hablar con ella sobre esta larga y escabrosa etapa que ahora concluye y sobre el futuro que le aguarda más allá de ese 2 de marzo que marca el final de este viaje.

¿Qué tal estás? ¿Cómo llevas estas últimas horas ya antes del final?

Bien, bueno, ya en el último kilómetro. Se me está haciendo largo, eso sí, esta semana está siendo eterna. Pero ya lo tenemos aquí. La pena es no haber podido hacerlo en domingo. Tenía pensado hacer una marcha cicloturista, tenía el recorrido y todo, y los permisos no me eran muy difíciles de conseguir pero luego pensé que no tenía mucho sentido: una marcha el domingo y entregar las firmas el jueves. Así que lo simplifiqué.

Bueno, cuéntanos. Todos sabemos más o menos el origen de tu reivindicación pero cómo es esa etapa qué va desde que Óscar fallece hasta que pones en marcha tu iniciativa.

Pues a los pocos meses de fallecer Óscar vuelvo a mi tierra (Lérida/Lleida), a intentar rehacer nuestra vida. A los niños les costó menos pero para mí era complicado, por ejemplo, coger la bici y salir a dar un paseo con ellos. Pasan dos años hasta que todo empieza a normalizarse, al menos en ese sentido, en el de poder hacer una salida en bici o ir al cine… Entonces me llama mi abogado y me comunica que la Juez de Instrucción lo considera como un homicidio por imprudencia leve, que es una falta, gracias a la reforma que se había hecho del Código Penal en junio de 2015 (esto es en diciembre). Me dice que nos coge la reforma, que lo siente mucho y que se archiva la causa y va por la vía civil. En ese momento estaba de pie en casa y me senté de golpe, con las manos en la cabeza. Es incomprensible que una muerte se pueda archivar así y que esa persona no tenga que pasar ni el trámite de un juicio.

En ese momento le dije que no quería seguir, que me estaba costando mucho vivir, sobrevivir, todo el tema penal me estaba desgastando de una forma muy profunda. Él me insistió en que siguiese, me dijo que Óscar merecía que luchase. Me animó mucho pero necesité tres o cuatro días para tomar la decisión de recurrir. Hablé con la familia de Óscar para contárselo y el primer impulso de todos fue tirar la toalla. Es que tampoco le iba a caer nada, si acaso dos años de cárcel, que ni va a entrar y tres de retirada de carnet. Pero tomé la decisión de seguir con el proceso judicial, de recurrir, y a la vez lanzar una carta en redes sociales explicando mis sentimientos. Pensé que tenía que hacer una carta que la gente empezase a leerla y siguiese hasta el final y pensé que para la gente es más fácil empatizar con el conductor, el decir “a mí también me puede pasar, también me puedo despistar y que me ocurra”. A la víctima no la queremos ni ver porque no nos queremos ver en esa situación. Así que escribí la carta, me ayudó una amiga que es psicóloga deportiva, se la mandé al abogado porque no quería decir nada que no pudiese decir. La publiqué cuando estaba en el trabajo y al salir, más de diez mil personas la habían compartido. Fue una pasada y pensé que si eso realmente había impactado, era el momento de lanzar una petición para intentar cambiar esto. Porque vi que mucha gente que no tiene nada que ver con el ciclismo, lo hizo. La carta la publiqué a finales de diciembre y la petición después de Reyes. Y hasta hoy.

Pero cuando lanzas la petición estás pensando en llegar hasta donde has llegado o te lo planteas más como una reivindicación personal, de tu caso concreto.

Cuando publiqué la carta lo hice pensando en dar a conocer no mi caso concreto sino la situación en la que estábamos a nivel legal en ese momento, que nadie la conocía. Un muerto no necesita socorro. ¿Quién conocía eso? Yo no. Pensaba que una persona que provocaba una muerte en carretera y se iba sin atender, era un delito. No sabía que existían estos matices de que si había muerto en el acto, no necesitaba socorro. O que si pasaban más personas por ahí en ese momento, ese conductor queda eximido de culpa. Yo quería darlo a conocer. Es que ¿cuánta gente conduce usando el móvil, escribiendo whatsapps? ¿Y eso es una imprudencia leve? Es peor que conducir borracho. Y yo quería dar a conocer eso, a través de mi caso también, pero que se supiera cómo estaba la legislación. Luego, para las firmas, me reuní con las hermanas de Óscar, con mis dos abogados, Beatriz Lorenzo y Francisco Parres; y Elena, mi amiga psicóloga y ahí fue cuando nos marcamos el objetivo, como si fuese un reto deportivo. Y ese era el Congreso. Que luego ha sido mucho más allá que eso. Estuve como ponente en las jornadas de fiscales de seguridad vial. Allí, Bartolomé Vargas, el Fiscal coordinador de Salas de Seguridad Vial declaró públicamente que las víctimas de tráfico están desamparadas y desprotegidas.

¿Cuando hablas de víctimas de tráfico te refieres a las de cualquier accidente o sólo ciclistas?

A todas. Lógicamente, si tu eres peatón o ciclista, estás muchísimo más expuesto a sufrir un daño. Un conductor, aparte de llevar su carrocería, tiene un seguro que le va a cubrir sus daños. El peatón o el ciclista dependen completamente de la aseguradora del conductor que lo atropelle.

Y por qué crees tú que no existe una alarma social al respecto. Porque si vamos a los datos de ciclistas muertos, estamos en cifras similares a las de otros problemas que causan mucha más alarma. Y si lo extendemos al resto de accidentes de tráfico ya ni hablamos. Pero parece como si fuese algo que está integrado en nuestra vida cotidiana, como algo que tiene que pasar y ya está.

Es que tú mismo has usado la palabra “accidente”. Y desde el momento en que lo hacemos, no le estamos dando la importancia que tiene. Hablamos de “violencia vial”. Un tío que coge el coche borracho o drogado y en ese trayecto mata a alguien no es un accidente. Pero la prensa, incluso en los paneles se informa de “accidente”. Es la sociedad, los jueces, los fiscales, los periodistas… todo el mundo lo denomina “accidente” y si lo buscas en el diccionario, “accidente” es algo fortuito, inevitable, que ocurre sin querer. Y no es así. Un tío que coge un camión, como es el caso de mi marido, de 40.000 kilos, que se pone en carretera, se introduce en el arcén, atropella a alguien, dice que no se ha dado cuenta de nada y está en un taller a las 4 horas para cambiar la pieza… eso no es un “accidente”, es un asesinato, un homicidio. Igual que hay un Plan de Acción contra la violencia machista, un fin de semana mueren once personas en la carretera y no pasa nada, son víctima de segunda categoría.

Y qué crees que haría falta para cambiar esta situación ya desde los conceptos, que un “accidente” pase a ser un “asesinato” y que se genere esa alarma social que la situación requiere.

Mira, cuando falleció mi marido, fui a la compañía de seguros que teníamos contratada y estaba con la chica de la compañía y le di los datos, el día que había ocurrido, etc. y me dijo “ah, ya, sí, lo recuerdo porque fui a llevar a la niña al colegio y no veas la caravana cogí”. Ese fue su comentario. Lo único que recordó fue la caravana que había cogido, lo tarde que llegó porque hubiera una persona muerta en la calzada esperando que llegase un juez para levantar el cadáver. Hablamos de una sociedad insensible a estos temas. La educación debería ser desde el colegio: la seguridad vial, el respeto. Eso sería lo primero y luego, claro, un Código Penal mucho más exigente. Pero si los propios políticos son los primeros que piensan que a ellos también les puede pasar, que se ponen en lugar del verdugo… así es muy difícil que este país cambie. Hasta que no llegue un Ministro de Justicia que quiera cambiarlo o que lo haya sufrido en sus propias carnes y se proponga que un tío que provoca una muerte o unas lesiones muy graves por ir borracho o drogado vaya a la cárcel como si fuese un homicidio voluntario. Porque es que lo es.

Bueno, es que aunque uno no coja el coche con la voluntad explícita de matar, cuando lo hace en esas condiciones, sabe que puede matar a alguien y asume el riesgo.

Es que es así. Si tú vas conduciendo y te suena el móvil y te pones a escribir un whatsapp, estás dejando de prestar atención a la conducción. Y eres libre de no hacerlo así que si lo haces… Y si no eres consciente, no quiere decir que no tengas que pagar por lo que has hecho.

Y cuáles han sido los peores momentos desde que arrancó tu campaña, los obstáculos más grandes.

Los primeros meses fueron los peores. Yo contaba que me habían archivado el caso porque existía la omisión del deber de socorro si la víctima estaba muerta y a la gente le costaba creerlo. Esos primeros meses de difusión fueron los más complicados, de muchas personas no recibí ni respuesta. Mandaba mensajes y muchos ni contestaban. O iba a una marcha cicloturista, me levantaba a las seis de la mañana, cogía el coche, dejaba a mis hijos con mis padres, me llevaba la pancarta, me presentaba allí y los ciclistas pasaban de mí totalmente. Era como la loca. Esos meses sí que fueron los más difíciles.

Y en qué momento empieza a cambiar, cuándo empieza a tener la repercusión que tú querías o que tú buscabas que tuviese.

Fue cuando me reuní en el Congreso con los Diputados, cuando la gente empezó a ver que esto iba en serio, que me habían escuchado, que luego me reunía con el Ministro… estamos hablando de diciembre pasado, no hablamos de mucho más allá. Pasó un año desde que arrancó hasta que me reuní con el Ministro. Ahí fue cuando vi que muchos se lanzaban. Desde federaciones, que hasta entonces ni me habían contestado y a partir de ahí me apoyaron. Entonces ves que el trabajo ha dado sus frutos.

Y dentro de que no es una lucha agradable, cuáles han sido los mejores momentos, los más reconfortantes al menos.

Ha habido muchísimos momentos buenos, más que malos. Por ejemplo, he conocido un montón de gente. No me refiero a famosos sino a gente anónima que te manda mensajes de apoyo. Ha habido un chico, que se llama Michel Madoz, que nos hemos hecho muy amigos y me ha ayudado un montón, con las redes sociales, hablándome de gente… Antes de empezar yo no conocía a nadie en el ciclismo, el ciclista era mi marido, y Michel me fue guiando. Yo le preguntaba quién era cada uno. Hace bien poco se puso en contacto conmigo un exciclista que yo no sabía quién era y le tuve que preguntar a él. He hecho un máster en ciclismo este año. La muerte tiene una parte muy fea y lo pasas muy mal y sufres mucho pero si buscas bien, siempre encuentras esa parte bonita, esas personas que se quedan ahí, que te apoyan, que te ayudan. Es precioso, es la parte bonita de este horror.

Decías hace poco que confiabas en que la clase política esté a la altura de lo que se demanda y mi pregunta, desde el escepticismo, es: ¿de verdad confías en la clase política? Porque tengo la sensación de que cuando todo este ruido mediático que has provocado se apague, puede pasar cualquier cosa.

Sí, puedo confiar en ellos. Porque he hablado con ellos, incluso mantengo conversaciones telefónicas con ellos. Que esto se termine, me refiero a mi actividad en redes sociales, a la reivindicación, no quiere decir que yo no mantenga contacto con estos políticos, tengo sus teléfonos, hablamos muy a menudo. Y sí, estoy segura de que va a salir adelante, absolutamente segura. El problema es el tiempo que va a tardar y ahí me gustaría encontrar la clave para acelerarlo.

¿Y del mundo del ciclismo? ¿Te fías? Porque este problema no nace con el atropello de Óscar, es muy viejo. Sin embargo nadie había hecho lo que tú, nadie ha llevado su reivindicación tan lejos. ¿No temes que una vez des un paso al lado, el colectivo ciclista no sea capaz de tomar el relevo para seguir demandando algo tan imprescindible?

Buff, ahí no sé ya que decirte. Es que claro, el trabajo que yo he hecho implica mucha dedicación y ha sido a modo altruista, pagándomelo todo yo. Que alguien asuma todo ese trabajo… yo sé que desde la Mesa de la Bicicleta se está reivindicando esto. No sé qué decirte, ellos llevan muchos años trabajando en esto y realmente no se mueve nada, no sé exactamente el problema que existe. Yo sé que trabajan, conozco a Alfonso Treviño, que forma parte de la Mesa de la Bicicleta y es un hombre que trabaja, que se esfuerza y que lucha un montón. El hecho de que a mí me hayan escuchado más pues bueno, es que hay un respaldo social muy bestia. Ya no soy yo, son las 200.000 personas que a través de redes sociales han metido caña. Este trabajo ha abierto una brecha que si la saben aprovechar bien, sacarán jugo, sacarán reformas. Espero que lo hagan. Ahí lo tienen, la brecha está abierta, que la aprovechen.

¿Y qué sería para ti una “Ley justa”? Porque como reivindicación ha funcionado de maravilla pero ahora toca aterrizarlo. ¿Cuál hubiese sido para ti, por ejemplo, una condena justa en tu caso?

Ya no se trata de condenas o venganzas. Se trata de que cuando ocurra algo así, la víctima esté protegida automáticamente por el Estado. Porque es la víctima. Y en este caso es al contrario. En éste y en todos. El primero que está protegido por el Estado es el conductor. El conductor es detenido y en ese momento ya le están leyendo sus derechos. A mí cuando me comunican la muerte de mi marido no me dan ningún derecho. No me explican nada, no me dicen que tengo derecho a un psicólogo para que le pueda explicar a sus hijos lo que ha ocurrido. Eso para mí sería una Ley Justa. Y de hecho ya existe pero no se está aplicando. Es el Estatuto de la Víctima. No se trata de cuantos años le tienen que caer. Se trata de proteger a la víctima, de que estás en el hospital y estás solo. Te están diciendo que tu pareja ha fallecido. ¿Y qué, ahora qué hago? ¿Qué tengo que hacer? Eso sería una Ley justa. Independientemente de la responsabilidad del conductor que debería ser mucho mayor de lo que es. Piensa que desde que empecé esto, cuando ocurre un atropello a un ciclista, la familia, al cabo de una semana más o menos, ya me está buscando por las redes sociales. Y yo les estoy guiando, contándoles lo que he vivido y si les puedo ayudar en algo. Pero es que todos los casos se repiten exactamente igual, es decir, el conductor desde el minuto uno tiene todos los derechos y la familia de la víctima, ninguno.

Estás reclamando que exista un protocolo parecido al que hay con las familias de víctimas de ataques terroristas ¿no?

Exacto. Es que yo tuve la suerte de tener unos amigos espectaculares. Cuando ocurrió, un amigo, que es policía, Mariano, avisó a los servicios psicológicos de la Cruz Roja, los que estuvieron en el 11-M, y estos psicólogos me prepararon durante cuatro horas para darle la noticia a mis hijos. Y estuvieron presentes mientras yo les daba la noticia a mis hijos. Pero tuve esa suerte de tener este amigo pero no conozco ninguna víctima que haya tenido ese servicio, que es básico. Porque ¿cómo se lo dices? Y si te ocurre un sábado o un domingo, no hay psicólogos ¿a quién llamas? Eso sería una Ley justa, que la víctima, cuando ocurre, automáticamente hubiera un protocolo que se aplique. Y todo eso, el psicólogo, el abogado… que yo tuve que investigar por internet para ver qué abogado contrataba. Y cuando ocurre esto, mira, lo siento por los abogados pero no te puedes hacer idea la de mensajes que recibí de abogados ofreciéndose a llevar mi caso, aprovechando que estaba expuesta. Dan un poco la sensación de buitres. Recibí al menos veinticinco mensajes de abogados. También te llaman muchas asociaciones de víctimas y tampoco sabes muy bien en quien confiar, porque son momentos muy confusos. Por esto debería existir esta Ley justa para las víctimas. Que cuando ocurra, lo primero sea proteger a la víctima.

El jueves se pone punto final a tu viaje. ¿Tienes ganas de pasar página y empezar una nueva etapa o te da vértigo lo que viene después?

Pues muchos amigos están superpreocupados por mí, porque dicen que cuando te preparas un objetivo así, cuando pasa, te da “bajón”, la resaca del día después. Y todos están superpendientes de mí, yo creo que voy a recibir más llamadas cuando pase esto que las que estoy recibiendo ahora. Yo no, yo tengo ganas de paz, de tranquilidad, de tomarme la vida de otra manera, intentar rehacerme… pero la verdad es que no me lo había planteado, sólo pensaba que tenía ganas de terminar, de dejar el móvil, de apagar Twitter, de desconectar un poco de todo…

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