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Esas cosas de Valverde

El murciano es y ha sido no sólo uno de los mejores corredores, sino que además es y ha sido uno de los más regulares del calendario, siendo competitivo de febrero a octubre. A pedazos se ha labrado sus seguidores, muchísimos, y otros que sin llegar a llamarse detractores (¡quién podría ser detractor de semejante corredorazo!), sí que le ven algunos defectos como corredor. 

Desde su época en el Kelme ha cambiado de forma drástica. Entonces era de sangre caliente y valiente. Ahora su carácter, mucho más maduro y calculador, le hace decidir con la cabeza fría, en ocasiones demasiado.

Sus errores tácticos le han impedido ganar muchas más carreras de las que ya gana. Sin dejar de lado que quien se equivoca es porque está en primera fila, donde se juegan y se pierden las victorias. Es un corredor tan bueno que lo que sería un auténtico milagro para el 98% del pelotón es un fracaso para él. O, mejor dicho, para las plumas del mundo ciclista.

Le perseguirá su ‘error’ en el Mundial al igual que la bajada de Monachil o el chubasquero camino de Suances. Su rotura de rueda en el Tour como su caída en Lieja en 2006. Es un fuera de clase al que la suerte en muchas ocasiones también le ha sido esquiva. Tal vez debido a su obsesión con el Tour de Francia, una prueba que siempre se le escapa de las manos y le evita fuerzas a emplear en carreras más asequibles para él como el Giro o la Vuelta, donde siempre que acude compite entre los mejores.

Por tanto, sin dejar de reconocer su maestría y clase, no se debe dejar de mencionar su mala fortuna o torpeza táctica en algunas ocasiones. Ciclismo no significa que 2+2 sean 5, pero el palmarés que se hubiese labrado sería de época. Aún le queda mucho para resarcirse.

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