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FALTA DE RELEVO GENERACIONAL

El pasado lunes 10 de febrero la Sociedad Ciclista Amorebieta lamentaba comunicar la suspensión de la 66 edición de la Klasika Primavera Amorebieta, de la categoría Elite UCI 1.1 Europe Tour, que se debía celebrar el próximo mes de abril.

En el comunicado firmado por su presidente Iñigo Larrucea, se decía textualmente: “La decisión viene motivada por la crisis institucional que vive la sociedad los últimos años. No se ha producido el relevo generacional dentro de la sociedad ciclista, lo que ha originado que a día de hoy no se cuenta con un equipo humano suficiente para llevar adelante un proyecto de esta envergadura”.

El comunicado es todo un alarde de sinceridad y de expresión de la gravedad de la situación, no sólo de lo que sucede en esa sociedad ciclista vizcaína, sino en todo el ciclismo español.

15/04/07.-El corredor español del Caisse D’Epargne Joaquín Rodríguez (i), tras cruzar primero la meta de la 53 Clásica Primavera de Amorebieta, saluda de su jefe de filas, el también español Alejandro Valverde, segundo en la prueba. EFE/LUIS TEJIDO

No es ya el típico argumento de que por falta de financiación y de patrocinadores, nos vemos obligados a suspender la carrera. Aunque al final del comunicado el presidente sí que hace un llamamiento a la implicación de patrocinadores en el proyecto, no es lo más destacado ni destacable de ese comunicado.

El quid de la cuestión parece ser esa falta de relevo generacional que ha desencadenado esa crisis institucional de la que habla Larrucea. Algo muy similar determinó ya el año pasado la suspensión de la Vuelta a la Rioja.

Faltan personas voluntarias suficientes para acometer pruebas de estas dimensiones en las carreras no encuadradas en el World Tour.

Quien escribe desconoce el número de personas voluntarias implicadas tanto en el día a día del club como en el día de la carrera, que son necesarias para que un evento de la categoría 1.1 del Europe Tour se pueda llevar a cabo. Pero sí que llaman la atención algunas cosas, que no son más que la constatación de cómo la sociedad en general está cambiando.

Está claro que la oferta de eventos deportivos de toda clase ha aumentado y se ha diversificado. Cada fin de semana, son innumerables la cantidad de carreras a pie urbanas o de montaña, marchas cicloturistas (o carreras encubiertas) tanto de mountain bike como de ruta… Estos eventos mueven a una ingente cantidad de personas jóvenes y ya también maduras. En estos eventos, son esas personas las protagonistas; son las actoras porque son las participantes. A su vez, a estas personas protagonistas las acompañan sus familias, que pasan el día de esta forma. Estos acompañantes son también base fundamental para nutrir el voluntariado necesario para que esas pruebas se puedan llevar a cabo. Todo se retroalimenta. Se puede decir casi casi que sobran personas voluntarias. Pero es un deporte de ocio. Esto no es ninguna base, salvo que un chaval que acompañe a su padre adquiera ahí la afición a la competición.

Sin embargo, en el ciclismo de alta competición esto no es así. El voluntariado apenas tiene protagonismo, más allá de una foto con la figura de turno. Las personas voluntarias son algo así como una raza en peligro de extinción y que debiera ser protegida. Gente con más vocación de servicio que de protagonismo. Son personas ya mayores, que heredaron esa tradición y esa cultura hace muchos años. Cuando la oferta deportiva no era tan amplia y diversificada. Por desgracia la gente joven no ha heredado esta tradición y se ha marchado a otras ofertas deportivas. Y el ciclismo de élite y de competición bien que lo está pagando. Porque el ciclismo en ruta, tal como está concebido históricamente, necesita de muchos de estos voluntarios. Cosa que no sucede en infinidad de deportes que se disputan en recintos cerrados, con empleados que reciben su sueldo.

No me refiero a la práctica del ciclismo como una actividad de ocio y como búsqueda de una mejor salud y bienestar personal. Porque parece evidente que los negocios de las ventas de bicicletas, de ropa deportiva, de suplementos energéticos, de hostelería relacionada con las marchas cicloturistas, de las propias marchas cicloturistas… van en auge.

Me refiero a que cada vez hay menos personas dedicadas a que se puedan celebrar carreras; lo que se dice carreras. Tanto en las categorías inferiores, como, por desgracia la Vuelta a La Rioja y la Klasika Primavera lo evidencian, en la élite.

El futuro es francamente desalentador. Sería cuestión de hacer una estadística comparativa de cuántas carreras federadas de todo tipo se celebraban hace tres décadas y cuántas se celebran en la actualidad. Pero a vuela pluma no parece que la comparación resultase positiva.

Sobre el caso concreto de la Sociedad Ciclista Amorebieta, queda reconocer la labor llevada a cabo durante tantos años y desear que esta suspensión de la Klasika Primavera haya sido coyuntural. Y que sigan manteniendo el resto de carreras de categorías inferiores, el futuro de nuestro deporte.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN @ranbarren