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Gilbert y la resurrección del Cauberg

Hay una relación estrecha entre el ciclista belga y la mítica subida holandesa. Mucho debe el ahora ex campeón del mundo y corredor de BMC al muro que le ha visto triunfar en sus empinadas rampas hasta en cuatro ocasiones. Mucho ha acontecido en la vida del valón desde su primera pica en el año 2010 hasta la última -por ahora-, en 2014

Cambios que le han llevado de ser uno de los efectivos más luchadores del pelotón a ser una de las estrellas más reconocidas en todas las carreras a las que asiste. Los aficionados así se lo reconocen una y otra vez solicitando fotos y autógrafos, aunque ya no luzca la camiseta de campeón del mundo.

Tras vencer de forma magistral la Amstel Gold Race de nuevo y cumplir así el triplete con el que llevaba amenazando desde que en 2011 se llevase el tríptico, ha sido el mejor momento para recuperar su feeling con el Cauberg. Haber triunfado en una etapa de la Vuelta reforzó su moral, pero necesitaba algo así, algo incontestable, donde no cupiera duda de ser el mejor en la ruta. Aquí sorprendió la forma, por valiente y arriesgada. Y necesaria.

La inteligencia siempre ha sido una característica primordial en su rol como ciclista. Lee las carreras como nadie y eso le favorece muchas situaciones tácticas en las que tiene mucho que ganar y pocas opciones de perder. En cambio, los rivales, que le marcan de cerca, y en ocasiones el no estar en un momento óptimo, le han lastado a la hora de cosechar todos los trofeos que hubiese podido conseguir.

Kwiatkowski, Valverde, Gerrans… malos rivales. Marcharse en solitario era lo más sensato, dado que el polaco y el australiano habían gastado mucho y que el español, pese a que es el mayor talento que nunca antes se haya visto en estas carreras, adolece de ese instinto táctico necesario para estas situaciones que deciden los triunfos. Así, el belga atacó en el momento justo, aprovechando el magnífico trabajo que su compañero Samuel Sánchez había realizado de forma previa, atacando para desgastar y seleccionar el grupo.

Cual Astérix con su brebaje mágico, Gilbert necesitaba del Cauberg, su montaña de resurrección, nunca mejor dicho en esta época del año. También pareció resucitar en el Campeonato del Mundo, donde la meta no se encontraba justo en la cima. Igual modus operandi: ataque repentino y poderoso; mismo resultado: miradas y dudas. Crédito renovado, ¿quién se atreve ahora a no darle como gran favorito de ahora en adelante cuando de una prueba de un día se trate?

L.S.

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