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INEOS: MÁS DE LO MISMO, CON ACENTO

Cuando en diciembre de 2018 Sky anunció su intención de abandonar el patrocinio del equipo ciclista, se abrió un período de especulaciones. Solamente tres meses más tarde ya no hay lugar a esas especulaciones. La escuadra de Dave Brailsford ya tiene nuevo patrocinador. Se trata de la empresa petroquímica Ineos.

Los nuevos patrocinadores, sobre todo en un deporte tan necesitado como el nuestro, suelen ser casi siempre bien recibidos. El problema es que esta vez, por increíble que parezca, la entrada de dinero al pelotón plantea dudas. Y es que en éstas estamos: ¿es beneficioso para el conjunto del ciclismo que una empresa como Ineos desembarque en el ciclismo de la forma en que lo ha hecho?

Ya hay voces destacadas que han asegurado que sí. Que toda entrada de dinero debe ser siempre aceptada con regocijo. Pero quien escribe no lo tiene así de claro. ¿Por qué? Porque ese dinero no va a ser repartido al conjunto de los actores de este deporte. Es más, parece que en principio va a contribuir aún más a que el reparto del pastel de los premios, y sobre todo de la publicidad, vaya a resultar más desequilibrado de lo que es en la actualidad.

No entraremos aquí en cifras pero Ineos ya ha anunciado que va a aumentar el presupuesto del que disponía la sociedad Tour Racing Limited (la escuadra deportiva de Brailsford) respecto a cuando lo patrocinaba Sky. ¿Qué significa deportivamente esto? Que si Sky ya fichaba a ciclistas que en otras escuadras perfectamente podrían ser jefes de filas para ponerlos a las órdenes de los jefes de filas de Sky, en el futuro esto podría todavía ir a más.

Si ya la supremacía que Sky ejercía en las grandes vueltas era grande, ahora incluso se puede acentuar. Y eso, lo tiene bien claro quien escribe, no es bueno para el conjunto del ciclismo

El hecho de que los ciclistas de Ineos vayan a ganar más dinero no tiene incidencia en que el resto de equipos vayan a aumentar los salarios de sus corredores. Qué más quisiéramos que fuera así, pero no lo es. Por otra parte, los sueldos de Ineos van a ejercer un “efecto llamada” que va a restar fuerzas a los equipos teóricamente contrincantes.

En todo este contexto, empresas que pudiesen tener algún interés en entrar a patrocinar un equipo ciclista, lo terminan perdiendo. Observan que, con un presupuesto que para esas empresas supone un muy importante desembolso, apenas van a obtener retorno publicitario ante rivales de la talla de Ineos. Se desincentiva su entrada. E incluso las empresas que ya están ahora en el mundo del ciclismo van a comprobar, si se cumple lo que se prevé sobre el papel, que el retorno publicitario que a partir de ahora van a obtener va a ser inferior que el de antaño con la misma inversión. Se desincentiva por tanto su permanencia.

Tampoco piensa quien escribe que el resto de dirigentes de equipos que no obtienen estas millonadas para sus equipos sean unos incompetentes. De sobra se sabe la dificultad que existe para encontrar un patrocinador. Y si fuera cierto que Brailsford ha encontrado varias empresas dispuestas a patrocinar su escuadra, y se haya visto casi obligado a “deshojar la margarita” para dilucidar por cuál se decidía, más parece que sea porque esas empresas estaban dispuestas a poner la pasta única y exclusivamente en el equipo de Brailsford. Y que no tenían absolutamente ningún interés en patrocinar a ningún otro equipo ciclista. Vamos, para que se entienda bien entendido, esas empresas solamente iban a apostar su dinero a “caballo ganador”.

Para que cualquier competencia deportiva suscite interés entre el público aficionado es premisa fundamental una cierta igualdad de fuerzas. Que haya emoción, que el deportista ganador no se conozca ya de antemano. O aunque haya claros favoritos, que éstos, en un momento dado, sean susceptibles de ser derrotados. Si durante una retransmisión televisiva, una carrera ciclista pasa a convertirse en un mero escaparate publicitario en el que unos deportistas exponen sus marcas publicitarias en sus maillots pero no hay apenas contenido deportivo que sustente esa exposición, el público al final acabará teniendo la sensación de que más que ante un programa de televisión está en “los anuncios”. Y claro, acabará haciendo zapping.

En suma, por el bien del conjunto del ciclismo, se impone un techo de fuentes de ingresos para los equipos. Es algo que la UCI debe abordar si quiere recuperar la credibilidad perdida con tratos de favor como el que realizó hace unos meses al equipo en cuestión.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN

@ranbarren

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