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La Camperona, el símbolo de una idea

El alto leonés se suma a las cimas escaladas por la Vuelta. Será la primera vez que una prueba ciclista surque sus rampas, por lo que el estreno de sus durísimas rampas será un acontecimiento para la comarca, pero también para el público y los amantes del ciclismo. En un momento histórico en el que las modas corren a la velocidad del vértigo y se reescriben los manuales del éxito, el ciclismo adaptado al siglo XXI es el que tiene más visos de funcionar. 

Por dos motivos fundamentales. Por un lado, está pensado para el tipo de atención que la población actual es capaz de dar. Por otro, es el único que asegura un mínimo de movimientos. Dentro de un ciclismo cada vez más monitorizado, una de las formas de romper las carreras es recurrir no sólo al doble dígito, sino buscar el límite de lo vertical.

El lado bueno es evidente, con un perfil muy atractivo para el espectador y condensación de todo el espectáculo en diez-quince minutos, tiempo que actualmente la gente pueda dedicar a ver un espectáculo deportivo que no es de su total interés. Hablamos, por supuesto, de un público más generalista, el que hace crecer o menguar las audiencias de forma importante y decisiva.

El lado malo también es evidente, y es que tiene un techo. La repetición causa el tedio, al igual que las maratonianas jornadas de montaña sin movimientos han perdido gran parte de su sentido (que no todo). Las rampas elevadas crean nuevos desarrollos y métodos de vencerlas. Una vez alcanzada esa meta, todas son accesibles para muchos corredores, el mérito desaparece y el efecto se pierde.

Los puertos cortos condensan a su vez esa emoción. Siempre da sensación negativa un puerto largo sin ataques hasta los últimos cinco kilómetros. Por contra, una subida corta donde se ataque a tres parece un espectáculo épico. Es un efecto óptimo, visual, que no real, pero la percepción es la que es. Hoy en día una buena opinión permanece hasta nuevo aviso, pero una mala…

Son los factores que guían este nuevo ciclismo del que las tres grandes son bandera. En concreto la Vuelta ha puesto de moda este concepto al que pese a resistirse con todas sus fuerzas se ha tenido que agarrar el Giro. El Tour lo ha aplicado a su manera, bien es cierto que con otros elementos.

Con menos de cinco meses para que dé comienzo el Giro, seis para el Tour y ocho para la Vuelta, sólo hay algo claro: en la Camperona entrarán de uno en uno, quieran los ciclistas o no. Independientemente de la participación, de si son más valientes o menos. ¿Hay otras recetas? ¿Cuáles? ¿De la misma efectividad?

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