,

LAS LUCES Y LAS SOMBRAS DE PETER SAGAN EN 2017

No resulta pero que nada fácil ponerle una nota a la temporada 2.017 de Peter Sagan. El eslovaco, y ese es su gran mérito, es un ciclista diferente. Y surge la duda. ¿Hay que juzgarle a Peter Sagan con los mismos criterios que al resto de ciclistas? O precisamente, por ser un ciclista muy distinto a los demás, ¿hay que juzgar su temporada con parámetros diferentes a los que hacemos con el resto de corredores?

Si diéramos por buena la segunda opción, la de valorar su temporada con criterios diferentes a la del resto de sus rivales, esto tendría a su vez dos consecuencias. Una positiva para el actual campeón del mundo: el reconocimiento implícito de que Sagan es “diferente”. Como ya hemos escrito arriba, su gran e indiscutible mérito. Pero por otro lado, la parte negativa para el interesado: el listón que le vamos a poner siempre va a estar situado por encima de las exigencias que les ponemos al resto de integrantes del pelotón.

La inmensa mayoría de esos integrantes del pelotón, por no decir todos, justificarían su temporada con la victoria en el Mundial en ruta. Pero, en el caso de Peter Sagan, su victoria en Bergen el pasado 24 de septiembre, ¿la justifica?

Con la desaparición en otoño pasado del equipo Tinkoff, una de las incógnitas más interesantes que se planteaban era conocer en qué escuadra iba a correr Peter Sagan esta temporada 2.017. Cierta parte de los aficionados al ciclismo quedamos un tanto decepcionados con la decisión del eslovaco. Esa parte, entendíamos que Sagan era un ciclista joven. Con unas enormes condiciones para este deporte. Y que su único objetivo, en este momento de su vida deportiva, debía ser “hacer palmarés”. Peter Sagan estaba en condiciones de elegir cualquier equipo. Por eso, esa parte de aficionados entendíamos que debió elegir la escuadra que más le pudiese ayudar en aquellas carreras que son objetivo del eslovaco. Sagan no priorizó, en una decisión totalmente respetable, esa opción y fichó por Bora Hansgrohe. Y efectivamente. Como se esperaba, Sagan, en demasiados momentos de la temporada, se ha encontrado muy sólo en los momentos decisivos de las carreras marcadas por él como sus objetivos. Y a la vez, rodeado de numerosos rivales. Rivales que tenían muy claro, pero que muy muy claro, que la rueda a seguir era la de un ciclista vestido con un maillot arco iris.

Los marcajes a los que Sagan ha sido sometido durante gran parte de las carreras que ha disputado han sido desquiciantes. Pero eso era algo que lo debía de saber de antemano; algo con lo debía haber contado para preparar su mente a tomar decisiones acertadas en momentos decisivos de las carreras envuelto en esas circunstancias. Sagan debía ser consciente de que, eligiendo el que equipo que eligió el pasado otoño, podría encontrarse en inferioridad numérica respecto a sus rivales en numerosas ocasiones. Ser consecuente con ello. Ese aspecto, llamémosle psicológico, se puede entrenar. Y Sagan no ha dado la impresión de estar preparado para soportar tanta presión.

En Gante-Wevelgem se ofuscó con el marcaje de los Quick-Step y dejó incluso que Greg Van Avermaet se marchara por delante. Siete días más tarde, durante la disputa del Tour de Flandes, cayó junto a Van Avermaet. Pues bien; mientras el belga se levantó en seguida y siguió hacia delante, Sagan anduvo unos cuantos segundos sin saber qué hacer, sin que aparentemente tuviera ninguna lesión que le impidiese intentar continuar. El culmen de la ofuscación llegó con aquel codazo a Mark Cavendish –que por supuesto tampoco es ningún santo- en el Tour, y que conllevó la merecida expulsión del eslovaco. Bien es verdad que en algún momento de la temporada de clásicas tuvo verdadera mala suerte. Su pinchazo camino de Roubaix, a falta de más de 70 kilómetros de carrera, con una situación estratégica totalmente favorable, nos privó de lo que pudo llegar a ser una antológica cabalgada del eslovaco, superando incluso a la de Gilbert siete días antes en Flandes. Pero también es cierto que un pinchazo es una circunstancia de carrera… más en una París-Roubaix.

No sólo es esto.

Sagan da la impresión de correr muchas veces con la obligación de cumplir con un añadido. El mostrarse ante los aficionados como el ciclista más ofensivo del pelotón, pase lo que pase al final, cueste lo que cueste…Como que el propio Peter Sagan se hubiese autoimpuesto a sí mismo un papel que debe representar hasta el final. Como que tuviese la obligación de mostrar, en todas, en absolutamente todas las carreras que disputa, su superioridad. En muchas carreras es él y no otros el que pasa a la ofensiva. No sólo eso. Una vez conformada la escapada, es él quien más relevos da. Corriendo de cara a la galería pero sin cabeza. Porque muchas veces, si esa escapada no logra llegar a meta, es el propio Sagan quien con su magnífico sprint es también el máximo favorito para vencer, como sucedió el mes pasado en el Mundial de Bergen. Esta forma de correr intentando mostrar constante e insultantemente su superioridad, puede incluso ser entendida por algunos rivales como una falta de respeto hacia ellos.

Peter Sagan es sin lugar a dudas el ciclista más mediático del mundo. Quizás de la historia, por su convivencia en este momento histórico con las grandes posibilidades tecnológicas de la información global. Pero una cosa es ser un ciclista mediático, y otra es ser un mito del ciclismo.

Quizás Peter Sagan esté intentado saltarse un escalón. Intentar vender una determinada imagen. De ciclismo de ataque, de actitud, de “imagen”, etc, etc. Pero eso le convertirá –que ya lo es- en un ciclista mediático.

Pero para ser un mito del ciclismo, el camino está mucho más claro, aunque es infinitamente más difícil. El camino es ganar carreras, “hacer palmarés”. Es con lo que en la actualidad los aficionados al ciclismo acostumbramos a “medir” quién es quién en la Historia del ciclismo. Y con lo que probablemente los aficionados futuros lo seguirán haciendo. Es ése el escalón que el ciclista eslovaco no debe saltarse.

En opinión de quien escribe, Peter Sagan debe correr con más cabeza. Olvidarse de representar supuestos papeles ante la afición y centrarse en “ganar carreras”, que por supuesto no es poco. Aprender a respetar a sus rivales y contentarse con ganarles, que tampoco es poco.

Su triunfo en el reciente Mundial de Bergen, el tercero consecutivo, le acerca más al Olimpo. ¿Qué ha necesitado Peter Sagan para ello? Simplemente esperar a jugar su baza. Aprovechar el que otros le hicieran la carrera, a falta de que su selección tuviese capacidad para hacerlo. Y con esto no quiero decir que siempre Sagan deba adoptar tácticas conservadoras. Simplemente hablo de adecuar su táctica a las circunstancias de cada carrera y olvidarse de acudir a las carreras a representar un determinado papel. La primera obligación de un ciclista es intentar ganar la carrera. Todo lo demás es secundario a ello. No perdamos la perspectiva.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN

@ranbarren

2 Responses
  1. No estoy de acuerdo, en san remo le salió mal, y en el pavé no le acompañó la suerte en ningún monumento (bici rota en Flandes, por eso no sigue como GvA). Lo del tour, es caso a parte, la expulsión es debatida y no le veo tan “guarro” como cavs. El resto del año pues él contra todos, y aun asi el ciclista con más victorias en protour. Sí ha de reforzar el equipo, pero no es fácil tener un quick-step. A mi gusto solo falló en el ultimo km de san remo, resto del año con positivos y negativos, temporada notable.

  2. ¿Y por qué no intenta ganar una grande? Si se vuelca en ello y le hacen un buen equipo de gregarios podría conseguirlo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *