Los tres peores días de Ivan Basso

La carrera del líder de Cannondale ha pasado por varias etapas. Una primera brillante, lenta, progresiva y segura en la que su evolución como corredor fue de menos a más, escalando posiciones en las grandes vueltas, su coto favorito, para convertirse en gran favorito y en uno de los ciclistas punteros del mundo. Su segunda etapa fue la más oscura, la que le llevó al ostracismo y a la sanción deportiva. La tercera su renacer, la más bella. 

En cada una de esas etapas ha vivido varios días que cualquier deportista querría olvidar. El primero de ellos tendría lugar en el Giro 2005. Comenzó como el gran candidato a llevarse la maglia rosa en Milán y así lo fue confirmando con varias actuaciones magníficas. Sin embargo, se enfrentaría a un monstruo que podría con el considerado mejor corredor de tres semanas justo después del dominador Armstrong.

El Stelvio y una enfermedad estomacal le empujarían a ceder el liderato. En sus rampas fue donde cedió la posibilidad de ganar su primera ansiada grande, algo que el aficionado italiano le reclamaba. La rabia le llevó a ganar dos etapas de forma posterior, lo que le dejó cierto buen sabor de boca.

Una situación parecida vivió en la pasada Vuelta. El puerto de Envalira nunca ha sido considerado un coloso por sus rampas, sino por las distintas circunstancias que se viven en el puerto. En septiembre se dio un día de frío repentino que hizo pasar a la caravana de 30 grados a menos de 5 en la cima del techo andorrano.

Basso empezó a temblar, como gran parte del poco previsor pelotón. La etapa estaba siendo una locura debido al agua y a la prisa por los contendientes a terminar. El de Cannondale perdía la estabilidad sobre la bicicleta y no sólo por la dificultad del descenso, sino por hipotermia, imposibilidad de frenar, de apretar el freno. Afirmado por él, nunca se había visto en una situación similar aún siendo uno de los más veteranos del pelotón.

El tercer día negro de Ivan Basso tuvo lugar en mayo de 2007. La Operación Puerto estalló doce meses antes, precisamente con el entonces líder del CSC de rosa en el Giro de Italia que ganaría de forma arrolladora. El CONI encontró prueba en los indicios que se presentaron y sancionaron al deportista, que vio reducida dicha sanción gracias a su confesión.

Dos temporadas después volvería a la carretera y de forma exitosa. No tardaría mucho en resarcirse y ganar una grande, que le supo mucho mejor que su primera vez. De rosa en el Arena de Verona levantó el trofeo que le proclamaba vencedor no sólo del Giro, sino de una historia en la que ha sabido reconstruirse y seguir adelante pese a los obstáculos.

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