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Una visión sobre Kwiatkowski (y II)

En el caso de Kwiatkowski todo el mundo parece coincidir en que su 1º objetivo deben ser las clásicas, tras ser en 2014 podio en Flecha Valona y Lieja, y vencer la Strade Bianche. Sobre este asunto mi modesta opinión es que Kwiatkowski para ganar clásicas con el maillot arcoíris, debe subir su nivel de prestaciones.

Quizás no de forma considerable, pero soportando al  marcaje al que tradicionalmente es sometido el portador del maillot de campeón del mundo, no le va a llegar con ser uno de los más fuertes. Sino que deberá ser el más fuerte. Y eso hasta la fecha no ha demostrado serlo nunca en una clásica monumento o de 1º orden por tradición. Por poner un ejemplo, y aunque es una mera intuición dada la forma tan conservadora con que se corre actualmente pruebas como la Lieja, en caso de establecerse una batalla de resistencia en esta clásica, creo que ciclistas como Valverde, Gilbert o Daniel Martin por citar 3 vencedores de la carrera, cuentan con un punto más de consistencia.

Por analogías, Bartoli en 1995 era un corredor muy versátil y prometedor, capaz de brillar en carreras de adoquín, en clásicas montañosas, o desempeñar un gran papel en una ronda por etapas como la Vuelta, donde brilló en cimas como Cerler, y tuvo un notable rendimiento en contrareloj. Pero para comenzar a ganar de forma convincente en grandes escenarios, le faltaba un punto más. Tanto físico, como mental. Ambos los consiguió al fichar con 25 años para la temporada 1996 por el Maglificio del “sargento de hierro” Giancarlo Ferreti, terminando la campaña en el top 5 del ranking UCI, junto con Laurent Jalabert, Alex Zulle, Bjarne Riis y Johan Museeuw, habiendo vencido el Tour de Flandes de forma imperial, y subiendo al podio del mundial. En el caso de Vandenbroucke, su traspaso de MAPEI a COFIDIS, supuso su estreno como jefe de filas de un equipo de 1ª línea. Venció la Het Volk, la Lieja, fue el más fuerte del Tour de Flandes y la Paris Niza a pesar de no poder vencer las competiciones…y bueno…el rendimiento de 1999 de Frank Vandenbroucke con el colofón de la Vuelta a España, ha dado pie para no pocos debates entre los aficionados al ciclismo, y aunque es tentador desviarse mejor dejarlo aquí.

Para dar ese pequeño salto que estos corredores dieron, y Kwiatkowski aún debe dar, es muy importante el grado de ambición del ciclista. El deseo de demostrar su valía. De querer reivindicarse ante todos y ante todo; de ser incluso algo impaciente. De tener hambre de victoria. Y tener mucha confianza en uno mismo, en su talento y su potencial. De todo ello Vandenbroucke iba sobrado. Bartoli tenía ambición, pero le faltaba la confianza de creerse un nº 1…y para lograrla fue capital enrolarse en un equipo con un director ganador, y que jamás se anduvo con rodeos sobre si un ciclista joven debe ir a las carreras a “aprender” a “divertirse”. Si un ciclista demostraba poder pelear los puestos cabeceros…para Giancarlo Ferreti ya no había diversión que valiera. Había que ir a por la victoria.

Me llama poderosamente la atención en este caso, el cómo Patrik Lefevre, máximo responsable del ETIXX-Quick Step, y una verdadera institución en el mundo del ciclismo profesional, insiste en el discurso de que Michal Kwiatkowski es muy joven, y por tanto debe correr sin presión, sin agobiarse con los resultados al menos un par de temporadas, para luego ocupar su posición como líder del equipo. Yo insisto, soy escéptico respecto a esta política. Esa fue una de las razones por ejemplo por las que Frank Vandenbroucke abandonó MAPEI, (el gran error de su vida deportiva y casi de la no deportiva también). Cuando un ciclista explota como ganador, debe ser consciente de que las carreras, hay que salir a ganarlas, porque ese es su trabajo. El trabajo de un ciclista es competir, el trabajo de un campeón es GANAR. Lo de salir a divertirse, es un discurso que creo resulta completamente contraproducente para un corredor joven con grandes cualidades. No puede traer nada bueno. El ejemplo lo tenemos en el eslovaco Peter Sagan…acabas divirtiéndote demasiado, y comienzas a tomarte a cachondeo según que carreras, pensando que el ciclismo son acrobacias, circo y demás parafernalia entre aplausos y vítores de fans.

Esa filosofía de “salir a divertirse” además repercute negativamente sobre el instinto ganador del ciclista. Un campeón no va a las carreras a divertirse…no va a las carreras a “tratar de hacer un buen papel” “aprender”, y “disfrutar” y demás frases y expresiones gastadas por repetidas en el lenguaje deportivo…un campeón sale A GANAR. A los 22, a los 23 y a los 40 años. Y cuando un campeón se da cuenta de que no puede ganar, se retira. Este asunto, repercute igualmente en las ganas de trabajar, y en la forma de asumir con responsabilidad un papel de relevancia en una estructura. Y ese mensaje que se utiliza demasiado a menudo en no pocos equipos, generalmente es uilizado de forma irresponsable por los directores y los corredores, que se quedan esperando a que por acción de la providencia, las carreras caigan del cielo con el simple discurrir de los años, “tengo 24 años…pero a los 26 seguro que si ahora estoy quedando 3º, en 2-3 temporadas, estoy quedando 1º”. Esto es una conclusión absurda sin pies ni cabeza. Yo temo, aunque realmente no puedo saber si acertada o equivocadamente, que esta actitud condescendiente de Lefevre, sea un claro signo de falta de capacidad para encauzar la trayectoria de Kwiatkowski.

Un detalle que personalmente considero puso de manifiesto este temor, es la preparación del Tour de Francia del pasado año, cuando se desveló que Kwiatkowski jamás en su vida ha hecho una concentración en altitud ni nada que se le parezca, y que no las iba a realizar de momento. Hoy en día, ese ya es un síntoma por un lado de falta de previsión en el seno de su equipo, (que roza la insensatez), y en 2º lugar lo necesario que es comenzar a trabajar desde ya de una forma más seria y ambiciosa, con un ciclista que cuenta con ciertas carencias todavía como para pensar que las victorias importantes van a llover del cielo cuando tenga 27 años. Debe ganar consistencia. Trabajar como si fuera peor de lo que realmente es. Y ser ambicioso. Michal Kwiatkowski está en los años más importantes de su trayectoria profesional si no de cara a su palmarés, que podría ser también, si de cara a mejorar y pasar de ser un magnífico corredor, a ser uno de los mejores o quién sabe si el mejor en no pocos terrenos. Está por ver si su equipo sabe estar a la altura de la clase del ciclista, que es algo que al menos yo doy absolutamente por supuesto.

Izoard

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