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1934. LA PRIMERA CRONOMETRADA INDIVIDUAL

La presente edición 2019 del Tour de Francia constará de 54 kilómetros cronometrados. Estarán repartidos a partes iguales: 27 por equipos en la segunda jornada en Bruselas, y otros 27, estos ya individuales, en Pau, y cuando todavía falten ocho etapas para la conclusión en París del Tour. Más todavía. En esas ocho etapas restantes, se incluyen buena parte del paso por los Pirineos y todo, absolutamente todo, el paso por los Alpes.

No es novedad. Es una tendencia clara de los últimos años. ASO, tanto en la Vuelta a España como en el Tour de Francia, ha apostado por reducir la incidencia de los kilómetros cronometrados en la resolución de sus carreras más importantes. Prefiere guardar casi toda la traca para las últimas etapas montañosas. Parece que busca la emoción; que el Tour no se haya resuelto hasta esos días finales. Aún a riesgo de que los y las espectadoras debamos pagar una penitencia: aburrirnos bastante durante muchas de esas etapas anteriores. Acentuado todo esto, por lo demás, merced al dominio implacable que ha ejercido en las últimas ediciones el equipo británico Sky.

Sin embargo, retrotrayéndonos 85 años, hasta el Tour de 1934, comprobaremos que Henri Desgrange buscó, precisamente en la cronometrada individual, romper con la monotonía. Paradojas de la vida…

La disputa de la primera contrarreloj individual del Tour de Francia, en aquel 1934, cabe enmarcarla en el contexto del sinfín de pruebas con las que experimentaba Desgrange para hacer esta carrera más atractiva. Había experimentado, en lo relativo a la agrupación de los ciclistas, tanto con equipos comerciales como nacionales. Había introducido la caravana publicitaria en 1930. Incluso en 1927 experimentó con etapas en las que los equipos partían separados unos de otros por un lapso de 15 minutos.

Era una época donde no existían ni el tren TGV ni los grandes aviones para hacer traslados. Desde los grandes cols, ya fuera en los Pirineos o en los Alpes, restaban muchos kilómetros hasta la conclusión de la carrera en París. En esas etapas de acercamiento hasta la capital reinaba el aburrimiento. Los ciclistas se acomodaban a la sentencia que había dictado el paso de la carrera por las dos grandes cordilleras. El único que se rebelaba era el propio Henri Desgrange.

Odiaba Desgrange ese acomodamiento. Su voluntad era que la clasificación aún sufriese cambios. Así que se puso a pensar y se decidió por la cronometrada individual. No como una etapa en sí misma., sino como un “segundo sector” de una etapa en línea. Esa etapa en línea se disputó entre los 81 kilómetros que separaban La Rochelle de La Roche sur Yon, y en la que venció al sprint René Le Grevès.

Curiosa fue la manera en que Desgrange resolvió el tema del orden de salida de los ciclistas en la cronometrada posterior: primero partirían los clasificados en los puestos impares de la general en orden inverso a esa clasificación. De esta manera, el líder Antonin Magne lo hizo el vigésimo de los 39 corredores que en ese momento quedaban en carrera. Tras de él partieron aún los diecinueve ciclistas clasificados en puestos pares, segundo clasificado incluído, el italiano Giuseppe Martano.

Esa primera cronometrada se corrió entre los 90 kilómetros que separaron La Roche sur Yon de Nantes. Tomaban la salida los corredores separados por un intervalo de 2 minutos. Mediado el recorrido debían pararse en Thouaré sur Loire al objeto de firmar la entonces fija hoja de control y luego continuar hasta Nantes.

El farolillo rojo hasta ese momento, el piamontés Antonio Folco, tuvo el honor de inaugurar esa primera cronometrada. Lo hizo de forma precipitada. Cinco minutos después de haber concluido la etapa previa en línea, Folco ya estaba disputando la contrarreloj. Sin embargo, Desgrange quería añadir majestuosidad al evento. Y así, pese a las prisas, antes de que partiese cada corredor sonaba su respectivo himno nacional.

La cronometrada se la adjudicó Antonin Magne, que aventajó en un minuto y seis segundos a Roger Lapébie, pese a que éste sufrió un pinchazo durante el recorrido. Poco más de dos horas y media empleó el futuro ganador de aquel Tour en recorrer aquel trazado. Magne mantuvo de esta manera el liderato del que disfrutaba desde la segunda etapa del Tour. Pero con su extraordinaria prestación, Lapébie sí que arrebató el tercer puesto de la general a René Vietto. Así, Desgrange se dio por satisfecho y el experimento se repitió en futuras ediciones.

De hecho, ese experimento ha llegado casi hasta nuestros días. Se siguen disputando cronometradas en la víspera del atraque del Tour en París. E incluso en el propio París, como la de 1989. Otra cosa es que, con la reducción de kilometraje, vayan resultando cada vez menos decisivas.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN

@ranbarren

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