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ANÁLISIS PCM: MAGNÁNIMO PETER SAGAN

El eslovaco que lidera al Bora, no necesita presentación, es un genio, un ciclista que por su potencial y carisma, únicamente puede ser un ídolo de masas.

Y es por ello, por lo que el marcaje de sus contrincantes y la exigencia a la que le sometemos, es máxima.

Como diría un amigo mio, nos encontramos ante un deportista del Renacimiento, tanto por su polivalencia, como por sus ganas de hacer lo que le venga en gana, sea cual sea el escenario en el que se encuentre.

Las clásicas del norte, no estaban siendo todo lo buenas que los seguidores del arcovaleno  deseaban. Es más, pese a encontrarse en la pomada de todas ellas, con excepción del E3 Harelbeke, en la que se desentendió de la resolución final, sus seguidores, pedían a gritos victorias, ver a su mesías en los alto del pódium, recibiendo honores dignos del César.

Y su ídolo, que otra cosa no será, pero valiente lo es un rato largo, les ofreció a modo de aperitivo una Gante-Wevelgem, que ni mucho menos sació el hambre y las ansias de gloria de la turba saganista.

Flandes se le escapó entre los dedos y el crédito del tricampeón del mundo, increíblemente parecía agotarse. Error.

Peter Sagan, como si la cosa no fuera con él, se plantó en la salida de Compiègne, con una premisa, ganar. Y cuando el eslovaco dice voy a ganar, el pelotón ya puede agarrarse fuerte, ya que la embestida va a ser de órdago.

No seré el único que se tragó la retransmisión entera de L´Enfer du Nord y gracias a esto, valoro en su justa medida la manera en la que se logró formar la fuga del día, tras una batalla sin cuartel, que duró bastante más de lo que muchos hubieran querido.

Es por ello, por lo que disfruté de ver a un atrevido Marc Soler, que por empeño y calidad, se coló en la citada fuga, que marcaría y mucho la carrera.

Junto al espigado Movistar, se escaparon del pelotón, el barbas Geoffrey Soupe de Cofidis, Jay Robert Thomson de Dimension Data, el siempre combativo  Gatis Smukulis de Delko Marseille,  Sven Erik Bystrom de UAE Team Emirates, Jelle Wallays  de Lotto-Soudal, Jimmy Duquenoy y  Ludovic Robeet  ambos de WB Aqua Protect Veranclassic y el hombre que se ganó un hueco en el corazón de todos, el campeón suizo Silvan Dillier de AG2R-La Mondiale.

Un grupo que remó a base de bien sobre el asfaltó y fue librando con mucho empeño los diferentes tramos de pavés, que uno a uno robaban miembros a la fuga.

Todo el espectáculo del día, el acercamiento al bosque de Arenberg, con el ataque de figuras como Mike Teunissen y Philippe Gilbert. La posterior ofensiva de Zdenek Stybar, incluso el ataque de Peter Sagan que desbarataría los planes hegemónicos de Patrik Lefevere y su Quick Step, incluyendo la imposible persecución llevada acabo por Greg Van Avermaet, Sep Vanmarcke, Jasper Stuyven o Niki Terpstra, todo esto, quedó ensombrecido de gran manera, por el infortunio.

Fruto de una parada cardiaca en plena carrera, fallecía a la edad de veintitrés años, el belga Michael Goolaerts militante de la escuadra Veranda’s Willlems.

Lo que tenía que ser un día de fiesta, mediante el cual el aficionado disfrutara de un espectáculo que en si, sí que tuvo lugar gracias a la exhibición de Sagan y las agallas de Dillier, quedó sumido en la tristeza que embarga el ambiente cuando una persona con toda la vida por delante nos deja.

En lo meramente deportivo, Peter Sagan pasó por encima de sus rivales. Pese a saberse más rápido que ellos, quiso dejar claro que su estado de forma era súper. Le vimos pasar con asombrosa facilidad, los primeros tramos empedrados y atacó en el momento preciso, justo en ese instante de calma que viene después de que tengan lugar varias embestidas.

Lo que vino después, fueron más de cincuenta kilómetros de espectáculo, rodando con aparente facilidad sobre el asfalto, pavés o los bordes de tierra. En ese trayecto, el último superviviente de la fuga del día, el helvético Silvan Dillier, vio una clara oportunidad de inscribir su nombre en el pódium de Roubaix y con gran empeño, se agarró a esa idea con uñas y dientes. Darlo todo es poco, a la hora de describir la actitud del ciclista de AG2R-La Mondiale, ya que hasta el final y con más corazón que patas, entro al relevo de su compañero de fatigas y máximo favorito.

Como se ha escrito y comentado en los diferentes círculos ciclistas, Sagan necesitaba una Roubaix en su palmarés y la Roubaix necesitaba a Sagan en el listado de sus vencedores.

¿Qué más podemos exigir a Peter Sagan?

Únicamente que alargue su leyenda.

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