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El duelo Jalabert - Pantani del Giro 1999

Marco Pantani se plantaba en aquella edición sin saber a lo que se iba a tener que enfrentar. De hecho, la dureza del Giro’99 daba por hecho una victoria aplastante del ganador en ejercicio de los últimos Giro y Tour. Pese a que la clasificación general muestra otra realidad, el gran rival del italiano fue Laurent Jalabert.

Si bien Savoldelli obtuvo buena renta el día de la Fauniera, el compatriota de Marco siempre anduvo a una distancia prudencial. Sin embargo, durante media carrera el de la ONCE se plantó como la firme oposición, como el candidato al rosa más serio tras el ‘Pirata’. La madurez del francés le hizo conocer sus debilidades y sus fuertes. De ese modo aprovechó los terrenos en los que podría tener cierto margen con respecto a Pantani, todo lo que no fuera alta montaña.

Sin prólogo, la ventaja la tenía que comenzar a obtener en los finales en repecho que  alternaban sprints masivos con sprints en cuesta, justo la especialidad de ‘Jaja’. En la tercera etapa de Terme Luigiane se impuso con facilidad. El rosa le llegaría tras el Monte Sirino, donde se impuso el Kelme Chepe González.

El rosa le duraría hasta el Gran Sasso, donde por escasa diferencia el gran ciclista campeón de la Vuelta de 1995 estuvo cerca de aguantar la preciada prenda. Esperaba la crono de Ancona, no muy larga, pero propicia a Jalabert. Ganó y el ‘Pirata’ se dejó escasa diferencia, aunque tuvo tiempo de darse el gusto de doblar al Chava Jiménez.

Cesenatico recibía la 11ª etapa, con Jalabert de líder y Pantani aún dudando  de sus opciones. Sólo la Fauniera y su dureza pudo separar a ambos en la general. Y todo por una arrancada alocada de Jiménez y la dura respuesta del líder del Mercatone. La pájara de la entonces maglia rosa fue tan importante que se dejó las opciones de victoria final. Era la etapa número 14, dos semanas de emoción y pelea por el primer puesto.

Aún quedaría una escena extraña. Marco, con la carrera en el bolsillo, pincharía con la carrera lanzada camino del Santuario de Oropa, que volvía tras el cercano descalabro de Indurain en el 93. En la subida tensaba un nervioso Jalabert, erigido como el gran rival y la alternativa, aunque no estuviese tan bien clasificado. Pantani cogió ritmo y alcanzó uno a uno a sus rivales, dejando de rueda al francés, venciendo la etapa y dejando claro quién iba a llegar de líder a Milán.

Aún Jalabert ganaría la etapa de Lumezzane, pero de nada serviría. Pantani le vigilaba hasta en las pequeñas cuestas. En la crono volvió a recortar tiempo, pero ya no el suficiente para adelantarle en la general. Después sucedería lo que todos sabemos, pero el duelo fue bonito mientras duró.

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