El estrés y la bicicleta

Continuamos con la serie de artículos en los que estamos describiendo las variables psicológicas que influyen en el rendimiento deportivo. En esta ocasión, vamos a detenernos en el estrés.

Como sucede con muchos términos psicológicos, se usa indiscriminadamente en
una gran variedad de situaciones y momentos, pero realmente pocas veces se
sabe qué es en realidad. Podemos definir el estrés como la respuesta del organismo ante situaciones, internas o externas, que percibe como amenazantes, y supone la movilización de recursos fisiológicos y psicológicos para hacerlas frente.

Por lo tanto, el estrés no siempre va a ser algo negativo como se cree, ya que también puede ser una respuesta adaptativa positiva para nosotros (por ejemplo tratar de prepararse mejor ante el miedo a hacerlo mal o perder, hacer tablas de estiramientos cuando estamos entrenando muy fuerte para no lesionarnos y recuperar mejor, etc.)

El exceso de estrés cualitativo y/o cuantitativo, por tener que afrontar situaciones que lo provoquen, sumado a que no tengamos los recursos suficientes para enfrentar la situación adecuadamente, dará lugar a una situación de agotamiento que va a afectarnos negativamente principalmente en el rendimiento y a más largo plazo incluso en la salud física y mental.

A menudo se cree que hay situaciones que van a provocar estrés siempre, y realmente no tiene por qué ser así, ya que en último término, la valoración subjetiva que hacemos, es la realmente importante. Es lo que hace que para algunos haya situaciones tremendamente estresantes y afecten muy negativamente, y para otros en las mismas condiciones, sea algo estimulante, lo vean como un reto y su rendimiento sea incluso superior al esperado.

Por lo tanto, el valor que damos a la situación en ese momento, es el que va a hacer que el estrés que nos produce sea adaptativo o no y repercuta de uno u otro modo en nuestro funcionamiento posterior. Poniendo un ejemplo, ante una carrera importante, el ciclista que lo percibe como algo atrayente y que cuenta con recursos para poder afrontarlo, el estrés en este caso le va a hacer prepararse mejor, cuidarse más, estar más centrado, etc. mientras que el ciclista que lo perciba como algo amenazante para su seguridad, el estrés va a acabar seguramente provocando ansiedad o miedo, con respuestas como la evitación, una peor preparación y un rendimiento muy por debajo de lo esperado.

Hablamos por tanto de situaciones potencialmente estresantes, ya que va a depender de la valoración subjetiva de cada uno de nosotros, y éstas pueden dividirse en grandes eventos (por ejemplo participar en la QH o en un campeonato de España), eventos más prolongados (por ejemplo un circuito de carreras o un Open o las salidas de cada Domingo con el Club) y los hassless o fastidios, que son los eventos menores, pero que sumados pueden provocar un estrés prolongado (por ejemplo rendir mal un día en una carrera o entrenamiento, no poder entrenar todo lo que se quiera, averías continuas, etc.). Todas ellas pueden causarnos estrés tanto si son positivas como negativas y tanto por exceso como por defecto.

Las respuestas que provoca el estrés implican un aumento en la activación orgánica y psicológica para mejorar la percepción de la situación, para  procesar más rápido la información, para buscar soluciones y para actuar de forma eficaz.  Si la respuesta es muy frecuente, duradera e intensa y exige al organismo un ritmo constante de activación por encima de sus posibilidades, puede tener consecuencias negativas y  producir deterioros.

Los efectos fisiológicos que puede originar el estrés negativo son por ejemplo trastornos gastrointestinales, trastornos cardiovasculares, trastornos musculares, etc. Y los efectos psicológicos pueden provocar por ejemplo trastornos del sueño, trastornos de ansiedad, fobias, drogodependencias depresión y otros trastornos afectivos, trastornos de la alimentación, etc.

Las manifestaciones del estrés van a ser por tanto, ansiedad, hostilidad, depresión, agotamiento psicológico y estado positivo de sobre alerta y búsqueda de recursos. Si observáis cada una de ellas detenidamente y como ya hemos comentado anteriormente, no siempre va a ser algo negativo.

Antes de acabar, tened en cuenta que lo que hemos explicado es el estrés que provoca la bicicleta, por el hecho de competir, de prepararnos para alguna marcha importante, por andar bien dentro de nuestro grupo de amigos o club ciclista, por superar un reto personal, etc. y que nada tiene que ver con el salir en bicicleta para aliviar el estrés que nos provoca el trabajo, los problemas familiares o de pareja, etc.

Dedicaremos más adelante en otro artículo, de un modo más pormenorizado, cómo aprender a manejarlo y que nos afecte lo menos posible en nuestro rendimiento.

“El control sobre sí mismo es la facultad de seleccionar los pensamientos para convertir en actos sólo los convenientes” (E. Manero).

Samuel Arroyo  www.psicologiamtb.com

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