El misterio de Rein Taaramae

El estonio fue en su momento una de las apariciones más atrevidas del pelotón. Era atacante, valiente, bravo, épico… y además capaz de conseguir buenos puestos y pelear victorias. Un compendio de las características que tendría un ciclista de los que hoy en día se echa en falta. Sin embargo, sus dos últimas temporadas han estado repletas de misterio y desconcierto. ¿Qué le pasa a Rein Taaramae?

El ciclista de Cofidis ha sufrido más de un contratiempo que le ha apartado durante algún tiempo de la competición. El mejor ejemplo fue la mononucleosis que sufrió en marzo de 2012, que interrumpió un inicio de temporada bastante bueno, con un segundo puesto en la Ruta del Sol y alguna actuación brillante en París-Niza. Desde aquel mes de marzo a la Dauphiné en junio no gozó de continuidad.

En 2013 la cosa fue peor. Salvo el Campeonato de su país, donde ha encontrado rival en Tanel Kangert, los resultados arrojan una muy mala temporada. Parecía que volvía el gran Rein en el GP de Cholet, donde fue 3º, pero desde ahí su mejor posición fue el séptimo lugar obtenido en la llegada a Valmorel en Dauphiné. Terminó el Tour, sin brillo.

Su mejor victoria la ha obtenido en la Vuelta, un triunfo que la fortuna y su ímpetu le habían robado en 2009, camino de Xorret de Catí. Los conformantes de la fuga que llegó a sus rampas y se iba a disputar la etapa sabían del potencial de Taaramae en montaña. No tardó en darles la razón y marcó un ritmo que nadie podía seguir. En esas condiciones, ya había ganador. Sin embargo, el ciclista de Tartu no midió bien su esfuerzo y pecó de valiente, quedándose vacío a escasos metros de la cima.

Gustavo César Veloso, gallego y completo, le alcanzó, arrebatándole la gloria por la que tanto estaba luchando. El destino y la fortuna, caprichosos, le iban a recompensar. Era otra Vuelta, la de 2011. La etapa reina finalizaba en La Farrapona, un nuevo puerto ascendido el día antes del temido Angliru. Los favoritos estaban muy cansados, lo que fue aprovechado por un Cobo imperial para arrancar con fuerza. En cabeza marchaban el ciclista de Cofidis y De la Fuente, compañero del cántabro. Estando la Vuelta en juego, el gregario del Geox se dejó caer para ayudar al futuro maillot rojo.

Con ese golpe de suerte, el estonio se encontró con una victoria que la Vuelta le debía. Tras haber sido 11º en el Tour de aquel año, parecía que el equipo francés tendría en él a una de las estrellas del futuro en las grandes rondas. En cambio, todo se torció.

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