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El mítico Alberto Fernández

Presente edición tras edición dando nombre a la cima más alta de la Vuelta, el “galleta” fue un magnífico corredor que vio truncada su vida en lo más alto de su carrera deportiva.

Uno de mis primeros recuerdos de ciclismo son las lágrimas de mi hermano mayor en la derrota de Alberto Fernández ante Caritoux. Famoso por perder la Vuelta ante el desconocido corredor francés (cuyo palmarés se completaría posteriormente con dos campeonatos de Francia) en la edición con una menor diferencia de la historia, la corta carrera deportiva de Alberto Fernández estuvo plagada de triunfos hasta que un fatal accidente de tráfico segó su vida y la de su mujer cuando contaba con 29 años y gozaba de una madurez que auguraba sonados éxitos. No en vano contaba con 30 victorias en su palmarés, siendo junto a Pedro Delgado y Marino Lejarreta el mejor exponente de nuestro renacido ciclismo de los años 80.

Y es que Alberto era un gran escalador y se defendía con suficiencia en las cronos, siendo un corredor completo que se adaptaba perfectamente a las vueltas. Con estas características no sorprende que en su palmarés observemos las prestigiosas Vuelta a País Vasco, Volta a Cataluña o Vuelta Asturias y tres pódium en grandes Vueltas, dos en la Vuelta (2ª en 1984 y 3º en 1985) y otro en el Giro, donde fue tercero en 1983.

Mil y una veces se ha hablado de la Vuelta 1984, donde Caritoux consiguió retener un maillot logrado en una escapada camino de Rassos de Peguera, resistiendo los ataques de Alberto en la montaña y en la contrarreloj final, donde partió con 37 segundos de ventaja, de los cuales Fernández sólo pudo recortar 31. Es por ello que nos centraremos en otras de las grandes actuaciones del “galleta”.

En la Vuelta de 1983 fue el tercero en discordia tras Hinault y Lejarreta, ganando la etapa de Castellar de Nuch y siendo líder durante tres días. Tuvo más que palabras con el “tejón” en varias etapas, pero falló en el momento decisivo de la mítica etapa de Serranillos, donde no pudo aguantar el empuje de Bernard y Marino, de los que llegó a 4 minutos, quedando relegado al tercer escalón del pódium. Tras ello afrontó el Giro, que contaba con un recorrido que le iba muy mal, empezando por los 70 km en contrarreloj por equipos en los que el Zor se dejó dos minutos, y siguiendo con una montaña escasa y grandes bonificaciones que favorecían a Saronni. Alberto fue el mejor en la montaña, ganando en dos de los tres suaves finales en alto (Campitello Matese y Colle de San Fermo), lo cual no fue suficiente para remontar la ventaja acumulada por el propio Saronni y Visentini. Aún así demostró que tenía una gran vuelta en sus piernas y firmaba una temporada magnífica con dos pódiums y la promesa de volver a la carrera italiana para ganarla, algo que no pudo cumplir.
Alberto también participó tres veces en el Tour (1980, 1981, 1982), cuajando una muy buena actuación en 1982, donde finalizó décimo y anduvo cerca de la victoria en Alpe d´Huez. Los ocho minutos que perdió en el pavé le impidieron luchar por subir al cajón. López Cerrón llegó a afirmar que lo veía como un candidato para sino vencer, sí para luchar por la victoria en la Grande Boucle en años venideros.
Han pasado muchos años desde aquel mes de diciembre de 1984 en el que Alberto nos dejó, pero sus paisanos no le olvidan, ni tampoco el mundillo del ciclismo. La salida de la décimo octava etapa de la Vuelta Ciclista a España desde Aguilar de Campoo, contó con un acto muy emotivo donde se rindió tributo a la persona del Alberto Fernández, restituyéndose el monumento homenaje que había sido robado de su emplazamiento en la ciudad que le vio crecer como persona y deportista.

Su trágica muerte, sus gestas, su carácter humilde y cercano han hecho ganarse a Alberto un destacado hueco en la memoria de los buenos aficionados ciclismo.

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