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Los más grandes visitan la Vuelta

Desde que la Vuelta arrancara de la mano del diario Informaciones en 1935 ha tenido que luchar para hacerse un lugar entre la grandiosidad del Tour y el halo de romanticismo que destila el Giro. Si echamos un vistazo al palmarés histórico de las grandes rondas sin duda la hispana ocupa el tercer lugar en cuanto grandes nombres se refiere. Sin embargo casi todos los grandes campeones la han visitado y gran parte de ellos la tienen en su palmarés.

UNOS INICIOS COMPLICADOS
Petit-Breton, Frantz, Binda y otros grandes campeones de la “prehistoria” del ciclismo no tuvieron la oportunidad de disputar la Vuelta al haber desarrollado sus carreras deportivas cuando ésta ni siquiera era un proyecto. El estallido de la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, con sus respectivas posguerras privaron también a la ronda nacional de la presencia “ases” como Maes y Bartali. De este modo las primeras visitas de nombres de “relumbrón” no se produjeron hasta entrados los años 50. Fueron participaciones decepcionantes, como las de Bobet y Koblet en 1956, o la de un Coppi en el ocaso de su carrera deportiva en 1959. Todas ellas se resolvieron con pobres rendimientos acompañados de retiradas prematuras.

ANQUETIL HACE HISTORIA
La Vuelta no fue tomada en serio por los grandes campeones europeos hasta la irrupción de Anquetil en 1962, ávido de completar su palmarés en las grandes rondas por etapas con una victoria en la península. Todos le daban como ganador, dado el suave trazado de aquella edición y la presencia de una contrarreloj de 82 Km a dos días del final. Pero en la larguísima crono de San Sebastián el alemán Altig se “subió a la barbas” del normando, ganando la etapa y aventajándole en la general en más de cuatro minutos. Humillado por su compañero de equipo, que se negó a plegarse a su líder al día siguiente camino de Vitoria, Jacques se retiraría alegando problemas gástricos.

Con la espina clavada regresaría al año siguiente, siendo líder de principio a fin merced a su victoria en la CRI inagural en una carrera que su equipo controlaría a su antojo. De esta manera completaba el francés al “triple corona”, marca que pronto igualaría Felice Gimondi en 1968, al vencer por delante de Pérez Francés en su única participación.

CAMBIO DE MENÚ PARA EL OGRO DE TERVUEREN
También Merckx visitaría en una única ocasión la Vuelta, concretamente en 1973, cuando estaba en lo más alto de su carrera. Su objetivo, cómo no, igualar a Anquetil y de paso hacer un inédito doblete Giro – Vuelta.

Se presumía un gran duelo con Ocaña, pero el belga superó al conquense con relativa facilidad, imponiéndose en 6 etapas, la regularidad e incluso las metas volantes. El orgullo de Luis sin embargo hizo sufrir al Caníbal con un ataque épico en Orduña que no llega a fructificar y que termina con la victoria del propio belga en la meta de Miranda de Ebro en un selecto grupo compuesto además por el español y por el que sería su verdugo en el Tour dos años después, Bernard Thévenet. La Vuelta atraía por fin a lo más selecto del pelotón internacional.

EL DOBLETE DEL TEJÓN
En una de las más turbulentas Vueltas de la historia, con disturbios que a punto estuvieron de acabar con la carrera, emergió la figura de un joven bretón con una sed de triunfos insaciables. En su debut en una grande, Hinault venció con suficiencia 5 etapas y la general, permitiéndose el lujo de “colocar” a su lugarteniente Bernaudeau como acompañante en el pódium.

Cinco años después volvería para vencer en la considerada por muchos como la mejor edición de la historia, en la que acosado por una talentosa generación de ciclistas españoles encabezada por Lejarreta, que le humilló en los Lagos tras haber perdido la carrera en unos abanicos camino de Logroño. El francés tendría que dar una de sus mayores exhibiciones para doblegar al último de los obstinados hispanos que se interponía en su camino, un joven Gorospe que nunca se recuperaría del golpe moral recibido camino de Ávila.

Hinault no regresaría nunca a la Vuelta pero pasaría a la historia como uno de los pocos corredores que ha repetido victoria y como quizás el más brillante de sus ganadores, tras un ejercicio de valentía pocas veces visto en la ronda nacional.

UN BORRÓN EN LA CUENTA DE MIGUEL
Hasta en ocho ocasiones participó Indurain en la Vuelta. En ella se dio a conocer al portar el maillot de líder con tan sólo 20 años, pero en nuestra ronda vivió alguno de los momentos más dolorosos de su carrera deportiva. Como su decepcionante actuación en 1990, donde ejercía por primera vez el liderazgo en una grande, o el segundo puesto ante Mauri en 1991, donde sevio superado en su terreno por el catalán y “despedazado” por la prensa deportiva nacional, que la había declarado incapaz de ganar una gran vuelta.

Su famosa retirada del ciclismo en Cangas de Onís no fue más que el colofón al desencuentro del navarro con la Vuelta, la única grande en la que no consiguió siquiera una victoria de etapa.

EL NUEVO ARMSTRONG
Ante el duelo estelar Olano – Jiménez de la edición 1998, pocos se percataron de la excelente actuación de Lance en la Vuelta, en la que se quedó a tan sólo 6 segundos del pódium. En su primera grande tras superar el cáncer, el americano se defendió con suficiencia en las cronos y en la montaña en un excelente campo de pruebas previo al más tiránico reinado visto nunca en el Tour de Francia. El americano jamás regresaría a la carrera que le vio por primera vez codearse con los mejores en la clasificación general.

Nuestro repaso finaliza con Alberto Contador, que en su única participación hasta el momento, en 2008, se alzó con una victoria fraguada en la montaña asturiana, donde se impuso tanto en Angliru como en Fuentes de Invierno, para quedar por delante de su compañero Leipheimer, que le hizo sufrir en la cronoescalada final. Todo ello le permitió unirse al selecto club de los poseedores de la “Triple Corona”. En 2012, intentará igualar las dos victorias de Hinault para seguir agrandando un palmarés más que notable.

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