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El único defecto de Indurain

Difícil encontrárselo, ya que sin lugar a dudas se trata del campeón con menos fisuras de la historia. Grandioso contrarrelojista, Miguel escalaba al nivel de reventar a sus adversarios sin grandes cambios de ritmo. En el descenso, en el llano… la máquina perfecta, que además se basaba en una lectura de carrera muy inteligente y a largo plazo, sin perder nunca de vista sus objetivos. 

Pero tenía un defecto, uno solo. Su voracidad debió ser mayor para haber marcado un golpe en la historia y quedar sin lugar a dudas para los anales como el mejor corredor de siempre del Tour de Francia.

En muchas cimas no quería forzarse a ganar para no acaparar demasiados focos, para repartir la presión y los titulares. Inteligente para ganar la carrera, pero una lástima que sus puñetazos, que los metía, no dejasen fotos legendarias en meta. Y eso también es ciclismo, un deporte que vive no sólo del presente, sino de los recuerdos y las imágenes, las que se quedan para ser mitificadas.

Con ese detalle se hubiese programado un ciclista perfecto, un hermoso cruce entre todos los grandes concentrados en un sólo hombre, con la firmeza de quien controla no sólo los aspectos deportivos, sino los extradeportivos. Nadie se ha conocido así y tal vez nunca suceda. Nunca fue tan unánime el criterio sobre un mismo campeón. Con ese pequeño defecto, ser inteligente.

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