La Biciteca: Miguel Delibes, mi querida bicicleta

Comenzamos una colaboración enriquecedora con nuestros compañeros de La Biciteca (visita su web para conocerles), los cuales nos van a permitir aunar la pasión por la bici y por la literatura. Reproducimos la primera reseña que nos regalan, con Miguel Delibes como protagonista e incluida en el nº1 de Cyclo&City, nuestra revista de cicloturismo y ciclismo urbano. 

MIGUEL DELIBES: MI QUERIDA BICICLETA

Este texto conforma el tercero de los nueve capítulos de los que consta el libro “Mi vida al aire libre” (Memorias deportivas de un hombre sedentario) en el que Delibes rememora los diferentes deportes que ha practicado a lo largo de su vida.

Mi vida al aire libre no es una novela sino una peculiar y divertidísima autobiografía. Delibes evoca su vida al hilo del recuerdo de los diferentes deportes que ha practicado, muchos de los cuales sigue practicando en la actualidad. A través de su pluma conocemos su temprana pasión por el fútbol, las primeras salidas al campo con su padre, la extraña relación entre amor y ciclismo, la magia intransferible de la motocicleta, su resistencia a
aceptar el sistema de puntuación del tenis, su afición por la pesca de la lubina o el cangrejo o sus chapuzones placenteros en el río o el mar.

Delibes vuelve la mirada atrás con los ojos de un niño. En prosa ajustada y transparente nos brinda unas memorias profundamente personales, escritas sin acritud ni resentimiento. Surge así un libro lleno de nostalgia y humor, tierno y espontáneo que se lee con la misma
complacencia que la mejor de sus novelas. Es un libro muy entretenido, entrañable, que se disfruta con los cinco sentidos; o los seis, como se suele decir, pues hay mucho sentido del humor en sus palabras. Y esa acostumbrada sencillez y cercanía de Delibes, marca de l casa, a la hora de contar historias.

Memorables son los capítulos dedicados a la bici y la motocicleta (una bici que rodara siempre cuesta abajo) entre otros. Su “primera vez” subido a una bici, siguiendo las sencillas pero estupendas instrucciones de su padre: Y cuando tenga que bajar, ¿qué hago?.
Muy sencillo; frenas, dejas que caiga la bicicleta de un lado y pones el pie en el suelo.

Las escaramuzas con los “guardias de la porra” por no tener matriculada la bici; las “gestas” en las cuestas de los alrededores del pueblo emulando a los grandes ciclistas de la época; el descubrimiento de la bici como un vehículo eficaz y de amplias posibilidades para el amor; el peligro de convencer/engatusar a la chica que te gusta para hacer una excursión en bici cuando carece de experiencia a la hora de frenar; los escarceos en el mundo de la competición con los “federados”.

Hay una edición especialmente atractiva dedicada en exclusiva a “Mi querida bicicleta” con ilustraciones de Luis de Horna que suponen el contrapunto perfecto a las palabras de Delibes.

BICITECA

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