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El Zoncolan corona a Nairo Quintana

Desde que apareció en 2003, el Monte Zoncolan se ha convertido uno de los iconos del Giro de Italia. Su primera subida, por la vertiente de Sutrio, encumbró a Gilberto Simoni, que había tomado el testigo como referencia a un decadente Marco Pantani dentro del ciclismo transalpino. Después llegaría la ascensión de 2007, estrenando la terrible vertiente de Ovaro, con una nueva victoria del Trentino.

El infierno del Friuli volvió a aparecer en la “corsa rosa” tres años después, en 2010, como final de una de las etapas más decisivas del espectacular Giro de Italia de aquel año. Ivan Basso (Cannondale) recuperó en el Zoncolan su mejor nivel deportivo y dejó atrás al resto de rivales para colocarse líder y decantar la carrera a su favor. El último antecedente nos remonta a 2011, con victoria para el vasco Igor Antón (Movistar) entonces en las filas del Euskaltel-Euskadi.

Después de la cronoescalada a la Cima Grappa, donde Nairo Quintana (Movistar) sentenció la clasificación general y aparcó cualquier duda acerca de su fortaleza, la llegada al Monte Zoncolan tenía como principal atractivo la lucha por el podio y, por supuesto, la resolución de la etapa. En esta última, el vencedor salió de una fuga de 19 corredores que se formó antes de que el pelotón comenzase a afrontar las dificultades orográficas de la jornada.

Como era previsible, la ascensión final condicionó el resto de la etapa y los “passos” de Pura y Sella Razzo ejercieron de mero desgaste físico. En el Zoncolan, Simon Geschke (Giant Shimano) tomó las riendas del grupo de cabeza y marcó el ritmo en los primeros compases de la subida hasta que entraron en el tramo decisivo y el grupo saltó por los aires. Delante se quedaron Pelizzotti (Androni Giocatoli), Buongiorno (Bardiani) y Michael Rogers (Tinkoff-Saxo Bank), vencedor en Savona. A pesar de la experiencia, Pelizzotti fue el primero de los tres en perder contacto en las durísimas rampas del coloso alpino. Parecía que Bongiorno y Rogers se iban a jugar la etapa hasta que un aficionado, con muy poco sentido de la vergüenza y un alto grado de estupidez, trató de empujar a Bongiorno y casi le hizo caer de la bicicleta. El incidente dejó fuera de juego al joven italiano y catapultó a un inspirado Michael Rogers que pondría la directa hasta la meta. Con su segundo triunfo, el australiano redondeaba un Giro de Italia casi perfecto en lo personal, y volvía a dar presencia a su país, Australia, en una carrera que durante las dos primeras semanas tuvo un marcado acento australiano.

En lo que respecta a la clasificación general, tan sólo los tímidos intentos de Europcar en los kilómetros finales del Sella Razzo animaron la carrera antes del juez ZoncolanMovistar tuvo la etapa bajo control en todo momento. Cuando el infierno dio la bienvenida a Nairo Quintana, éste ya sabía que los kilómetros finales iban a ser un mero trámite. Ryder Hesjedal (Garmin-Sharp) y Cadel Evans (BMC) fueron, una vez más, los primeros en ceder la rueda del grupo de favoritos. Pese a que sus mejores años como ciclista profesional parecen haber pasado, el australiano tiene una actitud encomiable en carrera.

Lo da todo y nunca se deja nada en la reserva. Que un ganador del Tour de Francia y campeón del mundo en Mendrisio, entre muchos triunfos de prestigio, siga llevando su organismo hasta el límite del sufrimiento con 37 años y la misma pasión que hace 10 años por conseguir una plaza entre los 10 primeros es digno de elogio.

Mientras Evans continuaba su vía crucis, delante Omega Pharma-Quick Step tomaba las riendas del grupo y, apoyado en un generoso Wouter Poels (Omega Pharma-Quick Step), el colombiano Rigoberto Urán (Omega Pharma-Quick Step) apuntalaba la segunda plaza. Los “tifossi” italianos se las prometían muy felices después de que Fabio Aru (Astana) se marcase una cronoescalada casi perfecta en el monte Grappa, pero el joven italiano no encontró el mismo golpe de pedal que ayer y, fatigado, tuvo que dejar marchar a los dos primeros clasificados en la general.

A falta de unos 5 kilómetros para meta, las posiciones estaban estabilizadas y la ascensión al Zoncolan entró en la fase del “quiero y no puedo”. Con las fuerzas al límite, acusando los esfuerzos de tres semanas de ciclismo, el único que parecía ir cómodo era el líder Nairo Quintana. Fabio Aru tenía suficiente con mantener el tipo, lo mismo que Pierre Rolland (Europcar), que por momentos dio la impresión de desfallecer, Rafal Majka (Tinkoff-Saxo Bank) o Domenico Pozzovivo (Ag2r).

A pesar de la dureza y lo temido que era, el “infierno del Zoncolan” dejó las cosas tal y como estaban. No decidió. Quintana no tuvo ningún problema en defender el liderato, Urán se reafirmó en una justa segunda plaza y Aru confirmó su plaza de podio.

Pedro Ceinos

Zoncolan, 20ª etapa del Giro

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