Entrevista a Jens Voigt, el adiós

Charlamos con Jens en el Hotel Solúcar, de Sanlúcar la Mayor, la ciudad de inicio de la cuarta etapa de la Vuelta Andalucía. Puntual, (gracias, Josu), nos recibe tras un día cómodo en apariencia. “Soy el último en el masaje, así que tengo tiempo para hablar”, nos afirma con humor y sencillez cuando le agradecemos la entrevista.

Una charla agradable que se hizo corta a pesar de la longitud de la entrevista. “Ha sido imposible co- ger la escapada, dejan sólo a los jóvenes”, nos relata sobre la eta- pa del día. “Mañana se volverá a intentar”, cierra con positividad.

DLC: La gente te muestra mucho cariño aquí en España. ¿Cómo te sientes cuando corres por aquí?
Jens Voigt: Tengo que decir que es genial. La gente no deja que te vengas abajo, siempre te anima y te grita “Jens, venga, ánimo” (en perfecto castellano). Eso te hace pelear todavía más por los objeti- vos. Te piden fotos, autógrafos y te animan a seguir. Sentirse bien-venido y reconocido es un sentimiento muy bueno.

DLC: Has participado mucho aquí en España, pero, sin embargo, no has debutado en la Vuelta.
JV: La Vuelta es la única gran carrera que no he hecho en mi vida. Cuando empecé en Gan o Credit Agricole no participaban, Es una carrera perfecta para los que quieren ser campeones del mundo. Si miras atrás, en los últimos diez años, casi todos los ganadores han salido de la Vuelta.

DLC: A excepción de Rui Costa…
JV: Sí, cierto. Pero si miras el top ten, seis o siete de cada año han corrido. Siempre he dado todo en el Tour de Francia y a final de año ya no me queda nada que dar. Y no voy al Mundial. En CSC teníamos muy buenos corredores para el Mundial y a ellos les venía muy bien correrla. Normalmente tenemos 14 o 15 compañeros que sí quieren correr, y si no estoy en la forma que a mí me gustaría, es mejor dejar sitio.

DLC: ¿Una cuestión de respeto?
JV: Eso es. Puedes ir, correr diez días e irte a casa, pero eso no es justo. Nunca ha ido conmigo.

DLC: ¿Y antes de la retirada?
JV: Podría ser únicamente este año, porque voy a parar. Tengo 42 y cuando acabe la Vuelta tendré 43.

DLC: Pero mira a Horner… está por venir el mejor Voigt…
JV: (Risas). Eso es cierto.

DLC: Eres uno de los más viejos del pelotón. Has conocido varias generaciones de ciclistas. ¿Quién te ha impresionado más en estos años?
JV: (Piensa su respuesta durante unos segundos). Los nuevos. He visto a Tony Martin fichar por el HTC y su desarrollo. Nadie pensa- ba que podría ser un campeón del mundo, pero ahí está. Estoy ha- balando sobre alemanes, claro. A Degenkolb o Kittel, que han tenido también tiempo de evolución. Ahora parece que el futuro es de Quintana. Mírale en el Tour, si hubiese tenido más libertad y protección del equipo podría haber luchado por ganar. También me llama la atención el francés Kenny Ellisonde. Verle ganar en Angliru fue… Hay un grupo de jóvenes muy importantes. Me impresiona el colombiano Julián Arredondo o Bob Jungels. Es fuerte, es inteligente… me recuerda al joven Fabian Cancellara que llegó a CSC hace algunos años.

DLC: Palabras mayores…
JV: Bueno en contrarreloj, bueno en las clásicas, mismos movimientos, las mismas características del Fabian de hace diez años. Con él y con Julián tenemos dos grandes talentos en nuestro equipo.

DLC: Hablábamos de ciclistas de Alemania. ¿Cómo ves la situación actual del ciclismo alemán?

JV: Ahora tenemos una nueva generación con Tony Martin, Kittel y los demás. Creo que Alemania está preparada para tener ya un equipo. Es uno de los países más ricos, tiene buenos talentos, pero las empresas tienen miedo de en- trar al ciclismo, por si la apuesta se les vuelve en contra. Pero creo que la situación está mejor.

DLC: ¿Cómo llegaste al ciclismo?
JV: Provengo de una ciudad pe- queña del norte de Alemania. De niño tenía mucha energía, lo que me metía en problemas. Un día mi profesora habló con mis padres y les dijo que tenía que hacer algún deporte. Empecé atletismo, hice fútbol -era muy malo- y lo dejé a los cuatro meses. Y entonces pensé en el ciclismo. Tenía una bici reluciente y gané la primera carrera. Fue un buen comienzo.

DLC: Y te encantó el ciclismo…
JV: Sí, de hecho mi esposa y yo intentamos que nuestros hijos no dejen de lado el deporte. Pienso que un cuerpo sano es una mente sana. Es bueno que conozcan el trabajo en equipo con amigos, que rían juntos, que lloren juntos. Esto es muy importante para su desarrollo, para su personalidad. Aprender que para conseguir algo hay que trabajar. Uno de ellos ha elegido el ciclismo, pero creo que será mejor en triatlón.

DLC: ¿Qué recuerdas de tu debut en el Tour?
JV: Fue un Tour típico, con toda clase de emociones, fue en 1998 y empezamos en Irlanda. El prólo- go lo ganó Boardman y todos los corredores me decían: guarda la energía que puedas, va a ser muy duro después. Y era la primera etapa, yo no sabía de qué estaban hablando, me parecía fácil. Justo al acabar la primera semana cogí el maillot de la montaña. Estaba muy contento. Pero ya al siguien- te día me caí dos veces y estaba sangrando por todo el cuerpo. Lo difícil fue llegar a París, sobreviviendo, sobreviviendo. Boardman vistió de amarillo y tuvo que irse a los dos días, yo pasé de todo a nada en un día.

DLC: ¿Qué sentiste cuando viste el Arco del Triunfo?
JV: Nadie me dijo cómo era esa etapa. Tan pronto como se veían los Campos Elíseos, el pelotón iba a tope. Nadie me había contado lo de la vuelta de honor al final. Me quedé muy sorprendido y es uno de los mejores momentos de mi vida.

DLC: ¿Cuál ha sido tu motivación para seguir corriendo?
JV: Ésto todavía me gusta, tengo una buena vida. Ser un deportista de élite es hacer lo que te gusta. La mayoría de la gente trabaja y después monta en bici. Debes recordarte lo que tienes, ser feliz y valorarlo, agradecerlo. Me gusta mucho estar con los jóvenes. El a- ño pasado coincidí con Jungels, que tenía 21, la mitad de mis 42. Me gusta enseñarles. A ver, aquí no sólo realizas tu trabajo, sino que descubres nuevos países, culturas, idiomas… ¡Me encanta!

DLC: Sin embargo, el Critérium Internacional es tu carrera.
JV: Sí, pero los cambios… En el año 99 se celebraba en Avignon, después en el norte de Francia, y ahí era muy buena para mí. Ahora en Córcega el clima es mejor y el orden de las etapas es distinto. El primer día lo utilizaba para coger ritmo y después el último día se decidía. Ahora ya no me viene tan bien y ya no estoy tan fuerte.

DLC: En este tipo de carrera de doble sector casi siempre has lanzado tus ataques al principio de las etapas. ¿Por qué?
JV: No soy el mejor escalador, no puedo subir como Contador. No puedo ganar un sprint y no puedo batir en crono a alguien como Fa- bian. Entonces, mi única oportunidad es hacer un camino largo. No mucha gente se arriesga a es- to, voy en un grupo pequeño o en solitario y trabajo todo el día. La mayoría de la gente lo intenta al final. A mí también me gustaría, pero no puedo.

DLC: ¿La vida de un sprinter?
JV: Es lo mejor. Te llevas el triunfo, la fama, las chicas (risas). Al final en terrenos tan duros como País Vasco el desgaste es igual si vas en cabeza como si vas en el pelotón. Lo intenté, me dejaron y después no me pudieron parar.

DLC: ¿Tus directores nunca han dicho nada?
JV: Sí, alguna vez me han dicho: “aún queda mucho”. Y yo les he dicho “lo sé, es parte del plan”. Al final me decían que si tenía ese plan y me veía fuerte, adelante, que confiaban en mí. Otros corre- dores necesitan tenerlo todo al milímetro. Yo veo que el sol brilla, que estoy bien y me digo: vamos. Es instinto, lo decido en ese momento.

DLC: Es imposible no preguntar por el gesto con Gárate en el Giro de 2006.
JV: ¿La gente todavía se acuerda de eso? Es una historia larga. Te- níamos a Ivan Basso de líder, se dio una escapada y Bjarne me dijo que sería bueno que me filtrase en ella para echar un ojo. Explotó todo en el último puerto y sabía que Ivan podía venir por detrás. Me agarré a los grupos y dejé claro que no podía relevar, que tenía que estar allí. La gente estaba enfadada. Quick Step tenía a tres en la escapada: Bettini, otro ciclista y Gárate. Trabajaron mucho. En mitad de la etapa pregunté a mi director si podía relevar para pe-lear por la etapa y me dijo que no, así que me quedé detrás, él era el jefe. Finalmente me quedé con él y así no podía ganar, estaba mal. Le dije que no se preocupase, que sólo le iba a seguir y no le iba a disputar. Pero al final Bjarne me dijo que detrás estaba todo bajo control y que podía luchar por la etapa. No trabajé nada y no era ético pelear por ello. Al principio no le gustó a Bjarne, pero más tarde respetó mi decisión. Estaba muy fresco, pero es como quitar el caramelo a un niño, no está bien. La vida a veces es justa y un par de años después gané mi etapa en el Giro. Además, estaba de nuevo en un grupo con Bettini (risas). Creo en algo parecido al kar- ma. Ha pasado tiempo desde entonces, pero volvería a hacerlo.

DLC: ¿Alguna victoria que hayas querido conseguir en tu carrera y no hayas logrado?
JV: Siempre me ha gustado el GP de Hamburgo. Lo he corrido en un montón de ocasiones, y a veces llegaban las fugas. Cuando he estado en buena forma, he caído, y otras llegaba muy cansado del Tour. Es la carrera que me hubie- se gustado ganar y en la que creo podía haberlo hecho bien.

DLC: ¿Por qué un corredor como tú no se ha centrado alguna vez en las clásicas del norte?
JV: Hice París-Roubaix dos veces, en 1999 y 2000, estuve en alguna escapada, pero creo que debes estar dispuesto a morir por estas carreras. Si no sientes ese amor, no tienes nada que hacer. Tiene que ser tu Tour, tu Mundial…

DLC: Se te hubiesen dado bien…

JV: Mucha gente lo piensa.

DLC: Como alemán, nunca fuiste parte del Telekom. ¿Hubo oportunidad?
JV: En 1994 fui campeón de la Copa del Mundo amateur y no me quisieron. Dos años después les pregunté y pensaron que no tenía potencial. Fiché por Gan y fue entonces cuando vinieron a mí. Lo que les dije fue que estaba con Gan, que creían en mí y que iba a seguir con ellos. Preguntaron una o dos veces más en años posterio- res, pero me fui a CSC. Viéndolo con perspectiva, mejor. La prensa alemana estaba muy encima del equipo, la presión era muy grande y estando fuera del país nadie se iba a preocupar de mí si no ganaba. Nunca he corrido en un equi- po alemán y no creo que sea malo ver un poco de mundo y conocer otras cosas. Cuando me retire ya tendré ocasión de trabajar en Alemania 15 ó 20 años si quiero.

DLC: Para terminar, quiero saber cuál ha sido tu peor día sobre una bicicleta y el mejor.
JV: ¿El peor día? Recuerdo uno en el Tour de California en el que no dejó de llover en toda la etapa. Íbamos por la costa y con el vien- to que hizo, hicimos medias de 16 km/h. ¡Yendo a tope en llano!

También han sido malos los días de grandes caídas. Otro día que fue horrible tuvo lugar en el Tour de Carlos Sastre. El día antes de la crono atacó todo el mundo y teníamos que controlar. Era la última oportunidad para muchos y nos hicieron sufrir, acabé cansadísimo. Carlos pasó bien el día, estaba en buena forma. Yo creo que aquello le benefició porque Evans no pudo recuperar tan bien y así en la contrarreloj no pudo batirle. Recuerdo que ese día estaba muy cansado y pensé varias veces en irme al coche y abandonar, fue horrible. Pero salió bien y gana- mos el amarillo.

Pero también he tenido días muy buenos en los que sabes que vas a ganar. Recuerdo una vez en el Tour de California que coronamos un puerto y detrás de mí venían sólo algunos escaladores. Miré atrás y pensé: “oh, voy a ganar”. Quedaban diez kilómetros y casi todos en descenso. Eran ciclistas de 55 kilos, el sol brillaba y era imposible que me ganasen.

DLC: ¿Prefieres el sol a la lluvia?
JV: Yo creo que todos preferimos el sol, pero he tenido muy buenas actuaciones con lluvia. Yo creo que mi cuerpo funciona muy bien con esas condiciones. La mayoría con ese tiempo tiene en ánimo por los suelos y yo me quedo en una cosa intermedia, por lo que suelo tener ventaja. Pese a eso, el sol es mucho mejor y lo prefiero. Además es muy bonito.

Incluido en el nº17 de DLC Pro Magazine

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