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Las metamorfosis de Juanma Gárate

Es una de las historias más bonitas y curiosas de los últimos años: el ciclista que comenzó como gregario, que se transformó en líder y que más tarde volvería a ser gregario. Un selecto ganador y un guía magnífico. De equipo de élite a equipo de élite. No todos pueden decir lo mismo tras trece temporadas en el máximo nivel. 

Y más en los tiempos que corren donde los puntos son tan necesarios para continuar como pequeños son los espacios en los que moverse. Juanma se ha mantenido en una estructura difícil para un español como la del antiguo Rabobank y donde, tras la baja de Luis León Sánchez, se queda como único integrante.

Comenzó su andadura en el año 2000, pasando a profesionales con el Lampre italiano. Entonces fue gregario de Gilberto Simoni, un escalador que tímidamente comenzaba a asomar la cabeza entre los primeros espadas del ciclismo transalpino. Sería justo un año después cuando aparecería la figura de Gárate. Con un Gibo espectacular, en la mejor forma de su carrera, el irundarra se lució como último hombre en la montaña, lo que le valió para finalizar aquella edición en la 20ª posición.

El gregario tenía motor para las tres semanas, lo que le valió su presencia en la Vuelta de aquel año. Entre un torrente de agua constante logró imponerse a Domínguez, que perdería su mejor y única gran ocasión de hacerse con una gran victoria.

En 2002 separó su camino del de Simoni para liderar por primera vez a su escuadra, un Lampre que confiaba ciegamente en sus opciones. Fue cuarto en el Giro, siendo de los más fuertes en los Dolomitas, unas montañas donde sólo responden los grandes fondistas. Su conversión en líder seguía su curso y con poco se fue granjeando un aire de estrella emergente que le valió ser la gran apuesta de Saunier Duval, su único equipo español a lo largo de su carrera.

Con los cántabros lució en la montaña del Giro 2005, donde fue el más valiente de largo, pero sus rivales estarían esta vez demasiado fuertes. Pagó los esfuerzos por ganar y se quedó en un injusto quinto puesto. Mereció al menos la etapa. Que llegaría en las filas de Quick Step, un conjunto con el que no tendría apenas apoyo, pero que le permitiría apuntar su nombre en la cima del Passo San Pellegrino como ganador. Regalo de Voigt mediante. A las órdenes de Matxin alcanzaría el título nacional, maillot que luciría durante dos temporadas debido a la suspensión de la edición de 2006.

Con los belgas no podría desarrollar todo su potencial, por lo que cambiaría de aires. Rabobank sería su destino y el fin ayudar a Menchov y otros líderes. Ya veterano, ejerció de capitán de la montaña cuando sus jefes de fila tuvieron opciones. Volvería a ser el Gárate que comenzó en Lampre, una vuelta a los orígenes que le concedió un valor ciclista y humano increíble. Aún hoy sigue en la misma estructura, donde se ha llevado una etapa en el Tour, en todo un Mont Ventoux. De este modo se convertiría en ganador de etapa en las tres grandes.

Para finalizar, la cita de un ciclista profesional una vez preguntado por su definición de Juanma Gárate: “si para sacarse el carné de ciclista hace falta acabar un Tour, para aprender realmente a serlo, hay que correr al menos una vez al lado de Juanma”.

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