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Marino Lejarreta: "Mi mejor victoria fue conquistar a la afición"

Los años ochenta fueron los del boom televisivo del ciclismo. Todas las tardes miles de telespectadores eran testigos admirados de su humildad: un rasgo que llamaba la atención en un campeón que parecía ser ciclista de un modo natural, como si le hubiera correspondido en esta vida serlo. A los más viejos su perfil recortado les recordaba al de Fausto Coppi, y es que, como él, fue un mito del Giro de Italia.

Habitual de las tres grandes en un mismo año, nos lo encontrábamos siempre a cola de pelotón, como si fuera a pedir permiso para pasar a los primeros puestos, lo que en las etapas de montaña hacía con suma facilidad. Nos hizo vibrar en cada una de sus participaciones, incluso levantamos con él los brazos. Etapas de Giro, Vuelta y Tour llevan su nombre. Pero cruelmente tuvo que ser su Vizcaya natal la que frenase su kilométrica trayectoria: una caída en la Klasika Primavera de 1992 le obligó a retirarse. Estamos hablando, cómo no, del “Junco de Bérriz”: Marino Lejarreta.

Frodo: Bienvenido, Marino. Sigues vinculado al ciclismo mediante la faceta de director del Café Baqué amateur…

Marino Lejarreta: Sí, pero hago bien poco. Me dijo Rubén (Gorospe) que a ver si le podía ayudar cuando le hiciese falta y ahí estoy, pero está también Leaniz (Alberto Leaznibarrutia) y la verdad que no hago falta mucho.

De todas formas no es la primera vez que te sientas al volante de un coche, ya que ya dirigiste también a la ONCE y al Liberty.

ML: Desde que dejé la bici hasta el año que desapareció Liberty estuve haciendo a veces de director. A nivel profesional sí lo tenía más controlado, aunque en amateur tampoco cambia casi nada.

Allí también ayudaría tener bajo tus órdenes a corredores de tanta clase, ¿no?

ML: Bueno, no sé si ayudaba o no. Tú lo que intentas es que las cosas vayan por su sitio. Con algunos sí tenía más confianza y charlaba más. La gente joven siempre está más receptiva y te escucha. Más tarde, si les interesaba les servía para hacer las cosas mejor, pero al final la meta era enriquecer un poco más su calidad.

¿Qué recuerdos guardas de aquellos años como director?

ML: Los recuerdo como una época de mucha responsabilidad, ya que era un equipo súper importante, uno de los mejores del mundo y, claro, eso conlleva muchas responsabilidades también. Había días en los que era mayor que en otros y tenías que asumirla y ello te creaba presión. Pese a eso, fue una época muy bonita porque al final creas una especie de familia con la que compartes muchas horas y haces muchos amigos. Tengo un recuerdo muy bonito de esos años que pasé como director del equipo.

Este año se cumplen veinte años de tu retirada. ¿Ves muy cambiado el ciclismo actual con respecto al de tu época?

ML: Hombre, hay cosas que han cambiado. Ahora se ha globalizado todavía bastante más el ciclismo, antes era prácticamente Europa y eran Italia y Francia los que dirigían todo. España también. Pero ahora el ciclismo internacional habla en inglés. Ese tipo de cosas va variando, también la tecnología, la preparación física… Pero a los pedales hay que darle igual y pienso que, desde hace 30 años, el fundamento básico de este deporte no ha variado mucho.

Siempre has sido muy querido por la afición y todavía son muchos los que te recuerdan. ¿Por qué crees que calaste tan hondo en la gente?

ML: No sé, es una pregunta que siempre me hacen, pero creo que no debería ser yo quien responda. Me imagino algunas cosas, pero soy parte activa de la pregunta y no sé que decir. Mejor preguntarle a un aficionado. Supongo que por la forma de ser, por la forma de correr, por hacer las tres grandes y por ese tipos de cosas. No soy yo el que admira a Marino Lejarreta, aunque a veces si que me digo: “han pasado ya veinte años y esta gente todavía te pide autógrafos y se quieren sacar fotos contigo”. Eso sí que te da qué pensar y te preguntas cuál puede ser la clave de todo esto.

¿Qué balance haces de aquellos catorce años siendo ciclista profesional?

ML: Sobre todo estoy orgulloso de mi regularidad. Siempre mantuve un nivel y no tenía altibajos importantes. El recuerdo que tengo es que era luchador y que he calado en la afición y ese es el valor más importante que he conseguido.

¿Es eso entonces lo que recuerdas con mayor cariño?

ML: Sí. Luego hay victorias, pero lo que más valor tiene para mí es que has ahondado en una afición y que esa afición todavía te mantiene en el recuerdo. Eso es lo más difícil de conseguir y por eso es lo más valioso para mí. De eso puedes disfrutar todavía. De las victorias, sin embargo, no, porque aquello ya se acabó. De los beneficios económicos también disfrutas y son importantes porque de me han solucionado la vida. Momentos puntuales que recuerdo con cariño hay un montón: historias en el Tour, historias en el Giro, historias en las carreras de casa…

A raíz de lo que me cuentas, ¿por qué crees que antes los ciclistas teníais más carisma?

ML: Sucede en la sociedad en general. Día a día nos estamos volviendo mucho más materialistas. De repente surge un ídolo y mañana cae sin ahondar en la sociedad y pienso que es por culpa de ese materialismo en el que vivimos. Cada vez es mayor y no solamente a nivel de ciclismo. En futbol ahora mismo los dioses son Messi y compañía, pero hace no mucho hablábamos de Ronaldinho y hoy en día Ronaldinho ya no dice tanto, parece como que no existe. Sin embargo, Zarra, siendo menos jugador, marcó muchísimo mas a la gente.

¿Y los que te hacen poner una mueca de tristeza o melancolía?

ML: Momentos malos siempre hay en todas las trayectorias, pero lo bueno que tiene el ser humano es que los olvida bastante fácil. Creo que es una defensa natural que tenemos y los malos es como que no hubieran pasado. Aunque sí hay cosas importantes que han pasado en tu vida que son imposibles de olvidar, como es la caída que tuve en Amorebieta.

Llegas al ciclismo influenciado por tu hermano Ismael…

ML: Por mis hermanos, Ismael y Néstor, que son gemelos. Eran mis dos hermanos mayores y empezaron a correr en juveniles. Ya sabes, lo que hacen los hermanos tú lo quieres hacer también. Cuando pude, tres años después, empecé a correr en bicicleta en la categoría juvenil B, lo que ahora es cadete de 2º año.

¿Recuerdas tu primera carrera como pro con los colores del Novostil?

ML: Mi primer año como profesional fue un poco especial, porque por desgracia tuve que cumplir el servicio militar, que por aquel entonces era obligatorio y me coincidió. La primera carrera que corrí fue la Costa de Azahar, una vuelta en la que te podías retirar y salir al día siguiente. Eran cinco días y tuve que ir después de una semana de maniobras en la que estuve durmiendo en una tienda de campaña. El director me dijo que tenía que ir porque sino no había manera de debutar y allí fui. Por lo menos una de las etapas si que la pude acabar, aunque me costó dios y ayuda. Después, cuando empecé a coger la onda tras la Vuelta a España, tuve que volver al cuartel y allí perdí la forma al no tener la posibilidad de entrenar bien. Cuando acabé pasé al equipo Teka con mi hermano, con el que estuve hasta que él dejó la bici. Fui mejorando, gané mi primera carrera en profesionales y también mi primera vuelta, y luego más importante fue la Volta a Catalunya. Poco a poco fui creciendo.

… y bien pronto descubres que lo tuyo son las grandes vueltas.

ML: Mi característica principal era más bien de escalador. Andaba muy bien en subidas y en el resto me defendía como podía. En las cronos me defendía, no era ningún desastre y las podía hacer bien sobre todo si eran de cambio de ritmo.

Pero por lo que más te recuerda la gente es por tus buenos resultados en las grandes, ¿no?

ML: Sí, pero también he ganado clásicas como Getxo, Amorebieta, Villafranca, San Sebastián… y vueltas pequeñas de cinco días también. Era un corredor regular y una vuelta la hacen bien los corredores regulares. También es cierto que la referencia para los aficionados son las vueltas grandes y lo que haces allí tiene más repercusión, como pasa en el Tour, aunque a mí cogerle el truco a la carrera francesa me costó bastante.

Sí, pero porque tardaste en ir a él…

ML: Sí, hasta que comencé a conocerme mejor. Era muy impulsivo, corría con el corazón y me gustaba correr así, sin calcular demasiado, pero eso de cara a una vuelta grande importa y mucho.

En el 82 llega la que es en teoría la mejor victoria de tu palmarés llega por la descalificación de Ángel Arroyo. Nunca la reconociste como tuya.

ML: Claro, si después de una semana te dicen que descalifican al primero y que ganas tú pues… En el palmarés te ponen el primero y ya está, pero ganar así no lo disfrutas.

Incluso has declarado en algunas ocasiones que te sientes más orgulloso del 2º puesto tras Hinault en el 83.

ML: Por supuesto. Incluso si hubiese ganado aquella sobre la carretera también, aunque como no lo experimenté no puedo decirlo. Pero cuando hice segundo lo digo por la manera en la que hice las cosas. Me sentí muy bien. A veces, aunque no ganes y seas el 5º o el 2º, acabas más contento que si hubieras ganado. Yo no valoraba según el puesto, sino en función del trabajo que hubiera podido hacer.

1983. Decides dar un rumbo nuevo a tu trayectoria y emigras a Italia, algo extraño en aquellas fechas. ¿A qué se debió aquel cambio?

ML: El ciclismo estaba mal por aquí. Cuando pasé a profesionales el ciclismo había tocado fondo. Después fue creciendo, pero el ambiente seguía siendo bastante triste. Siempre éramos pesimistas con que venían los de fuera y nos daban caña y el pesimismo era bastante patente en el pelotón estatal. Al final eso a uno le va cansando, le va gastando y estaba como cansado, como si llevara mucho tiempo en el ciclismo. Necesitaba un cambio de aires, quería experimentar cosas nuevas y quería conocer diferentes ciclismos. Ya había probado algo de ciclismo italiano y aquello me pareció maravilloso, era la referencia y considerábamos que aquello era lo más bonito que había en el mundo del ciclismo: los equipos, la forma de correr, la técnica…. Entonces forcé mucho para poder ir y luego me salieron las cosas creo que muy bien. La verdad es que estoy súper orgulloso de aquello y recomendaría a todos cambiar de aires de vez en cuando.

Y te enamoras del Giro de Italia…

ML: El Giro de Italia siempre había tenido algo especial para mí. Los equipos de aquí no lo corrían porque no era lo habitual. También me enamoré de sus clásicas, sobre todo Milán-San Remo, aunque no tuviese las características adecuadas para correrlas.

Después de rozarla con los dedos unas cuantas veces, ¿qué hubieras dado por poder vestir, aunque solo hubiera sido un día, la maglia rosa?

ML: Lo cierto es que ese hubiese sido un sueño, pero no lo pude conseguir, siempre se torció la cosa en el momento más inoportuno. Es lo mismo que la Vuelta al País Vasco, en la que también me hubiera gustado ganar al menos una etapa, pero ni eso. Quizás las cosas que amas mucho te cuestan mucho más solamente por la ansiedad que tienes.

Nos hablabas antes de que le pillaste también el truco a las carreras de un día y una clara muestra es que estuviste presente en doce mundiales consecutivos, algo que no es nada sencillo.

ML: Eso tiene un significado. De alguna manera puede influir un poco la suerte, pero básicamente fue porque era un corredor regular en la segunda parte de la temporada. A mí me costaba bastante entrar en forma. Igual no dedicaba el tiempo suficiente a poder estar en forma al principio de temporada, pero la cuestión es que normalmente siempre acababa bien las temporadas.

Un año incluso quedaste 5º y dicen que estuviste muy cerca de lograr el arco-iris. ¿Cómo fue aquella carrera, Marino?

ML: Me costó un poco entrar en carrera. En la primera parte iba un poco justo, pero en la última parte, cuando me empecé a encontrar bien, las cosas cambiaron. Acababa en un repecho y había que pasar por allí todas las vueltas. Arranqué en una y estuve escapado bastante tiempo hasta la última vuelta, cuando me pillaron y en el último kilómetro volví a atacar otra vez. Me marché y me pasaron otra vez. Al sprint, por llamarlo de alguna forma porque cada uno iba como podía, arranqué otra vez, pasé a unos cuantos y acabé el quinto. No corría con cabeza, pero sí con emoción.

En el 86 decides retornar, ¿no?

ML: Sí, estuve corriendo en Italia esos tres años y al final se hizo un poco monótono. Echaba de menos el ambiente de casa, porque corría en un equipo italiano, pero vivía también allí. No es como ahora, que corres en el extranjero, pero vives en tu casa. Me trataron fenomenal, pero tenía ganas de volver a un equipo de casa. Y no me pusieron las cosas fáciles, pero insistiendo al final pude volver al equipo de casa, que era el Orbea.

Al año siguiente descubres un nuevo reto que después ya fue algo habitual: completar las tres grandes en la misma temporada. ¿Qué es lo que te llevó a planteártelo?

ML: Lo de las tres grandes era una cosa que escuché a José Luis Uribezubía, que fue corredor del Kas. Me comentaba en esas cenas típicas de invierno que aquello era una cosa casi imposible, que él llegó al final del Tour de Francia roto porque se le hizo súper largo. Y a mí me tocó un poco la fibra… Si es muy difícil lo tengo que hacer yo también, me dije. Me metí en la aventura para experimentar cómo lo asimilaba y la tercera carrera, que era el Tour de Francia, me salió la mejor de mi vida. Me pareció incluso fácil y decidí que si me iba bien, por qué no repetirlo.

¿No era demasiado duro, Marino? Porque además lo hacías con la intención de disputar.

ML: Cuando corres una carrera no es para pasar el rato. Si que es cierto que en la Vuelta a España iba a por alguna etapa o a trabajar por el equipo. Aunque sí que hubo algún año que quise disputar a tope las tres y al final me vine abajo. Hubo uno que hice dos entre los cinco primeros, pero en el mismo año no conseguí nunca meterme entre los diez primeros en todas. Aunque si hubiera ido a por ello quizás se pudiera haber hecho, pero tendría que haber corrido con algo más de conservadurismo y eso era una cosa que me costaba mucho hacer.

Ahora muchos ni siquiera se plantean la posibilidad de hacer dos.

ML: Sí, por lo que decíamos. Hay cosas que fundamentalmente no han cambiado, pero algunas determinadas como ésta si que lo han hecho. La intensidad con la que se corre hoy en día cada vez es mayor. En ese sentido es otro concepto de ciclismo, aunque hacer hay que hacer lo mismo.

¿Con cuántos kilómetros y días de competición acababas cada temporada?

ML: Entre unos 30 y 33.000, no más. Pero, por ejemplo, a la primera carrera iba con 2.000 kilómetros y ahora a nadie se le ocurre ir con tan pocos a las carreras. También hay que tener en cuenta que no es lo mismo hacer, incluso en los entrenamientos que son más fuertes que antes, 30.000 kilómetros a 50 km/h que hacerlos a 30 por hora. Hay una gran diferencia.

Seguimos con tu trayectoria y tu productiva llegada a la Once. ¿La podríamos llamar una segunda juventud?

ML: ¡Yo la había considerado como la tercera! Porque la segunda decíamos que era cuando llegábamos a los treinta años, y cuando yo fui a la Once con 33, la gente dejaba el ciclismo. Pero eso es otra de las cosas que han cambiado y los corredores de hoy en día llegan a correr con más años incluso. Aunque también es verdad que empiezan más tarde a funcionar. Con 26 años aún dicen que son jóvenes y que hay que reservarse, y por aquel entonces con 26 años ya tenías que estar dando el callo.

¿Cómo fue volver a estar en el podio de una grande nueve años después en la Vuelta del 91?

ML: Veía que siempre me mantenía en el nivel y que era posible trabajando. Hombre, sabía que tenía que ponerme una fecha de caducidad como ponen hoy en día a los alimentos, y sabemos que esa fecha es muy relativa porque no es la fecha real. Yo la puse en un momento determinado porque tampoco iba a estar toda la vida corriendo en bicicleta y porque además verse uno acabado hace que te sientas peor. Pero no veía que físicamente hubiese bajado competitivamente hablando.

En Amorebieta´92, cerca de tu casa, nos pegaste un gran susto con tu grave caída…

ML: Ya, fue una caída tonta. Ocurrió en un momento en el que estaba haciendo kilómetros en la carrera. No estaba para disputar y estaba pensando más en la concentración de la Vuelta a España. Iba en un segundo grupo, tuve un susto y pasó lo que pasó. Pero en la vida hemos estado muy cerca de esas cosas en un montón de ocasiones y no ha pasado nada, así que creo que tampoco hay que darle demasiadas vueltas.

Pese a las previsiones médicas, conseguiste recuperarte y despedirte sobre la bici en la Vuelta a La Rioja.

ML: Uno de los alicientes en una recuperación es tener un objetivo, y ese para mí era correr en competición otra vez. Eso te obliga a forzar y te ayuda a superar momentos más difíciles. Afortunadamente conseguí el objetivo y me pude despedir desde la bicicleta.

¿Aquella caída adelantó tu retirada o ya estaba totalmente decidida?

ML: Aquella temporada ya partí con la idea de que iba a ser mi último año, como así lo dije públicamente. Eso no significa, que vistos y analizados después los resultados y hablándolo con Manolo, igual hubiera seguido pero eso son palabras.

64 victorias son muchas victorias, Marino, pero ¿cuál es la que mejor te supo de todas ellas?

ML: Para mí la mejor fue mi trayectoria en general, y de las otras cada una tiene su particularidad. Las etapas ganadas en el Giro, la Vuelta y el Tour son importantes, pero todas tuvieron su importancia también.

¿Cuál fue tu mejor director?

ML: Manolo Saiz, sobre todo técnicamente. Apreciar como persona seguramente a Txomin Perurena. Manolo se salía del guión del director, porque los demás eran los clásicos que trabajaban en función de lo que ellos habían vivido en el ciclismo.

¿Y los mejores compañeros que tuviste?

ML: Todos. Ha habido con quien he tenido mayor relación o peor. El 100% de mis compañeros no han sido mis amigos, pero muchos de ellos sí, algunos incluso muy amigos.

¿Quiénes han sido los rivales más duros a los que te has enfrentado?

ML: Para mí el más difícil y el que era imbatible era Bernard Hinault. De los rivales que he tenido era el número uno, ni punto de comparación con cualquier otro.

¿Y la carrera más difícil que has disputado?

ML: La carrera más difícil de todas ha sido el Tour de Francia, por la dureza, por la competencia… por todo sumado..

Crédito: El Pedal de Frodo y Rafa Simón

Realizada en febrero de 2012

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