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PARIS-ROUBAIX 2017. EL TRIUNFO DEL CICLISMO PRÁCTICO

La reciente y soleada edición de la París-Roubaix no alcanzó los niveles de épica del pasado Tour de Flandes y se desenvolvió en unos parámetros más reconocibles para el ciclismo actual. Fue una especie de regreso a la realidad… dentro del maravilloso anacronismo que supone que esta carrera se siga celebrando. Pero pudo no ser así. Eso sería ya entrar en el terreno de las hipótesis…

Nos estamos refiriendo, claro está,  a ese corte que se produjo a unos 75 kilómetros del velódromo de la ciudad textil, integrado por Daniel Oss, Jasper Stuyven y dos hombres del equipo Bora: Maciej Bodnar y el mismísimo Peter Sagan. El campeón del mundo vio cómo Tom Boonen se quedaba en un tramo de pavé y se decidió a acelerar. El a veces criticado conjunto Bora había metido un magnífico gregario junto a Sagan. El rápido Stuyven podría hacer valer que la fuga le valiese a Trek Segafredo… Podríamos estar hablando a estas alturas de una cabalgada antológica, épica, memorable… Todas las especulaciones se fueron al traste con el pinchazo de Sagan. Pero los pinchazos en el ciclismo, más en la Paris-Roubaix, son un factor más de carrera.

Otro factor de carrera en el ciclismo, más en la París-Roubaix, son las caídas. Greg Van Avermaet padeció una a más de 100 kilómetros de meta, incluso antes del paso por Arenberg. Trek Segafredo, Bora, Quick Step Lidl… por lo que fuera, no lo terminaron de eliminar. Entrar a la causa de porqué esos tres equipos sobre todo no llegaron a un acuerdo para eliminar del todo a Van Avermaet, es nuevamente aventurarse en especulaciones. Cobra fuerza, viendo su posterior comportamiento en el momento de debilidad de Boonen y su ataque con Bodnar, que Sagan considerase más enemigo a Quick Step en su conjunto que a Van Avermaet. Pruebas en ese sentido hay y muy recientes. La cuestión es que ese hecho fue clave en el desarrollo posterior de la prueba.

Tras su primer pinchazo, Sagan fue capturado por el pelotón principal. Pelotón de favoritos al que también llegó Van Avermaet, que tuvo siempre muy cerca a un excepcional Daniel Oss. Sagan sufrió un segundo pinchazo. A pesar de que enganchó con el grupo que llevaba delante, Sagan se abandonó y dejó de disputar la victoria. Siendo entendible en cierta manera, son esos comportamientos los que dejan duda de cuál es el estado mental con el que el gran campeón que es Peter Sagan ha abordado esta campaña de clásicas hasta este momento. Nadie duda de sus piernas ni de su estado de forma, incluso para quien escribe superior al del propio Van Avermaet. Pero el eslovaco ha dejado dudas respecto a su actitud en determinadas carreras.

Greg Van Avermaet fue quien mejor supo “gestionar” todas las circunstancias de carrera que se producen en una París-Roubaix. Por eso fue su ganador. Junto a él, insisto, tuvo un magnífico gregario como Daniel Oss. Pero ese de hecho de “gestionar” carreras es como que le quitase brillantez a las victorias que consigue. Por eso todavía hay buena parte de la afición reticente a reconocerle sus méritos. Y en estas estamos, hasta que Van Avermaet deje de ganar grandes carreras o las continúe ganando. En este duelo entre estos dos grandes corredores, Sagan representa la brillantez, la victoria por aplastamiento, la épica, el show. Van Avermaet, por su parte, hace gala de un ciclismo más efectivo que efectista, más práctico, más adaptado a las vicisitudes reales de carrera en lugar de buscar la victoria ideal. Dos formas de entender tanto el ciclismo como la vida.

Para analizar el comportamiento de Quick Step Lidl en esta pasada París-Roubaix, siempre habrá que partir de la base que significaba la última carrera de un mito en vida que era Tom Boonen. Lo cual mediatiza si Philippe Gilbert debió o no alinearse en la salida de Compiegne. El equipo azul, pese a conseguir el podio con el segundo puesto de Stybar, estuvo distante del nivel ofrecido en el pasado Tour de Flandes. La fría realidad es que Tom Boonen ayer no tuvo opciones reales de ganar la carrera. Que su gloria ya pasó. Ha sido un mito en vida, pero que la vida es así, incluso para Tom Boonen. Se mostró inferior tanto a Sagan como a Van Avermaet en los tramos de pavés, pese a deleitarnos todavía con algunas magníficas aceleraciones. Sobre la despedida de Tom Boonen se ha escrito ya de todo estos últimos días. No tiene sentido que un admirador como yo se extienda más.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN

@ranbarren

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