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VUELTA A ESPAÑA 2018: SIMON YATES, MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ Y ALGO MAS.

La ronda hispana del presente año, comenzaba con visos de ser la revalida para ciertos corredores y formaciones. Ciclistas y escuadras, que por una razón u otra, no habían logrado brillar al nivel que se les suponía en las grandes citas por etapas que ya habían tenido lugar, vamos Giro y Tour.

Como muestra de ello, todos señalábamos a Richie Porte y Movistar, al margen de los Kelderman, Pinot, los hermanos Yates, Bouhanni, el Education First o Aru.

Con gran expectación e incertidumbre, se llevó a cabo la contrarreloj de Málaga en la quedó patente, como ya lo había dejado entrever en la presentación de la víspera, que el presunto líder de BMC, Richie Porte, venía a la Vuelta poco más que de tapeo.

 En una entrevista dijo una frase lapidaria, “las casas de apuestas que me dan como favorito, no han visto mi Strava”. Declaraciones peligrosas, que seguramente más pronto que tarde, tengan un efecto boomerang en la carrera de un eterno aspirante, como es el aussie. El único acierto en toda su temporada, ha sido firmar el contrato de los años venideros, antes de la ronda hispana, ya que de haber esperado a correrla, hubiera sido a la baja casi seguro.

En lo meramente deportivo, su compañero Rohan Dennis, voló sobre la carretera.

Hasta la primera jornada de descanso, pudimos disfrutar de una carrera con mucho calor, agosto y Andalucía, dos y dos son cuatro.

Fueron  una serie de etapas con finales realmente entretenidos. Tan solo se disputaron dos volatas, una fue para el triunfador del año, Elia Viviani y la otra para el “enfant terrible” de los sprints Nacer Bouhanni. Con esta victoria, el de Cofidís, maquillaba una temporada en la que ha brillado mucho menos de los que se espera, del ciclista francés mejor pagado.

Simon Clarke se ocupaba en Roquetas de Mar, de romper el maleficio del EF para con el World Tour. Mientras que el elegante Tony Gallopin, se marcaba una exhibición marca de la casa camino a Pozo Alcón.

Para sorpresa de todos, dos fueron los ciclistas que mojarían por partida doble, en esta primera parte de la carrera.

Alejandro Valverde sería el primero en doblar, en ambos protagonizando un mano a mano high-class.  Uno en Caminito del Rey ante un Michal Kwiatkowski  que a la postre sería maillot rojo durante tres días y otro frente a un tal Peter Sagan en Almadén.

 El segundo doblete vino de la mano del Dimension Data Benjamin King. Un currela del asfalto, clásico en las escapadas o lo que es lo mismo el Thomas Maczynski de esta edición. El yankie se impuso en Alfacar y en la Covatilla, en la cima salmantina  ni el viento, ni el empuje del eterno segundo Bauke Mollema, pudieron con él, llegando a meta completamente reventado.

En la misma ascensión, se vestía de líder Simon Yates, cogiendo el testigo de Rudy Molard. El británico, mostraba un golpe de pedal parecido al del Giro, con lo bueno y creíamos que con lo malo también. Nada más lejos de la realidad. Las llegadas en en verdaderas paredes y la ausencia de grandes “tapones” de estilo dolomítico, hacían que la carrera se amoldara a la perfección del pequeño gran jefe del Michelton-Scott.

El segundo bloque de la carrera española, nos llevaría hacia un norte de España que sobre el papel, nos debería de ofrecer verdadero espectáculo.

Primeramente, el velocista de Quick-Step Elia Viviani, seguiría dejando claro a lo que había venido su equipo, por lo que el tercer sprint de la carrera, tenía el sello del campeón italiano. Aunque poco a poco, en la formación de Lefevere, se iba despertando una nueva aspiración, sin hacer ruido y con mucha calma, el equipo belga guardaba con mimo una as en la manga.

Alessandro de Marchi, uno de esos ciclistas que siempre tendría en mi equipo y que rara vez falla a la carrera de Guillén, venció en Ribeira Sacra, en la que fue una de las etapas más emocionantes y bonitas de las que han formado esta Vuelta a España de 2018. Este mismo día, Jesús Herrada se vestía de líder, justo premio a un ciclista muy activo y con gran potencial tanto para clásicas, como para rondas de una semana.

Un día más tarde, la meta estaba situada en el faro de Estaca de Bares. Durante la retransmisión del día, pude escuchar que repetían que la llegada era complicada. Me llama la atención que los equipos se quejen de ciertos aspectos y que no lo hagan de un final en el que un ciclista no puede desarrollar todo su potencial, ya que si lo hace, simplemente se sale del circuito. Y no me refiero a la habilidad y técnica únicamente. Es extraño, que el mismo que evita el pavés y el sterrato, lleve la carrera a finales de este tipo, en el que Alexander Geniez hizo los deberes a la perfección, colocándose en el lugar correcto y apretando en el momento oportuno.

La Camperona debía de ser la toma de contacto inicial del tríptico asturiano. El principado debía de ser la guerra, Movistar nos hacía soñar (a los más ilusos) con poner la carrera patas arriba.

En cambio la tierra del Orbayu, nos ofreció el día de gloria del Murias con un  Oscar Rodríguez escalando calculadora en mano, el comienzo de la tiranía de Simon Yates y un Thibaut Pinot que resurgía de sus cenizas en los Lagos. Nairo Quintana dejaba claro que él no era el principal rival de nadie. Miguel Angel López mostraba una y otra vez, pinceladas de ese estilo  descarado y valiente, al que si sigue fiel, le llevara a ser una gran figura. Y poco a poco, comenzábamos a ver cada vez más adelante, el casco del Quick-Step que tapa la cabeza de Enric Mas. El mallorquín, comenzaba a encontrarse cómodo en carrera.

Treinta y dos kilómetros de contrarreloj en Torrelavega, daban comienzo al bloque final de etapas de la Vuelta. Rohan Dennis volvió a vencer, dicho y hecho, como ya avisara al comienzo en Málaga, “he venido a ganar las dos cronos”.

Entre los aspirantes a la clasificación general, la cronometrada cántabra no marcó grandes diferencias, excepto respecto a Nairo Quintana que salvo milagro, quedaba fuera de juego. Steven Kruijswijk (pocos ciclistas con tan poco miedo como este neerlandes del Lotto-Jumbo) y el anteriormente citado Enric Mas, cotizaban al alta, mientras que gente como Wilco Kelderman o Jon Izagirre, dejaban escapar una ocasión de oro para meterse de lleno en carrera.

El monte Oiz y sus aerogeneradores, eran la última cita del cuestacabrismo en esta edición 2018. Una ascensión final, que enlazaba con un puerto como el Balcón de Bizkaia, que los profesionales se lo suben con relativa facilidad. El cemento, la estrechez y unas rampas que parecen un frontón, no aseguran espectáculo, pero es algo que parece difícil de explicar o al menos entender.

 En semejante escenario y por si fuera poco entre la niebla, el ex-atleta canadiense Michael Woods y el ultra-combativo Dylan Teuns se retaron en un duelo agónico, durante los quinientos metros finales de la etapa. El norteamericano del EF, lograba la segunda victoria para un equipo realmente falto de ellas.

La llegada a Lleida, olía a volata a kilómetros, de hecho solo faltaba que en el ramo  de flores pusiera el nombre de unos velocistas que se mantenían en carrera, pero en la fuga del día se colaron tres rodadores como la copa de un pino.

Jetse Bol, Sven Erik BystrØm y el vencedor del día Jelle Wallays, rodaron al más puro estilo de la extinta prueba de los 100 kilómetros contrarreloj, sin racanear en los relevos. Ofreciendo un final parecido al de la París-Tours de 2014, en la que también se impuso el belga, con la diferencia que entonces defendía a la escuadra Topsport Vlaanderen. Merece una mención especial, el ataque final a la desesperada de Peter Sagan, con una demostración de fuerza descomunal.

Esta Vuelta a España, al igual que las últimas ediciones anteriores, estaba preparada para que se llegara a las dos antepenúltimas etapas andorranas, con la clasificación sin definir del todo. Hecho que se debe, más que a un recorrido y participación equilibradas, a que las etapas están diseñadas para que pese a que exista un gran dominador, no consiga sacar excesivo tiempo al resto. Aunque en este caso, la actitud de Simon Yates, dejaba claro que salvo descalabro, el maillot rojo de Madrid  tenía dueño.

Thibaut Pinot sería el único capaz de seguir el ritmo del líder en la larga ascensión a Naturlandia y de paso vencer, enterrando los fantasmas del Giro de Italia y firmando una gran participación por parte de la formación FDJ-Groupama.

Movistar apostaba fuerte en el terreno de aproximación a la subida final, incluso provocó una serie de cortes, que el equipo del líder resolvió con llamativa tranquilidad. Y es que la formación de Eusebio Unzue, ha demostrado durante esta ronda, lo mismo que en el pasado Tour de Francia, un querer y no poder. Un Quintana que no encuentra ese golpe de pedal de 2016, un Valverde al que se le pide extralimitarse e hipotecar con este sobresfuerzo, sus opciones en el inmediato mundial de Innsbruck.

Una jornada que haría llorar a Laurent Fignon y que no llegaba a los cien kilómetros, sería la que protagonizara la traca final de la Vuelta 2018.

En primera instancia, la batalla en pos de la clasificación general de la montaña entre Thomas De Gendt y Bauke Mollema, fue lo más entretenido del día, hasta que Astana y su líder cogieron los mandos de la carrera.

Tardó, pero mediada la etapa Enric Mas dio rienda suelta a lo que lleva dentro y junto a Supermán López, remaron a una con el objetivo de colarse en el pódium de la Castellana. Mientras Valverde, Uran, Kruijswijk y compañía quedaban en un segundo plano, desbancados de un cajón pelado hasta el final.

 Mas se llevó una etapa, con una última curva no exenta de polémica y todo hace presagiar, que acudimos al primero de una larga serie de enfrentamientos entre el capo de Astana y el mallorquín del Quick Step.

Madrid sería más de los mismo, paseo y un sprint tan descontrolado que los lanzadores de Elia Viviani perdieron a su hombre rápido, el cual se encontraba controlando la rueda de un Sagan que no se estrenaría en toda la Vuelta. El transalpino, sabedor de su momento de gracia y pese a salir desde una posición realmente mala en cuanto a colocación se refiere, se llevó una tercera victoria que lo coronaba, como mejor velocista de la carrera, al igual que lo fuera en el pasado Giro de Italia.

No puedo dejar escapar la ocasión de señalar el resultado de Movistar. Hace años se criticaba a Manolo Saiz, cuando arreglaba o apañaba sus temporadas tanto en la ONCE como en Liberty Seguros realizando grandes Vueltas a España, con Zulle, Jalabert, Heras, Nozal…Y esa era mi esperanza respecto al equipo de Unzue, deseaba que los telefónicos se desquitaran y arrasaran, manejaran la carrera a su antojo, ya que hombres tenían para ello. Pero no ha sido así, ha faltado es empuje final y ha sido una verdadera pena. Pero al contrario que a Manolo Saiz, en esta ocasión no son muchas las voces críticas para con los de Unzue.

IMANOL GONZALEZ GETE

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