Agostinho, un campeón forjado a base de golpes

Joaquim Agostinho es sin lugar a dudas el mejor ciclista portugués de todos los tiempos. Nacido en 1943 en los alrededores de Lisboa (Torres Vedras), su carrera se desarrolló entre 1968 y 1984, donde la muerte le sorprendió a lomos de su bicicleta.“Tinho” era una fuerza de la naturaleza, un rodador de raza no muy alto y robusto – uno de los apodos que le otorgó la prensa internacional fue “de Hulk”- que conseguía sus victorias a base de empuje, ya que como veremos, no era para nada un virtuoso sobre la bicicleta.
Cuarto hijo de una familia humilde de campesinos, desde muy pequeño tuvo que trabajar en el campo y en 1964 es destinado a realizar el servicio militar a la guerra de independencia de Mozambique. Allí participa en luchas cuerpo a cuerpo, sufre una malaria, la muerte de compañeros e incluso él mismo se salva en la explosión de una mina bajo un camión en el que viajaba. Todo ello marcó para siempre su vida. De hecho, se cree que a su vuelta a Portugal Joaquim se volcó por completo en el deporte buscando olvidar esas crudas experiencias. Años después, tras una jornada extenuante en el Tour, dejó una frase histórica al respecto: “Cuando me acuerdo de la guerra, me río de los que dicen que subir el Ventoux es duro”
El rey de Portugal
De pequeño había jugado al fútbol y siempre fue su sueño vestir la camiseta del Sporting de Lisboa. De ahí que no diera sus primeras pedaladas hasta su traslado forzoso África, cumplidos ya los 21 años. Allí participó en carreras entre militares, a los cuales pronto empezó a superar a pesar de que apenas era capaz de mantener el equilibrio sobre su máquina. De vuelta a Lisboa, como no disponía de medios para hacerse con una bicicleta, debuta a los 25 años en su primera “circuitada” oficial con una bicicleta de mujer que le prestó una amiga de su hermana, lo cual no le impidió ganar con una vuelta de ventaja sobre el segundo.
Esto captó la atención de Joao Roque, ganador de la Vuelta a Portugal de 1963, que en breve lo llevó a participar a carreras de mayor enjundia. Así, poco después, todavía siendo un completo desconocido gana el Campeonato de Portugal y a punto está de vencer la Vuelta al país luso, donde firma un espectacular segundo puesto. En una nube, se desplaza a Brasil para correr la Vuelta a Sao Paulo pocos días después, donde se impone a un pelotón en el que hay varios equipos franceses e italianos. Jean de Gribaldy, patrón del equipo francés Frimatic lo contrata sin pensárselo dos veces. Agostinho ha pasado en pocos meses de disputar su primera prueba en una bici femenina a firmar un contrato internacional, algo en aquel entonces harto complicado para un ciclista portugués.
Aún a pesar de comenzar a medirse con los mejores profesionales de su época, “Tinho” no descuidó en sus primeros años como profesional el calendario luso, donde se forjó un aura de imbatible. No en vano hasta 1973 ganó seis campeonatos nacionales de forma consecutiva, tres Vueltas a Portugal, carrera donde levantó los brazos en 23 etapas en total. Joaquim hizo que su país amase más si cabe La Grandíssima y sus míticas victorias en el Alto de Torre son recordadas por la prensa local cada vez que se vuelve al gigante de la Serra da Estrella. Raphael Geminiani le aconsejó no participar más en el calendario de su país, donde no tenía oposición. “Tienes que elegir entre ser un campeón portugués o ser un campeón mundial”, le dijo, y “de Hulk” siguió el consejo a pies juntillas.
La amarga Vuelta del 74
Joaquim disputó cinco Vueltas a España, obteniendo 4 victorias parciales y varios buenos puestos en la general a pesar de correr casi siempre al servicio de otros. En su debut en 1972, en la octava etapa camino de Tarragona sufrió otro palo en su azarosa vida, al chocar contra un mojón de cemento en una montonera y fracturarse la base del cráneo. Sólo la rápida actuación de los médicos de carrera impidió una muerte segura al practicarle el “boca a boca” y trasladarle rápidamente al hospital más cercano. Al año siguiente volvió como lugarteniente de Ocaña, que se enfrentaba a un Merckx que firmaría su única participación en la ronda española, cómo no, con victoria final. Poco pudieron hacer frente al “caníbal”, que ganó seis etapas por ninguna la dupla del BIC. Agostinho ocupó la 6ª posición final y Ocaña fue segundo.
Ya sin el belga pero con Fuente y el francés Thevenet como principales rivales, Ocaña busca ganar la Vuelta del año siguiente con el luso de nuevo cubriéndole las espaldas. La Vuelta del 74 siguió durante las dos primeras semanas el guión establecido excepto por el bajo rendimiento del campeón galo, que a pesar de ser líder por un día pronto se hunde en la general. Y en la 13ª etapa entre León y el alto del Naranco, camino Pajares, la carrera se anima al escaparse Joaquim junto con Lasa, compañero de un “Tarangu” que es líder y principal favorito al triunfo final frente a un Ocaña que ha mostrado síntomas de debilidad en las jornadas del Sistema Central. Para sorpresa de todos, Lasa comienza a dar relevos al luso, desobedeciendo a un Vélez que al borde de un ataque de nervios es incapaz de controlar la jaula de grillos en la que ha convertido el equipo Kas, en el que Perurena parece ir también por libre.
Los fugados abren hueco, pero en la bajada del coloso que separa la Meseta de Asturias la lluvia y el piso mojado frenan a un “Tinho” falto de técnica y que baja agarrotado tras las abundantes caídas ya sufridas en su trayectoria. Fuente desciende en solitario para alcanzar a dúo, y herido por la traición de su compañero, realiza una tremenda exhibición yéndose solo en la Manzaneda y coronando vitoreado por su público el Naranco con una ventaja en torno al minuto sobre Perurena, Lasa, Ocaña y Agostinho. La carrera parece decidida. Sin embargo, nuestro protagonista no estaba por la labor y ante la pasividad de su jefe de filas, aquejado de una bronquitis cuyos síntomas ya no puede ocultar, Joaquim se impone en Cangas de Onís y tras la caída de Fuente en la penúltima etapa se planta con posibilidades de éxito en la decisiva contrarreloj final.
Con 35 kilómetros en los alrededores de San Sebastián, la “prueba de la verdad” se presentaba apasionante, con un Fuente de amarillo con una ventaja sobre Lasa de 1´32”, 2´35” sobre Agostinho y más de tres minutos y medio con respecto a Ocaña y Perurena, siendo todos ellos mejores rodadores que el asturiano. Tal y como se preveía, el zarpazo del portugués fue tremendo, arrasando en la cronometrada a todos sus rivales a excepción de Ocaña, que perdiendo poco más de un minuto es el que mejor aguanta el tipo. Perurena se deja más de tres, y las distancias con Lasa y el líder superan los dos minutos en un apretado y controvertido final de Vuelta. Y es que lo que podía haber sido una antológica victoria del “Tarangu” ha quedado para la historia como un desenlace turbio jamás aclarado, ya que tras la llegada del asturiano Joaquim llegó a ser proclamado vencedor por megafonía, “corrigiendo” poco después los jueces su decisión, otorgando la general final a Fuente por 11”. Agostinho siempre afirmó amargamente que le robaron la Vuelta, y la organización llegó a reconocer errores de cronometraje, pero la carrera nunca viajó hacia Portugal.
Volvería a brillar en 1976, donde ganó de nuevo una contrarreloj y fue líder durante dos días, pero nunca volvió a estar tan cerca de la victoria en una gran vuelta como en aquella aciaga tarde del 12 de mayo de 1972, que se enquistó en su alma junto a otros tantos sinsabores que jalonaron su vida.
Alpe d’Agostinho
Debutó Joaquín en el Tour del 69, y lo hizo como solía presentarse en sociedad, deslumbrando. Ocupó el octavo puesto en la general y venció en dos etapas demostrando una potencia descomunal. Todos los grandes querían a su lado a ese portugués que para nada era un virtuoso de la bicicleta, pero que cuando fruncía su pobladas cejas todos se ponían en fila de a uno y sólo los privilegiados podían seguir tal infernal ritmo.
Su paso por el Tour, a pesar de un par de “affaires” relacionados con el doping, quedó grabado a fuego en la historia de la Grande Boucle. Con cuatro grandes victorias de etapa en sus trece participaciones, el luso subió dos veces al pódium final y se colocó ocho veces en el top-ten a lo largo de tres décadas, convirtiéndose en una de las leyendas de la carrera francesa. Además siempre fue un corredor muy querido por su carácter afable, lo cual se hizo especialmente patente entre la afición española, que lo consideró un corredor prácticamente de la “casa”, especialmente en sus dos grandes actuaciones en el tour (1978 y 1979, donde quedó tercero en la general), que coincidieron con una profunda crisis de resultados entre nuestros corredores.
Como decimos, “Hulk” alcanzó en 1978 el pódium tras muchos años cerca del mismo. Fue un Tour en el que se mantuvo en un segundo plano en la lucha “a muerte” entre Zoetemelk e Hinault, ganado por el entonces imberbe francés, que estrenaba premio gordo en la más grande de las carreras condenando al holandés a la etiqueta de eterno segundón en el Tour. Fue en 1979 cuando llegó el momento estelar de la “locomotora lusa”. De nuevo acompañó en el pódium final a los mismos protagonistas (aunque el tejón esta vez desplegó toda su furia, ganando siete etapas, paseo final en París incluido), pero para Joaquim fue un Tour completamente distinto.
El 15 de julio se llegaba a Alpe d´Huez. Agostinho había estado a punto de abandonar tras, de nuevo, una dolorosa caída camino de Saint Brice (después de ese Tour volvió a estar de nuevo al borde la muerte debido a otra fractura de cráneo provocada por otra colisión). Pues doce días después no solamente se recuperó de sus heridas remontando más de 100 posiciones en la general, sino que vencía en la etapa reina de los Alpes con más de tres minutos de ventaja sobre Joop y Bernard. Y lo hizo a lo grande, en una jornada en la que se afrontaban Madeleine, Galibier y Alpe d´Huez. Atacó en el inicio del último de los colosos aprovechando el marcaje de los dos favoritos y “Tinho” se fue con Bernaudeau a su rueda, uno de los gregarios de Hinault, pero a base de riñonazos dejó pronto al francés tirado y fue adelantando uno a uno a todos los integrantes de una numerosa escapada. Alban, Wellens, Laurent, Nillson asistieron impotentes a la exhibición de aquel robusto lusitano que aquella tarde de julio alcanzó su cénit ante el delirio de un país volcado con su héroe. El abuelo del Tour del 79, a sus 37 años, se había consagrado.
Tras ello su estrella se fue apagando debido a la edad y a la fuerte caída ya reseñada, lo cual no le impidió un último destello en la prueba que más amó. Con 41 años firmó un magnífico 11º lugar en el Tour tras haberse tirado toda la carrera trabajando para el irlandés Kelly.
El trágico final
Con 41 años Joaquim se disponía a retirarse en la temporada 84, volviendo a disputar de nuevo el calendario portugués con el Sporting para luego correr cedido el Tour por última vez, igualando las catorce participaciones de Zoetemelk. Pero la locomotora que no pudieron detener tres años de guerra fue frenada por un inoportuno perro en los últimos 300 metros de una contrarreloj de la Vuelta al Algarve, en la que portaba el maillot de líder.
Fue una muerte muy controvertida, ya que tras sufrir el accidente Agostinho fue trasladado al hotel recibiendo como única cura una bolsa de hielo en la cabeza. Poco después comenzó a sangrar por la nariz, no siendo enviado a Lisboa hasta 4 horas después de sufrir el accidente. Durante el terrible traslado de 400 Km. entre Faro y la capital entró en un estado de coma del que nunca despertó. Tras once eternos días de agonía fallecía dejando para siempre en el aire la pregunta de qué hubiese ocurrido de haberse actuado con mayor rapidez y empleando un avión-taxi para su traslado.
Así el 10 de mayo de 1984 moría el hombre, pero nacía el mito en el país vecino, donde se le han dedicado estatuas, avenidas y se le ha dado su nombre a una de las carreras más importantes, el Trofeo Joaquim Agostinho. También en Francia se le rindió sentido homenaje y en la curva 14 del Alpe d’Huez se alzó un busto del bravo portugués a tamaño natural. Además de por su gran palmarés, no sorprende tal devoción por un campeón que entrevistado por TVE días antes de su muerte expresaba de la siguiente manera el amor por su tierra y el deporte que tanto le dio y todo le quitó. “Me propusieron varias veces cambiar de nacionalidad, pero no quise de ninguna de las maneras. Soy portugués hasta la médula. Y si volviera a nacer, o mi vida retrocediera quince años, sería de nuevo corredor profesional
“Correré un año en el Sporting y seguiré luego como mánager. Quiero ayudar a descubrir futuros Agostinhos”. Así fue la historia de un corredor que luchó contra la adversidad en multitud de ocasiones y al que sólo la muerte logró rendir. Un campeón forjado a base de golpes al que los buenos aficionados al ciclismo siempre recordaremos.

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