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Berrendero, primer gran especialista en grandes vueltas

Julián Berrendero, ciclista profesional en las décadas de los 30 y 40 del siglo pasado. Fallecido en Madrid en 1995 a los 83 años de edad, Julián Berrendero es recordado fundamentalmente por ser el primer español que ganó la Vuelta a España, pero su carrera dio para mucho más de sí, pudiendo afirmarse que ha sido el primer especialista en grandes vueltas surgido dentro de nuestras fronteras por sus destacadas actuaciones tanto en la ronda nacional como en el Tour de Francia.

Una carrera deportiva marcada por las guerras

Julián tiene su primer contacto con la bicicleta a los 18 años y ya en 1935, apenas 5 años después, se revela como un magnífico corredor al finalizar la Vuelta al País Vasco en tercera posición, superando a estrellas consagradas como Fermín Trueba y Federico Ezquerra, en una edición dominada por un magnífico Gino Bartali, en una de sus primeras grandes victorias (ese mismo año ganaría su primer Giro de Italia).

En 1936 su carrera sigue progresando, es la revelación de la Vuelta y primer español firmando la cuarta posición y además realiza un impresionante debut en el Tour, durante cuya disputa estalla la Guerra Civil Española. Berrendero, entonces líder de la Montaña realiza unas declaraciones en defensa del Gobierno Republicano que marcarán su vida deportiva, obligándole a permanecer en el exilio durante los años de guerra y condenándole a un inferno personal en forma de 18 meses en campos de concentración franquistas tras su regreso a España en 1939.

Sólo lo ayuda de un antiguo ciclista, José Llona, en ese momento capitán del ejército, le devuelve la libertar y le permite regresar a los entrenamientos. La contienda española y su posguerra impiden la celebración de la Vuelta entre 1937 y 1940 y posteriormente los años 43 y 44. Julián a su vez no podría disputar el Tour entre 1939 y 1948, en un primer momento consecuencia de la II Guerra Mundial y posteriormente por la censura a los deportistas españoles en las carreteras de fuera de nuestro país.

Con ello Berrendero pierde la oportunidad de marcar una época en la ronda nacional, seguramente estaríamos hablando del recórdman de la carrera, y de seguir sumando triunfos en el Tour, carrera que sólo disputó en condiciones precarias en el inicio y final de su carrera profesional.

Un hombre-Vuelta

Tras su aparición en la última de las Vueltas de Gustaaf Deloor, Berrendero será el principal protagonista de la carrera hispana en la década de los 40, venciendo en la carrera dos veces y consiguiendo dos segundos puestos merced a su gran versatilidad, ya que además de ser el mejor escalador junto a Trueba del panorama nacional, era un gran contrarrelojista y un excelente rodador capaz de batir al sprint a especialistas tales como el gallego Delio Rodríguez.

Su victoria en 1941 frente a Fermín Trueba se forjó precisamente en la CRI Gijón – Oviedo, donde le arrebata el liderato y le distancia lo suficiente para mostrar claro su liderazgo dentro del C.D. Español, escuadra gran dominadora de esta edición que cuenta también en sus filas con Delio (ganador de 12 etapas). La carrera queda bloqueada desde ese momento, ganando el Fermín la Montaña y su amigo Julián la General sin que se produzca una lucha real entre ambos por el liderato en las últimas etapas.

1942 contempla la victoria aplastante de Berrendero, líder de principio a fin tras su arrolladora actuación en la primera etapa camino de Albacete, en un recorrido totalmente llano. Posteriormente sentencia la General en las montañosas etapas con final en Reinosa y en Santander, donde en Asón, Alisas y El Escudo consolida también la general de la Montaña.

El mencionado parón 1943 – 44, durante el cual triunfó por partida doble en el entonces prestigioso Campeonato de España, parece no afectarle merced a como se desarrolla la primera etapa de la Vuelta de 1945, donde desata las hostilidades en el Alto del León, que corona, y vence en la meta de Salamanca. Todos vaticinan otra victoria aplastante, pero en la siguiente etapa una escapada bidón de su compañero Delio Rodríguez obtiene nada más y nada menos que 35 minutos de distancia sobre el pelotón, en una jornada calificada como bochornosa por los periódicos de la época. El recorrido de aquellas Vueltas no era suficientemente selectivo para que un esprínter que se defendía bien en la montaña como Delio se hundiese por sí solo, con lo que Julián, por órdenes de equipo, se limita a luchar por la montaña y el segundo puesto, que arrebata a Jimeno con una magnífica ascensión a Pajares camino de León.

En 1946 surge una nueva estrella en el panorama ciclista peninsular, Dalmacio Langarica, que derrota en la Vuelta con claridad a Berrendero con el que se alía para tirar abajo la ventaja de otra fuga bidón, esta vez protagonizada por Manuel Costa. Julián firma camino de Madrid, en la última etapa, otra bella página en la historia de la Vuelta, al iniciar una cabalgada nada más abandonar Segovia, coronar Navacerrada en solitario y llegar a la capital aclamado por su público con 8 minutos de ventaja sobre un grupo en el que un hundido Jan Lambrichs (Holanda) ha perdido su segundo puesto a manos de nuestro protagonista.

Berrendero ganará todavía una etapa más en la Vuelta, pero ya no pisaría más el pódium (es sexto en 1947), finalizando su periplo por la misma con su retirada a consecuencia de la muerte de su padre en plena carrera en 1948, dándose así carpetazo a la que podríamos denominar “década Berrendero”.

Gloria y miseria en el Tour
Cardona (vencedor de etapa y 4º en 1929), Cañardo (etapa en 1937, 6º en el 36 y 9º en el 34), Trueba (etapa, Rey de la Montaña y 6º en el 37) y Ezquerra (etapa en 1936), son junto a Berrendero, los primeros españoles en dejar su impronta en la Grande Boucle, tras años de anecdóticas participaciones iniciadas por el bilbaíno Vicente Blanco (1910) pasando por el catalán Jaume Janer y el leonés Victorino Otero, primeros en finalizar la prueba en 1924.

Julián debuta en el 36 con la selección española y queda profundamente impresionado con la grandeza de la carrera y como declararía años después, con la comida que se dispensaba a los corredores, hecho que demuestra la inferioridad de condiciones con la que se enfrentaban nuestros corredores, mal alimentados y con peores materiales, a los campeones europeos de la época.

En dura pugna con Ezquerra, muestra de una nula táctica de equipo, lucha por la clasificación de la montaña en los Alpes, coronando colls como Vars o Izoard en primera posición y consolidando su posición en los Pirineos ante el hundimiento de Federico, profundamente afectado por el estallido de la Guerra Civil. Julián se clasifica 11º en la general final, merced actuaciones impensables en el corredor metódico y profesional que sería en los años 40, tales como parar en varias ocasiones con Ezquerra en el alto de los colosos alpinos a tomar una cerveza cuando ambos se hallaban destacados, comerse hasta tres pollos tras la disputa de las etapas o negarse a colaborar con el entonces líder Maes cuando ambos iban escapados y éste le ofreció parte del premio final si le ayudaba.

En 1937, viviendo como exiliado político en Pau, no disputa la clasificación de la montaña debido a su floja actuación en los Alpes, que le relegaría a su vez al 15º puesto en la general final. Sin embargo, en los Pirineos Berrendero realiza la mejor actuación de su carrera, y camino de su ciudad de adopción corona Peyresoude, Aspin y Tourmalet ganando en solitario tras un alarde de fuerza. Su victoria tiene un enorme mérito pues no se trata de una escapada consentida ya que Julián debe escaparse en todas y cada una de las ascensiones de la etapa al ser alcanzado por el grupo, cada vez más mermado, en los descensos y tramos de valle, excepto en el último de todos, el Aubisque, donde tras coronar con Vicini hace alarde de sus dotes de rodador y no sólo deja al italiano, 2º en la general final, sino que llega a Pau con un 1’21” aguantado el empuje de un grupo con los 6 mejores escaladores del Tour (Lapebie, a la postre ganador final, Vicini, Frechaut, Camusso, Maes y Cañardo). La prensa francesa y la española (la del lado republicano), se deshacen en elogios hacia Julián.

Al año siguiente una caída en las primeras etapas le impide brillar (29º en la General) y ya no participa en el Tour del 39 merced a su ya comentado regreso a España.

Su despedida del Tour y del ciclismo profesional no pudo ser más triste e inmerecida. Se retira junto a todo el equipo español, que vuelve por primera vez a la carrera una vez levantado el veto internacional, en la 5ª etapa en tierras normandas. El motivo fue el infame material proporcionado al equipo español, patéticos tubulares que les condenan a continuos pinchazos, así como el hecho de correr por obligados con el equipo nacional, sin remuneración alguna a cambio mientras se disputaba la Vuelta a Portugal, donde tenían acceso a suculentos ingresos fijos con sus respectivos equipos. El Delegado Nacional de Deporte le retira, junto a sus compañeros (un joven Bernardo Ruiz, Emilio Rodríguez o Dalmacio Langarica entre otros) la licencia por un año, después de lo cual no volvió a lucir un dorsal.

Tras ello ejerció unos años como director deportivo y abrió una tienda, Bicicletas Berrendero, todavía regentada por su familia en la capital, disfrutando en los ratos libros de la caza y del ciclismo televisado hasta su fallecimiento.

Como recuerdo de su concepción del ciclismo nos quedamos con sus palabras en una de sus últimas entrevistas, concedida al periódico Mundo Deportivo en 1986, donde reflexionaba sobre la actitud de los escaladores modernos:

“No sé qué ocurre – nosotros hacíamos menores promedios porque las carreteras eran de tierra, con baches y no se podía ir a rueda. Pero cuando llegaba una cuesta nos marchábamos y en paz. Si no en el primer demarraje, en el segundo o en el tercero. Ahora se limitan a subir a tren, a tren.”

Así era el “negro con los ojos azules”, uno de nuestros grandes corredores de todos los tiempos. No nos olvidaremos nunca de ti campeón.

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