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Contador romple la regla del 2

En el Tour de Francia de 2012 se romperá una de esas tradiciones poco publicitadas, tan comunes en el ciclismo profesional, que hasta la fecha resultaban poco menos que verdades incuestionables: aquella que establecía que en un año terminado en 2, siempre existe un patrón claro en el Tour.

Efectivamente, iniciándose tras el fin de la 2ª Guerra Mundial con los duelos de Bartali y Coppi, regularmente en los años finalizados en 2, en el pelotón internacional siempre había un patrón, no solo para el Tour, sino más bien, un hombre faro, una referencia en las grandes rondas por etapas, que plasmaba su dominio en el Tour en ese año. En el año 1952 Fausto Coppi vencía el Tour de Francia tras hacer doblete con el Giro aquel mismo año, y se convertía en el primer corredor en ganar en la mítica cima de Alpe d´Huez, que se estrenaba en dicha edición de la ronda gala. En 1962, las grandes vueltas por etapas eran dominadas por Jacqes Anquetil, que ese año vencía su tercer Tour de Francia. En 1972, Eddy Merckx llevaba a cabo probablemente la que podría ser considerada como mejor temporada de la historia del ciclismo en ruta, venciendo Giro, Tour, San Remo, Lombardía, Lieja, y batiendo el record de la hora.

En 1982, era el turno de Bernard Hinault, que como antes Coppi y Merckx, lograba un doblete autoritario, conquistando su ya cuarto Tour de Francia tras vencer su segundo Giro de Italia. 1992 era el punto de inflexión en la trayectoria de Induráin, que pasaba de ser un ganador del Tour de 1991 que parecía circunstancial y poco sólido, para convertirse en el gran dominador del ciclismo por etapas, haciendo también un doblete Giro-Tour, y cimentando su victoria en Francia, en la mayor exhibición contrareloj de la historia en Luxemburgo. En 2002, Lance Armstrong conseguía su cuarto Tour (paralelismo con Hinault) de forma totalmente tiránica tras tres años precedentes de dominio abrumador.

Con la derrota del año pasado de Contador, y con su posterior sanción, se rompe esa estadística. Una de las leyes más arraigadas del ciclismo se ve quebrantada y sería bueno tratar de analizar las causas de esta situación. Porque Alberto Contador al igual que estos ciclistas, explotó en el “año 7/8” de la década anterior (en su caso 2007), y en el arco de las ocho temporadas élite que suelen cumplir este tipo de dominadores, en el “año 2” de la década posterior, debería de encontrarse en la cúspide de su carrera. ¿Qué es lo que ha ocurrido entonces? ¿En qué momento se produce el desvío? ¿La respuesta podría resultar tan sencilla, como achacar la ruptura de esta tradición, a una supuesta persecución al corredor en materia antidopaje? ¿O hay algo más?

Porque la realidad es que de todos los dominadores anteriores, 4 de los 6, en su momento habían logrado sendos dobletes, que el pinteño fue incapaz de conseguir en 2011, fracasando en el Tour tras numerosos contratiempos. ¿Todo se debe a un caso de excesiva mala fortuna con unas dosis de falta de manejo de la política del deporte? Bien. Para dar respuesta a estas y otras preguntas, y sobre todo, para responder al por qué del enigma del título de este artículo, comencemos entre todos con nuestro análisis desde el principio. Analizamos las posibles causas Alberto Contador pasa por ser el mejor corredor de vueltas por etapas del momento, como lo eran sus predecesores. Es un ciclista completo que se defiende en todos los terrenos y que se siente muy cómodo en una carrera como el Tour, donde puede desplegar al máximo sus cualidades, manifestando en esta carrera mejor que en otras el diferencial atlético que existe entre sus rivales y él. Es ambicioso, metódico y profesional.

También igual que sus predecesores. Pero aquí se acaban las similitudes. La primera circunstancia que llama la atención en el caso de Contador es que a diferencia del resto de grandes dominadores, Alberto no cuenta con una escuadra emblema a la que asociamos su trayectoria. Ni equipo, ni director. En todos los demás casos asociamos al ciclista con un equipo, a lo sumo dos. Contador a estas alturas ha pasado por distintas estructuras (Liberty, Astana, Discovery, otra vez Astana, y Saxo Bank), siendo dirigido sucesivamente por Manolo Saiz, Johan Bruynell, Giuseppe Martinelli y Bjarne Riis. Esto ya es una clara ruptura con el modelo habitual, la fórmula ganadora, en la que el mejor corredor desarrolla su trayectoria en la élite eminentemente en un equipo o como mucho dos.

En efecto, vemos que Fausto Coppi, tras la finalización de la 2ª Guerra Mundial, ficha por Bianchi, que se convierte en su equipo durante prácticamente toda su década como ciclista top. En el caso de Anquetil su esplendor se asocia al binomio de sponsors Helyett / Saint Raphael, al lado de los cuales ganó sus 5 Tours, obviando Bic, el equipo donde desarrolló el otoño e invierno de su trayectoria. Por su parte, aunque bien es cierto cuando se piensa en Merckx siempre se piensa en Molteni, lo cierto es que su paso de corredor top a número uno indiscutible se produce en la transición entre el Peugeot al Faema. Pero aparte de esto, las cifras muestran que amasa tres cuartas partes de su palmarés en el Molteni. Bernard Hinault es un hombre que caminó de la mano de la dupla Gitane/Renault, dejando a un lado La Vie Claire y su canto del cisne particular. Induráin fue un hombre Reynolds / Banesto. Lance Armstrong desarrolla su hegemónica carrera post cáncer, hasta su segunda retirada en el UsPostal, y Discovery, que no dejaba de ser continuador del anterior, no a nivel de sponsor, pero sí a nivel recursos de plantilla.

Como anticipábamos, Contador por el contrario se ve sometido por las circunstancias a un continuo peregrinar que le impide establecer un campo de operaciones, un núcleo de confianza, no de corredores, que siempre lo ha tenido, sino la necesaria comunión entre el director fetiche y el corredor faro por un lado, y por otro una estructura estable, seria y discreta, que sepa proteger al corredor del exterior, y a la vez sepa obtener publicidad positiva de su presencia, garantizando el mejor de los ambientes para los entrenamientos y la competición. A eso hay que sumar el que, a diferencia de todos los casos anteriores, donde su primer Tour se cimentó en una superioridad manifiesta sobre sus rivales, en el caso del español fueron justamente las circunstancias las que le pusieron en bandeja de plata la carrera, tras el ‘caso Rasmussen’. Contador lleva una trayectoria precipitada y la mejor muestra de ello es que su explosión es igual de rutilante que precipitada en el Tour del 2007.

Además, Alberto, parece que quiso o, probablemente sin quererlo se vio avocado a ello, emular a la gran excepción que fue Eddy Merckx en relación a otra regla no escrita del ciclismo: los grandes corredores dominadores de vueltas por etapas, desarrollan su mejor potencial en equipos de casa. De su país de origen o de formación. Desde su salida de Liberty, Contador jamás corre en un equipo español. Merckx, efectivamente siendo belga, desarrolló la mayor parte de su trayectoria en un equipo italiano, aunque su núcleo de confianza fuera belga.

Sin embargo, Coppi, Anquetil, Hinault, Induráin y Armstrong corrieron siempre en equipos de casa a lo largo de toda su trayectoria. La de formación, la estelar, y la del declive. Y en el momento de su explosión sus equipos no eran los más potentes del panorama internacional. Sin embargo. bajo su aura acabaron siendo escuadras referencia. Contador nunca ha dado pie a ello. Al partir de una situación de desarraigo, ya que su mentor fue eliminado tras el escándalo de la Operación Puerto, la máxima del núcleo que dirige los pasos de Contador, es tratar de recalar directamente en el lugar donde supuestamente mejor proyecto técnico presentarán, imponiendo condiciones, corredores, preparadores y exigiendo lo que corresponde económicamente.

Esta fórmula, tan lógica y evidente en el tipo de pruebas que nos ocupan, extrañamente nunca ha funcionado. Los grandes dominadores siempre han funcionado en base a trayectorias largas en el mismo lugar, en un ambiente “casero”, con los mismos directores con los que se desarrollan relaciones poco menos que paterno filiales y, repito, siempre en un marco eminentemente “regionalista”, transmitiendo que más allá de objetivos elevados, en el día a día todo es muy de andar por casa. Existe una implicación con el proyecto de equipo que trasciende mucho más allá de lo meramente profesional. Este tipo de sentimientos, de aspectos, Contador nunca los ha parecido tener en cuenta, porque muy joven se encuentra ante la tesitura de que aquellos que debían haber ejercido de guías se convertían en enemigos públicos declarados, al ser piezas angulares de sonados escándalos. Estamos hablando en este caso evidentemente, de Manolo Saiz, que es el mentor del ciclista de Pinto. Además, históricamente, la presencia del ciclista faro en un conjunto, repercute positivamente en el rendimiento y en los objetivos profesionales personales de muchos de sus compañeros, cosa que no ocurre en la misma medida con Contador. En ciclismo no se puede ser un líder “autista”. Gran parte de tu éxito, se va a deber a cómo tus compañeros logren situarte, protegerte, colocarte, ayudarte, dentro y fuera de carrera…y para eso tienes que generar, potenciar y manifestar sobre y a través de ellos, tu imagen de líder no solo fuerte, sino protector y accesible. Porque una vez más otra pequeña regla no escrita nos advierte que el ciclismo profesional no consiste en ver quien tiene los mejores parámetros físicos. Por eso mismo auténticos freaks de la naturaleza como Jan Ullrich no entran en este debate. La cruda realidad en definitiva habla que de que la llegada de Contador a un conjunto, siempre ha sido sinónimo de una desbandada más o menos rápida de hombres importantes de la escuadra en la que recala.

La rumorología sobre el dopaje no han sido esquivos, sin embargo, a los grandes campeones: desde la bomba de Coppi, pasando por el positivo de Merckx, las relaciones de Hinault con el Doctor Mabuse o el binomio indisociable Padilla-Induráin. Pedro Delgado fue un corredor con una trayectoria en la que jamás se guió más que por sus intereses particulares. Contador carece del carisma de Delgado y, sobre todo, vive una época en la que el camino recorrido por Delgado, que fue abanderado del resurgir del ciclismo en España, ya no es necesario realizar.

Miguel fue un corredor poco español, el reflejo de lo que el español medio siempre quiso ser, quizás provocado, porque cuando en el mundo del deporte España era el país “pupas”, aquel hombre que a pesar de ser un fuera de serie en cuanto a talento, vivía con los pies en la tierra, era humilde, humano y discreto, sin duda representaba el primer campeón total patrio, fuera de ganadores toreros, más cercano el navarro a la perfección de un neurocirujano que a la verónica de Manolete, Ordóñez o Frascuelo. Contador, sin embargo, cuenta con la “desgracia” de vivir una época dorada del deporte español, donde la mayor parte de grandes barreras han sido superadas. España es referencia en deportes colectivos como fútbol, baloncesto, o balonmano, y contamos con grandes individualidades deportivas. Ganamos en motos, brillamos en F1 y tenemos “nuevos Induráins” en otros deportes como Rafael Nadal.

Veremos qué nos depara Contador en el Tour de 2013; pero hay otro dato importante, otra regla no escrita. Aquella que dice que ningún ciclista del club de los 5 en sus años de dominancia, falló más de una edición en el Tour. Él va a perderse un Tour nuevamente en sus años de supuesto dominio como en 2008 y el año pasado perdió estando en liza. Muchos fallos en Francia para alcanzar una invitación al club de los 5. Quizás Contador también pretenda romper esta regla.

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