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De Muur, la leyenda debe continuar

De entre los grandes muros de las Ardenas flamencas emerge De Muur, el muro de la capilla, convertido en icono del ciclismo mundial gracias a su representativo y decisivo paso por el Tour de Flandes durante cuatro largas décadas.

Su empedrado ha sido testigo fiel de algunas de las grandes gestas del ciclismo. Sus rampas han sido jueces de la victoria en el Tour de Flandes y sus cunetas han estado siempre decoradas por banderas flamencas que junto al griterío ensordecedor de los aficionados más leales, los que esperaban año tras año en el collado de la capilla, dibujaban el escenario de las colosales ocasiones: el de la batalla cara a cara entre Fabian Cancellara y Tom Boonen en 2010, el de la cabalgada en solitario de uno de los mayores ídolos locales, Johan Musseuw, o el del feroz ataque de Michele Bartoli en 1996, un año antes de convertirse en “El hombre Redoute”.

Con 110 escasos metros de altitud, y un desnivel acumulado de 93, a través de sus 1075 metros de ascensión al 9,3% de pendiente media y picos máximos de 19,8%, De Muur representa algo más que la ascensión a otro muro flamenco. Es el orgullo de una pequeña ciudad situada al este de Flandes: Geraardsbergen. Es su ventana al mundo a través del ciclismo, y uno de sus principales exponentes turísticos desde que en 1950 el italiano Fiorenzo Magni fuese el primero en coronar la colina en el Tour de Flandes, y comenzase a tejer la leyenda del muro de Grammont (en francés). Icono ciclista por excelencia, adquirió relevancia en la década de 1970 para convertirse, junto a su “hermano pequeño”, el Bosberg, en el punto de referencia donde los más privilegiados de piernas intentaban romper la carrera para llegar en solitario a la meta de Meerbeke.

La ascensión a De Muur van Geraardsbergen comienza a la altura de la iglesia de San Bartolomé, una vez superado el puente sobre el río Dender. Un adoquín ligero que cruza el centro de esta ciudad medieval hasta tomar una curva a derecha y encontrarnos con el Oudeberstraat, donde el adoquín se convierte más violento y la carretera gana mayor inclinación. La carretera zigzagea entre el traqueteo del pavé hasta que, escondido bajo un pequeño bosque de árboles, De Muur alcanza uno de sus puntos más emblemáticos.

Otra curva, esta vez a izquierda y un pequeño descanso que nos deja a las puertas de la Taverne ‘T Hemelrijk, o lo que es lo mismo; el lujo de poder disfrutar de una comida o un aperitivo en plena ascensión al muro de Geraardsbergen con la representativa ermita de Oudenberg frente a nuestros ojos. La última curva, esta vez a derecha, y afrontamos el collado de la capilla que, rodearemos para darnos de bruces con el punto donde se agolpan los más fanáticos aficionados flamencos. Con su aliento, empujan a los ciclistas en los agónicos últimos metros de un Kapelmuur que cuando no se viste de gala (Tour de Flandes, Gante Wevelgem, E3 Harelbeke, etc.), recibe en la intimidad a numerosos aficionados mitómanos al ciclismo y cicloturistas ambiciosos, a quienes les gusta recrear las escenas de los ídolos que han creado un lugar inolvidable en el mundo del ciclismo.

El Eneco Tour lo programará durante los próximos años, una sabia decisión.

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