,

El final de la historia: Bernard Hinault, el campeón total (parte V)

Con el inicio de la temporada 85 se veía una doble vertiente en la Vie Claire. Por un lado Lemond se implicaba en muchas carreras haciendo resultados top, pero sin victorias importantes, mientras Hinault se preparaba a fuego lento para el giro , a donde ambos acudirían. Aunque la gran noticia sin duda era la lesión de rodilla de Fignon que lo dejaría “out” toda la temporada.

En Italia, Hinault se hacía con la corsa rosa por tercera vez en tres participaciones, quizás la más fácil de todas, y Lemond en modo gregario hacía tercero. Un gran bagaje y ahora rumbo al Tour donde sin la oposición de Fignon, y en un Tour poco montañoso, parecía que todo iba a ser un camino de rosas para los de Bernard Tapie.

Y una vez en Francia, todo hacía indicar que el quinto de Hinault iba a llegar, cuando éste se apuntaba la primera contrarreloj larga camino de Estrasburgo y se enfundaba el amarillo. Aún más cuando en los Alpes, camino de Avoriaz, se marchaba desde Morgins con Lucho Herrera, para sentenciar la carrera. Sólo faltaba ver el resto del cajón, con los irlandeses Roche y Kelly, el australiano Anderson, Herrera y Delgado como candidatos.

Sin embargo, un hecho iba a marcar este Tour y quién sabe si el siguiente. En la llegada a Saint Etienne, Hinault sufría una aparatosa caída tras chocar con Anderson, amigo de Lemond, en el sprint de su grupo y se fracturaba la nariz. Ya no volveríamos a ver al mismo Hinault ese Tour. Con la llegada de los Pirineos, se le ponían las cosas más feas aún al bretón, cogía una bronquitis, y en esto llegaba la etapa reina a una cima inédita, Luz Ardiden, en una etapa que llevaría los puertos de Aspin y Tourmalet antes de la subida final.

En el Tourmalet y ante un ataque de Roche, Lemond salía a su rueda, y por detrás Hinault cedía. Por delante Lemond era frenado, engañado y por momentos manipulado. El americano no colaboraba, o mejor dicho, no le dejaban colaborar, y en la subida final, las imágenes de un Lemond quejoso, que veía como varios corredores se unían a él y a Roche al final, no Hinault. La etapa era ganada por Delgado e Hinault cedía poco más de un minuto con el grupo de Lemond, que lloraba de rabia en meta viéndose engañado. Podría haber ganado el Tour ese día. Quería abandonar.

El Tour estaba acabado, a pesar de la victoria de Roche en el Aubisque, y la noticia era que Hinault prometía a Lemond ayudarle a ganar el Tour en 1986, aunque por lo pronto era él el que se iba a unir a los grandes mitos Anquetil y Merckx con cinco Tours.

Posteriormente Lemond e Hinault marchaban a Estados Unidos para disputar la Coors Classic, que se llevaba Lemond, que además era posteriormente segundo en el Mundial tras el veterano Zoetemelk. Pero la pregunta sobre el Tour del 86 estaba en el ambiente, ¿de verdad dejaría ganar el campeón francés a Lemond el Tour?

Hinault se iba a retirar a final de esa temporada, y sólo quería correr el Tour. Cogería la forma poco a poco, sin grandes actuaciones, mientras su compañero acumulaba puestos de honor sin victorias nuevamente y se “ estrellaba” en el Giro, siendo sólo 4º.

La prensa francesa empezaba a meter presión y el mismísimo Anquetil no daba a Lemond entre los favoritos. Se vendía el Tour como un duelo Hinault – Fignon. El parisino, tras la lesión del año anterior, llevaba un año algo irregular, pero no convenía ser descartado.

Además el inicio del Tour era fantástico para los de Guimard, que ganaban el prólogo y la contrarreloj por equipos, dando un serio palo al equipo de Hinault y Lemond. Y la polémica empezaba a atisbarse cuando Lemond se quejaba de que Hinault había ralentizado el ritmo al no poder rodar más fuerte en dicha contrarreloj.

Todo una cortina de humo, en la primera contrarreloj se veía que Fignon no estaba, y que el duelo era entre los compañeros de equipo de la Vie Claire, con el suizo Zimmermann, Millar y Roche como posibles outsiders.

Y con la llegada de los Pirineos asistíamos a la parte más importante del Tour. Roche y Fignon, entre otros, se hundían totalmente e Hinault, junto a su compañero Bernard, atacaba a “traición” en un momento en el que Lemond estaba a cola de grupo, camino de Pau. La etapa la ganaba Delgado e Hinault sacaba más de 4 minutos al americano, en la general casi 5. El Tour era suyo. Al llegar a meta Lemond, casi llegaban a las manos y el americano se descolgaba con unas fuertes declaraciones diciendo que se arrepentía de haber fichado por la Vie Claire.

Pero eso no era todo, y al día siguiente Hinault atacaba en el descenso del Tourmalet pillando por sorpresa a todos, incluido Lemond nuevamente, quedaban más de 80 km a meta y Aspin, Peyresourde y la subida final a Superbagneres por delante. Hinault estaba atacando a lo Merckx, o Coppi, y sin necesidad alguna.

Por detrás un Lemond nervioso veía como la promesa de Hinault se diluía, y la implicación de Millar , Zimmermann o Herrera le salvaba la papeleta. Bueno, eso y que, al final Hinault pillaba una pájara y era cazado al inicio de Superbagneres. Curiosamente Lemond ganaba la etapa con más de 4 minutos sobre Hinault y se colocaba a unos segundos de éste. El Tour estaba abierto.

En las etapas de transición a los Alpes, Hinault volvía a atacar por sorpresa a un americano que no daba crédito a lo que veía. El tejón se aliaba con los Carrera, mientras Lemond pedía ayuda a Millar y a su equipo Panasonic. El Tour estaba tomando tintes circenses.

Y llegaban los Alpes, con una etapa mítica en el Granon, que veía como un Hinault lesionado cedía el amarillo a Lemond e incluso la segunda posición al suizo del Carrera Urs Zimmermann, el día en que Eduardo Chozas ganaba la etapa tras larga fuga. Los rumores de abandono de Hinault eran grandes, pero no sería así.

La siguiente etapa del Tour iba a ser un fiel reflejo de éste inolvidable y mítico Tour. Se llegaba al Alpe d’Huez tras pasar el Galibier y la Croix de Fer. Lemond llevaba el amarillo. ¿Iba Hinault a cumplir su promesa de trabajar para Lemond? Quién sabe, Hinault siempre dijo que lo hizo, pero el caso es que volvió a atacar. En el descenso del Galibier, y aprovechando sus habilidades para el descenso se marchaba, para ser cazado en primera instancia, pero volvía a irse, y Lemond por detrás tenía que comprar al español Cabestany e instar a su compañero Bauer a cazar al francés. Antes de la subida a la Croix de Fer cogían a Hinault. Zimmermann, ya había cedido.

Y a partir de ahí exhibición de los dos hombres de la Vie Claire con ambos entrando cogidos de la mano en el Alpe, y victoria para Hinault en lo que parecía ser el fin de la lucha. Mentira, Hinault se descolgaba con unas declaraciones en que decía que todavía quedaba Tour, y vaya si quedaba. Todavía quedaban la contrarreloj de Saint Etienne y la llegada al volcán, al Puy de Dome.

Lemond estaba totalmente fuera de sí, paranoico ante los fuertes rumores (y quien sabe si reales) de un posible sabotaje a su persona para que Hinault ganar el sexto Tour. El americano se guardaba la bicicleta en su habitación, pedía comida aparte y extremaba las precauciones. En pleno estado de nervios caía en la contrarreloj final, aunque sin consecuencias y se aseguraba la victoria. El Puy de Dome sería un trámite, Hinault ya había claudicado. El francés era segundo en Paris en su último Tour y Zimmermann tercero.

Hinault era preguntado y decía que había cumplido su promesa, y había ayudado a Lemond a ganar el Tour, nadie lo creyó, pero desde luego el inconformismo de Hinault había provocado uno de los Tours más excitantes de la historia.

Un mes después en plena guerra civil entre Lemond e Hinault, Hinault se hacía con la Coors Classic y ese Noviembre decía adiós. Se iba un ganador, una personalidad fuera de lo común, sin duda ese Noviembre de 1986 se marchaba un campeón, el campeón total.

Todavía es su Tour del 85, el último Tour ganado por un ciclista francés.

 PEDRO Gª REDONDO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *