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Entrenamiento: la capacidad de sufrimiento

El ciclista se distingue por una cualidad sobre el resto de deportistas. El ciclista nunca puede dejar de pedalear, guiándose en numerosas ocasiones más por el hambre que por las propias fuerzas. Los pedales nunca van solos y no hay posibilidad de avanzar sin exigir aún más a tu cuerpo. 

Pero, ¿a qué nos podemos agarrar cuando el esfuerzo nos ha llevado ya al límite? La cabeza juega en gran parte de las ocasiones un papel crucial en nuestro rendimiento. Unas buenas piernas sin una buena gestión mental sirven de muy poco. En cambio, una buena administración de las fuerzas nos puede llevar bastante lejos.

La motivación extra cada uno lo puede encontrar adaptado a su contexto vital, a su propia biografía. Desde la situación en la que alguien te menospreció al propio amor por el deporte y la superación. Desde aquel mal momento en el que tanto sufrimos a la propia ambición. Las estrategias mentales para exprimir nuestro cuerpo al máximo son insondables. Cada persona debe ajustarse a lo que le funciona.

Para mejorar esa capacidad de llegar más allá cuando la reserva lleva encendida un tiempo se debe entrenar. Como siempre, es recomendable hacerlo de forma progresiva. Hay que buscar el momento en el que el músculo no dé más de sí, donde las piernas digan basta. En ese punto nos tendremos que forzar psicológica y físicamente para llegar más allá, para subir un escalón que si lo combinamos con el descanso oportuno, nos hará mucho bien para superar esos momentos en los que el pie a tierra es una posibilidad cercana.

Capacidad de sufrimiento no quiere decir obcecación. Hay momentos en los que el organismo está tocado por algún motivo: caída, enfermedad, etc. Si forzamos en esos momentos, es posible que empeoremos problemas ya existentes.

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