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Germán Nieto, la gesta más hermosa

El carismático y simpático integrante del mítico Relax-Fuenlabrada tuvo un gran día de gloria en el que fue centro de atención de todos los medios deportivos. En la Vuelta más internacional y seguida en mucho tiempo, escapó aventurero en una etapa que separaba La Roda de Fuenlabrada, localidad sede de su equipo. Lo que no sabía era que en aquel momento iba a saltar del pelotón para caer en la retina del espectador, para escribir una bonita y modesta página de la historia de la Vuelta. 

Era un día de septiembre, a primeros. Hacía calor en los campos manchegos y la etapa estaba predestinada a dilucidarse en un sprint masivo. Fuenlabrada recibía al pelotón y lo hacía con Jacky Durand como líder, vestido en el maillot entonces oro. En los primeros metros los intentos fueron constantes, pero tras neutralizarse unos intentos con otros -uno que incluía al primer clasificado en la general-, sería Nieto, un corredor calvo y siempre reconocible, el que se convirtiese en protagonista único de aquella larga jornada.

Sólo había un puerto puntuable, ubicado en el último tercio de la prueba, por lo que el terreno que iba a afrontar en solitario era desolador, de largas rectas y amplios horizontes sin referencias a las que agarrarse.

La ventaja acumulada superó con creces los 20 minutos. Era un hombre, sí, y no muy reconocido, pero el hueco era tal que antes que nunca las locomotoras del sprint se pusieron en marcha. Germán hizo un etapón y aguantó el tipo como un titán. Finalmente la ventaja fue disminuyendo, pero durante algunas fases parecía que iba a tener hueco suficiente como para llegar. Hubiese sido muy emotivo, aunque no pudo ser.

Nieto era alcanzado ya a las puertas de la meta. De los más de 220 kilómetros que contenía esa etapa, su escapada finalizó bajo la pancarta de 6 kilómetros a meta. Todo tras soñar con una victoria que le hubiese metido aún más en la historia.

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