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La legendaria deportividad de Jan Ulrich

Corría el Tour de 2003. Calor, Petacchi, Beloki amenazante, Alpe d’Huez, Armstrong y un invitado al que daban por muerto, Jan Ullrich. Lo extenuante de aquel verano fue una de las grandes dificultades de esta edición. Lance Armstrong tenía ante sí el reto de conseguir su quinta victoria consecutiva y partía de París celebrando su centenario. Nadie imaginaba en el prólogo la cantidad de aventuras y sorpresas que esperaban en cada cuneta. 

Los primeros días fueron campo de Fassa Bortolo y el propósito de récord de Ale-Jet de ganar en las tres grandes vueltas. Sin embargo, pronto llegarían las decepciones. Camino de Morzine no habría ningún ataque de la gente de la general y se vería sólo una nueva exhibición del mítico Virenque.

El valiente francés anticiparía una jornada intensa en Alpe d’Huez, donde Armstrong se encontraría fuera de punto y los españoles Beloki y Mayo le pondrían contra las cuerdas. Camino de Gap el norteamericano creería haberse quedado sin enemigos con la caída conocida del ciclista de la ONCE. La cronometrada de Cap Decouvert cambiaría el panorama. Ulrich ganaría por primera vez y pasaría por encima del de UsPostal.

Entonces llegaban los Pirineos con las dudas sobre el líder estadounidense. Plateau de Bonascre fue un polvorín y vista la debilidad del dominador nadie dudaría en ir a por su piel. Ulrich cercó el liderato en la meta, pero no lo consiguió. Se dieron una tregua en la etapa de Loudenvielle, pero todo se iba a jugar en las ascensiones al Tourmalet y a Luz Ardiden.

En el primero de ellos el teutón se la jugaría. Un ritmo made in Ulrich dejaría el grupo hecho un solar tal que Lance tuvo serios problemas para seguirle. En la cima sólo Mayo y Zubeldia se sumarían a la aventura. Al pie del puerto final se reagruparía un tanto la cosa, pero pronto arrancaría la batalla de nuevo.

En cuanto empezaron las hostilidades el ganador de cuatro Tours cayó al suelo gracias a un enganchón con la bolsa de un aficionado. Fue ahí cuando sucedió todo. Armstrong había atacado justo antes del accidente para dejar al alemán de rueda, parecía que sin éxito. El tiempo pasaba y el de Bianchi logró una buena ventaja únicamente por inercia. Cuando supo de su gran rival, paró al grupo de favoritos con el fin de esperarle. No es sólo ganar, hay que ganar con honor, cara a cara.

Después todos sabemos lo que pasó. Armstrong no perdonó a Ulrich y tan pronto pudo, le dejó tirado en la ascensión, sacando una ventaja amplia que le valdría la victoria final. Así perdió el Tour Jan, por deportividad, por honor. Un gesto que pasó además a la historia de la carrera francesa y del ciclismo.

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