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La tragedia de Tom Simpson

El británico se había convertido en el primer maillot arco iris de la historia para su nación, algo que sólo ha logrado Cavendish tras él. Un descubridor de grandes clásicas y tan completo que también fue pionero en el todo poderoso Tour. Sería la carrera que le dio y le quitó. Un escenario legendario hecho aún más notorio por una tragedia de la que fue triste protagonista.

Muchas sombras alrededor del suceso. Las peladas y rocosas laderas del Mont Ventoux fueron testigos de una tragedia tal que hoy día se sigue especulando con ella, sin haberse esclarecido unas causas claras del por qué.

El pionero en el Tour había vestido por primera vez el maillot amarillo en 1962, su segunda participación. Milán-San Remo, Tour de Flandes, Giro de Lombardía… una lista larga de grandes triunfos que se vio truncada por su fallecimiento, el 13 de julio 1967. Nadie en la Grande Boucle podía imaginar un desenlace tal de una de las etapas míticas de la ronda gala, víspera además del 14 de julio, fiesta nacional francesa vestida de luto.

Era una edición dominada por Janssen, que vencería aquella triste etapa. A escasos tres kilómetros de la cima, Simpson comenzó a tambalearse encima de la bicicleta. Tras varios amagos, se desplomó. Su reacción fue la que todo ciclista tiene como reflejo: “¡súbeme a la bicicleta!”. Así, volvió a desplomarse algún centenar de metros más adelante, con la consiguiente consecuencia conocida por todos.

El traslado en helicóptero fue inútil y el británico fallecía. Todos los esfuerzos fueron en vano. Al día siguiente se planteó la posibilidad de suspender la etapa, pero las presiones por ser el día de la fiesta nacional y la importancia que ello tiene en el Tour hizo que se continuara, a condición de que un ciclista británico ganase la etapa. Fue Barry Hoban el afortunado de aquel gesto.

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