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¡Pedro Delgado nos levanta del asiento!

Cuando el Tour de Francia era una carrera que parecía inaccesible para los corredores españoles, con ese miedo a las bestias del llano, a los contrarrelojistas que también marcaban la pauta en la subida. Entonces surgieron una serie de escaladores que fueron impartiendo la receta para combatir el pánico escénico, para plantar a cara a los molinos que tan quijotescamente derrotaban a los españoles. 

Era el año 1983 y debutaba en Francia un segoviano de 23 años que había cosechado muy buenos resultados en el calendario nacional. En aquella edición realizó una excepcional cronoescalada al Puy de Dome. Alcanzó el segundo puesto en la general y resistió en él durante algunas jornadas, lo cual le eliminó ese miedo al Tour. Finalizó 15º en París, un resultado magnífico para un corredor tan joven.

Justo una año después volvería, con una actuación muy buena. Siempre reconoció que aquel Tour lo podría haber hecho mejor de no contar con esa mentalidad con la que salían los corredores españoles. En la etapa de Morzine cayó en el descenso cuando tenía opción de ganar la etapa. Aguantó en buena posición el Joux Plane, eso sí.

Sería en 1985 cuando logró su primer triunfo. Campeón de la Vuelta de un modo heroico que le metió en la historia de cabeza, Pedro y el Reynolds lanzaron gregarios por delante para que en el Tourmalet lanzase un latigazo que le dejase a pie de Luz Ardiden con todas las opciones de llevarse un etapón. En la general final de aquel Tour sería 6º, lejos del podio en tiempo, pero cada vez más cerca.

Ya en 1986 estaba en mejor predisposición para lograrlo, pero el fallecimiento de su madre le obligó a abandonar. En aquel momento era 5º y, aunque el podio iba a estar muy caro con la batalla épica entre Hinault y Lemond, había demostrado progresión para lucharlo.

Se resarciría en 1987, donde fue el más fuerte en montaña, pero la superioridad de un Roche enrachado en la crono, le dejaría a las puertas del ansiado triunfo. Subió al ansiado podio y ya sabía que podía llegar de amarillo a París. Ganó de nuevo una etapa, pero se vestiría de líder en Alpe d’Huez. En la Plagne lanzó un órdago para ganar, pero la reacción soberbia del irlandés en la parte final le hizo llegar muy próximos en la general, con buena posición para el del Carrera italiano.

Sin embargo, ya no fallaría en 1988, donde fue el gran dominador y gracias a una gran regularidad en todos los terrenos, nadie podría hacerle sombra desde Alpe d’Huez, donde volvería a conquistar el amarillo. La afición le recibiría como un héroe. Lo era, había vencido a muchos años de complejos e inseguridades.

Por si fuera poco, en 1989 sería tercero tras el conocido despiste del prólogo. Aquella edición fue el más fuerte, pero el retraso obtenido en esos primeros días le penalizó en demasía.

Sin duda, fue el gran ídolo que impulsó el ciclismo en España. Junto a él, una generación de escaladores valientes y descarados fue haciendo camino a los nuevos jóvenes que comenzaban a despuntar como el después supercampeón Miguel Indurain. El ciclismo español le debe a Pedro más de lo que parece.

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2 Responses
  1. El chulo simpático y genial, personalidad arrolladora, como comentarista también es buenísimo, no hay nadie mas ameno que el, a veces se equivoca o mete la pata como todo el mundo, pero es muy muy entretenido, ha cambiado la forma de retransmitir el ciclismo, ha cambiado a “mi Canlos” y todo lo que pilla por delante, yo creo que no hay dinero que lo pague… jajaja, no, en serio, me encanta Perico.

  2. En 1985 ganó la etapa de Luz Ardiden corriendo en el Orbea, no el Reynolds.
    Tenia como compañero de equipo al mítico Pello Ruiz Cabestany.

    Saludos.

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