Psicología ciclista: auto-instrucciones

Cuando pedaleamos, sea en una salida para soltar piernas, un entrenamiento con series, una marcha cicloturista o una carrera, es inevitable “pensar”. Montones de pensamientos de lo más variado vienen y van por nuestra cabeza, relacionados y no con lo que estamos haciendo en ese momento.

Negativos del tipo “Qué duro es este puerto no voy a poder subirlo” o “esto es insoportable, no valgo para nada después de tanto entrenamiento”, positivos como “Hoy estás hecho una máquina, podemos con todo”, “más deprisa, hoy no hay quien me gane”, a neutros, de razonamiento, o simplemente interferentes que no tienen nada que ver con la bici (pensar en el trabajo, en nuestra relación, qué vamos a hacer por la tarde….).

Estos pensamientos, a veces nos sirven para superar momentos complicados, para seguir adelante cuando creemos que no podemos más, para desviar nuestra atención, pero también provocan que nos vengamos abajo, que desistamos de lo que estamos haciendo, que lo veamos todo negro sin posibilidad alguna.

Que sean negativos o positivos, no significa que sean buenos o malos. A veces un pensamiento positivo, puede hacernos ir por encima de nuestras posibilidades y pagarlo, y uno negativo, estar más alerta y no decaer en nuestro empeño. Del mismo modo, pueden servir para centrar nuestra atención o desviarla por completo, así como aumentar o disminuir nuestro nivel de activación y auto-confianza. Por lo tanto, un pensamiento, en un momento y situación determinadas, pueden suponer cosas muy diferentes, todo o nada. ¿Se pueden controlar este tipo de pensamientos?

A veces, cuando un pensamiento aparece en nuestro cerebro, comienza una espiral que no podemos detener de ningún modo, sean del signo que sean, para bien o para mal. Dependiendo del momento, de la situación que nos rodea y de nuestro estado físico y mental, puede ser más o menos sencillo pararlos y encauzar nuestra atención a lo
que nos interesa. Hay diversas herramientas psicológicas que nos permiten hacer esto perfectamente.

Unas más sencillas y otras menos, unas requieren mucho trabajo y entrenamiento y otras apenas nada. Yo voy a explicaros dos de ellas que son muy sencillitas, fáciles de entender y
aplicar, y que pueden dar muy buen resultado y ser muy poderosas si somos capaces de ponerlas en práctica cuando es necesario. Son la parada de pensamiento y las autoinstrucciones. Son diferentes, pero habitualmente van unidas, ya que una va seguida de la otra.

La primera de ellas, la parada o detención de pensamiento, nos sirve para detener momentáneamente esos pensamientos que sabemos que no son positivos para
nosotros, independientemente de su signo. Se aplica utilizando para ello una palabra que corte de raíz lo que estemos pensando. Ha de ser una palabra significativa, que elijamos nosotros mismos, por ejemplo “stop”, “para”, “se acabó”, “ya está” e incluso palabras que sean neutras u otras que nos recuerden a situaciones parecidas que supimos solventar como “Lagos”, “Murcia” o “naranja”.

Cuando lo hagamos, debemos hacerlo enérgicamente, usando la voz si es necesario, e incluso acompañándola de movimientos con la mano o la cabeza, que incluso puede
ayudarnos un poco si lo que necesitamos es activarnos. De este modo conseguimos parar esos pensamientos que nos pueden perjudicar.

Y cuando hemos logrado parar esos pensamientos, es cuando entra en funcionamiento la segunda de las técnicas que son , que como su propio nombre indica, son instrucciones que
nos damos a nosotros mismos sobre qué tenemos que hacer a partir de ese momento.
Esas instrucciones, han de ser cortas y sencillas, que no impliquen muchas cosas a la vez, y que sean sencillas de cumplir, para poder centrar nuestra atención en lo que debemos hacer.

Una vez hemos recuperado el “control” es el momento de reforzarnos por haber superado
ese mal momento o no habernos pasado de nuestro límite. Es una manera muy efectiva
de coger un poco de confianza en un momento que no es fácil.

Puede parecer en principio algo muy simple, pero cuando se va a 180 ppm, la mente no
funciona igual, y por eso es muy importante saber cómo poder controlar los pensamientos que pueden afectar negativamente nuestro rendimiento. Como casi todo, es esencial entrenar estas técnicas, ya que si tratamos de ponerlas en práctica el día de una marcha o una carrera, casi seguro que no va a funcionarnos e incluso puede que el efecto sea el contrario al deseado. En cualquier entrenamiento se puede poder en práctica, tanto si salimos solos, al hacer series o cuando vayamos con los compañeros del club. Cuando las
dominamos y sabemos que son efectivas, aplicarlas en los momentos más difíciles será mucho más sencillo, y por tanto, será más fácil que podamos lograr nuestros objetivos.

Tened siempre en cuenta, que un pensamiento puede hacernos tener o no éxito en una marcha o carrera. A veces, detalles pequeños como este, son los que marcan la diferencia, entre los que saben afrontar y superar a un mal momento y los que no. Espero que os sea de utilidad. Y quedo a vuestra disposición para cualquier duda, crítica o sugerencia de tema para otro artículo.

Ph: Martín Cerván

SAMUEL ARROYO PsicologíaMTB

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