RECUERDOS DEL AYER: UN VAN DER POEL EN LA LIÈGE BASTOGNE LIÈGE DE 1988

Hace ya 31 años, concretamente un 17 de abril de 1988, el padre del actual ciclista de moda Mathieu Van der Poel, Adrie, partía desde Lieja enfundado en el maillot identificativo de campeón neerlandés. Siete horas más tarde regresaba a la misma ciudad para proclamarse vencedor de la Liège-Bastogne-Liège.

Hoy en Planeta Ciclismo Magazine rememoraremos aquel triunfo de Adrie Van der Poel. Pero no esperen los y las lectoras grandes hazañas épicas. Porque la prensa de la época calificó aquella victoria como una de las más fáciles de las hasta entonces conseguidas por el yerno de Raymond Poulidor. Además, comprobaremos que eso de las tácticas conservadoras y el “puestometreo” vienen ya de muy antiguo.
Aquella LBL se resolvió mediante un sprint entre tres ciclistas: Michel Dernies, Robert Millar y Adrie Van der Poel. Previamente se habían descolgado Yvon Madiot y Fons De Wolf. Era previsible la victoria del neerlandés en ese grupo, al ser sin lugar a dudas el más rápido de los tres. Lo que sorprendió es que ninguno de sus acompañantes en la fuga, conformada a 50 kilómetros de la meta, intentase romper el pronóstico durante todo ese tramo atacando al neerlandés. En esos kilómetros Van der Poel no sufrió ni un solo demarraje que pusiera su probable triunfo en cuestión. Los rivales sabían que iban directos al “matadero” pero poco hicieron por escapar de ello.

Es más; en esos últimos kilómetros, con un terreno accidentado que favorecía los ataques, Robert Millar, tercero en el sprint, tiró del grupo de escapados con total entrega. El segundo clasificado en aquella carrera, el belga Michel Dernies, del equipo Lotto, declaraba al poco de cruzar la línea de meta que durante la escapada ya se sentía como muy satisfecho si conseguía acabar aquella LBL en el pódium…

Al propio Adrie Van der Poel le sorprendió la actitud en carrera de sus contrincantes. Declaraba que se esperaba ataques en la Côte de les Forges, a 28 kilómetros de meta. Pero también entendía normal su actitud de ir en buena armonía a asegurar los puntos UCI.

“Es muy probable que ellos dos pensaran solamente en los puntos para el próximo año. Puntos que les serán de gran importancia, porque ambos corredores quedan en libertad el año que viene. Creo que esa debe ser la razón”.

Incluso, a falta de 10 kilómetros para la meta, el director de PDM, Jan Gisbers, equipo en el que militaba Van der Poel, se acercó al ciclista neerlandés para darle la sorprendente orden de que no colaborara en la escapada. La razón era que su coequipier Steven Rooks se acercaba por detrás y podía conectar con ellos. Van der Poel acató la orden. Para su suerte, Gisbers, sólo 2 kilómetros más tarde, se volvía a acercar a su pupilo (en aquellos tiempos no había pinganillos) para decirle que siguiera colaborando en la fuga ya que Rooks no conseguía empalmar con la cabeza de carrera.

Y es que ni siquiera Van der Poel era el jefe de filas del equipo PDM para aquella clásica: “Antes de la salida Gisbers nos había dicho que Gert Jan Theunisse y Steven Rooks eran los dos corredores protegidos y yo estuve de acuerdo. Porque después de la Paris-Roubaix creía que la temporada de clásicas había terminado para mí. No creía que una LBL estuviera entre mis posibilidades, pero hoy en las últimas cotas he sentido que de un kilómetro a otro se me ponían las cosas bien, que Fons De Wolf e Yvon Madiot se descolgaban y que ni Millar ni Dernies me atacaban, por lo que me fui haciendo a la idea de que esta clásica entraba en mis posibilidades”.

Acerca de cómo había sido su preparación para esa gran clásica, Van der Poel declaraba que durante aquella semana previa “hice un entrenamiento como nunca lo hice antes. Todos los días 200 kilómetros y más, el viernes corrí en Bivikhove y terminé, todo lo contrario que otras estrellas que abandonaron después de 100 kilómetros. Creo que esta ha sido la clave de mi victoria”

Respecto al papel de los españoles en aquella clásica, es destacable que Pedro Delgado tuvo cierto papel protagonista. El segoviano, ya en Reynolds tras su periplo en el equipo PDM durante los años anteriores, realizó un gran trabajo de caza al grupo de fugados durante las últimas cotas, llegando a reducir la diferencia a 35 segundos. Fue de ese trabajo del que se aprovechó su ex coequipier en PDM Steven Rooks para saltar e intentar llegar a cabeza de carrera. Aquella actuación de Perico tendría continuidad en los próximos años con todavía más protagonismo, acompañado incluso de Miguel Induráin.

En el palmarés de la Doyenne ya existe un Van der Poel. No es descartable que ese apellido pueda volver a aparecer, ya en este siglo XXI.

RAÚL ANSÓ ARROBARREN
@ranbarren

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