Rolf Wolfshohl, el ladrón de Vueltas

El equipo Mercier presentó en la salida de Vigo a una de las grandes figuras del ciclismo de aquella época, Raymond Poulidor, que había ganado la edición anterior. Altig, Van Looy y Julio Jiménez eran otros nombres a los que el francés se enfrentaría para intentar revalidad su título. 

Sin embargo, los planes del ‘eterno segundón’ no iban a salir según lo esperado. A todos esos rivales habría que añadir dos: su propia inocencia y un compañero de equipo con el que nadie contaba. De hecho, Rolf Wolfshohl (27/12/1938) sólo incluía en su palmarés la Bicicleta Eibarresa y el campeonato del mundo de ciclocross, con el que se haría en tres ocasiones.

El puerto de Pajares vería el primer final en alto de la historia de la Vuelta. Una cronoescalada de 41 kilómetros que supuso el primer golpe de Pou-Pou. Sin embargo, Van Looy mantendría el maillot de líder. Camino de Palencia ya se auparía al primer puesto el dorsal número 1. Su compañero fue tercero en la meta.

En Sagunto una escapada bidón colocó al de Colonia como líder. Pese a que el alemán afirmaba que era circunstancial, volvería a escaparse en Montjuic junto a Julio Jiménez, que ganaría la etapa. Los planes eran que Raymond ocupara su lugar, pero finalmente llegaría a Bilbao y recibiría en la ciudad vasca todos los honores como ganador de la Vuelta.

Poulidor sería segundo y Van Looy tercero. Rolf no volvería a obtener grandes resultados. Sí, se haría con una etapa en la Vuelta (en la edición de 1965 no ganaría ninguna), en Logroño. Ante el enfrentamiento, pasaría al BIC, dejando al mítico corredor como única cabeza visible de aquel equipo. Se llevaría dos victorias parciales en el Tour de Francia, en Toulouse y Burdeos, y una París-Niza.

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