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Simoni gana una etapa congelada

Gilberto fue el gran dominador del Giro del año 2003. Ni Garzelli, ni un casi extinto Pantani, ni un anterior aspirante como Aitor González, ni siquiera Dario Frigo, pudieron ponerle en aprietos. Era la etapa reina, la que incluía paso por media Fauniera, el puerto que dejó escalofríos en todo el pelotón en 1999, y el Sampeyre, otro coloso de altura.  

El tiempo atmosférico era malo. Lo peor no fue la nevada que se dio cita en las cumbres, sino que la carretera estaba congelada. La subida al Eysisschie (Fauniera) no tuvo tan problema, o al menos no de forma tan acusada. Sin embargo, la subida al Sampeyre sí fue muy peligrosa, así como su descenso fue un reguero de ciclistas luchando por no caer contra el suelo o por la ladera.

En el ascenso lo probó Simoni, con el Giro más que sentenciado. Vestido de rosa, el trentino se lanzó en compañía de Dario Frigo. Aún quedaba mucho terreno para la meta y Garzelli, buen descendedor, pensaría que era mejor opción esperar al descenso para arreglar la situación. Unido, claro, a tener bastantes menos fuerzas que su compatriota.

Fue terrible la bajada, con hielo, rodadas de los coches notables y carretera estrecha. Todos o casi todos los ciclistas tocaron el suelo. Garzelli, de hecho, tiró a Pantani o viceversa, ya que hubo imagen de ambos en las verdes cunetas doliéndose con un metro de diferencia. Fue una etapa dantesca tras la que sólo 100 corredores pudieron seguir en carrera.

El fuera de control fue muy estricto y no hubo compasión. Totalmente injusto debido a que las circunstancias atmosféricas y orográficas dificultaron en demasía aquel día. Otras ocasiones en las que las condiciones han sido bastante más favorables apenas ha habido problema en levantar la mano. Contradicciones del reglamento y la ética.

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